viernes, 22 de julio de 2016

LO QUE LA COPA NOS DEJÓ



Por Nando Vaccaro Talledo – Junio 2016


“Por suerte, todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado cara sucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”.

Eduardo Galeano


     Después de la última final de la Copa América (edición centenaria) se ha hablado de muchas cosas, pero poco o nada de los méritos deportivos de Chile para llegar a la final y obtener el campeonato. Lionel Messi ha sido el foco de atención (pero no precisamente para aplaudirlo), y su nombre el más referido en buscadores de internet y redes sociales. Tres finales con su selección, ningún título obtenido y el penal errado abrumaron al capitán albiceleste que decidió renunciar.
Esta decisión, para algunos precipitada, para otros irresponsable, es lo que generó todo el revuelo mediático y levantó tal polvareda de gallos locos que hasta el presidente Mauricio Macri se pronunció al respecto.
Ahora bien, más allá de lo que se piense sobre el rendimiento de Messi, su renuncia a la selección, si fue o no "justo" el triunfo de Chile, entre otros aspectos de aquella final, hay varios temas de coyuntura social para analizar.

SER LOS PRIMEROS: en la actualidad, en casi todas las esferas de la vida, impera la exigencia no solo de competir sino de ser los primeros, de sobresalir, de incluso utilizar mecanismos de engaño y trampa con tal de ganar, porque está “permitido” valerse de cualquier medio para conseguir los fines y laureles. Y es una creencia que se arraiga en el sistema socioeconómico que impone el orden establecido y que se fermenta con el bombardeo publicitario: la felicidad únicamente se obtiene siendo el mejor, superando al resto. Y este paradigma le fue trasladado a todo el equipo argentino y sobre todo a Messi, a quien pareciera le está prohibido perder, incluso quedar segundo, porque como él representa a un país piensan que su derrota es la de todos. 

TRIUNFOS DEPORTIVOS ATENÚAN CONFLICTOS SOCIALES: cuando Nelson Mandela fue liberado y asumió como presidente de Sudáfrica vio en el deporte la posibilidad de encontrar un respiro al sufrimiento que había generado el apartheid, una tregua a la falta de indulgencia y la posibilidad de estrechar lazos. La idea de él no era campeonar para olvidar los padecimientos y alcanzar la armonía social de la noche a la mañana (vaya utopía) sino que el deporte sirviera para unir al pueblo y concertarlos como nación. Cuanto más avanzaran en el torneo (campeonato mundial de rugby de 1995 realizado en el mismo Sudáfrica) obviamente ayudaría a despojar la tristeza y atraer el entusiasmo, reuniendo a su gente en un abrazo ecuménico. En Argentina, así como en muchos países de Latinoamérica y otros subdesarrollados (moral, cultural y económicamente) el atraso, las injusticias y todos los conflictos sociales tienen a la población viviendo oprimida, insatisfecha; una posibilidad para olvidar, por unos días al menos, la desazón de un ambiente social aciago son los eventos deportivos. El equipo argentino de fútbol, con Messi a la cabeza, sentía la obligación de ganar para "darle una alegría al pueblo", y los medios de comunicación y la propia comunidad argentina se lo hicieron saber a través de las redes sociales.

ACUMULACIÓN DE ESTRÉS: hay personas que asumen como propios los roles y las responsabilidades que deben ser compartidos por un grupo humano, cuando este se prepara para obtener un logro (de alcance colectivo). La mayoría de los jugadores argentinos asistieron a la Copa América Centenario trajinados por las múltiples competencias de sus ligas. Y aunque no pareciera que ello fuese determinante (porque llegaron a la final tras una goleada sobre EE.UU.), sí lo fue el factor emocional-psicológico, que en los jugadores argentinos merece un análisis aparte, pues ya van siete finales sin poder ganar. Y, a mi entender, esto explica por qué un jugador como Messi, que hace goles de 30 metros, al ángulo y con barrera, no convierte un penal que, aparentemente, es más fácil de concretar.

EL FÚTBOL ES UN JUEGO COLECTIVO: los jugadores chilenos, a diferencia de los argentinos, jugaron la final con mayor aplomo y entereza, desarrollando condiciones que ni en sus propios equipos las suelen mostrar. No es que Argentina haya jugado mal, pero no lo hizo según lo esperable y de acuerdo al rendimiento individual que sus jugadores muestran en los clubes (además que pretendieron recargar la iniciativa, las jugadas y soluciones en la habilidad de Messi). Es decir, en el fútbol no se puede hacer la siguiente ecuación: suma de jugadores individualmente brillantes en sus clubes es igual a extraordinario desempeño colectivo en una selección. Para conseguir el alto rendimiento de un seleccionado nacional tiene que haber más que jugadores con condiciones resaltantes, porque prevalece todo un esquema y planteamiento de trabajo que en Chile se evidenció, y que estuvo potenciado porque sus jugadores brillantes sí rindieron a la altura de las expectativas (y los de Argentina no). 

LA DECISIÓN DE MESSI: 
no cabe duda que la tomó con una presión agobiante sobre sus hombros, abatido por no haber logrado el título, que no era tanto para él ni para seguir estirando sus estadísticas siderales sino para “su gente”, y él lo sentía de esa manera (creo que no necesita ganar títulos con su selección para demostrar que es uno de los mejores de la historia y el más destacado de la actualidad, desde hace una década). Es cierto que por una parte pudo haber dado la imagen, sobre todo a los más jóvenes, de que, cuando no se puede alcanzar algún logro, hay que apartarse y renunciar, y quizá esa no sea la mejor referencia. Pero en la cabeza de Lionel imagino que habrá habido los siguientes pensamientos, completando la frase en la que manifestó: “ya está, lo intenté tres veces, y no se pudo”…Y como las personas creen que soy una máquina que gana todo, entonces quedar en segundo puesto no es una posibilidad, sino el peor fracaso que pueda haber… (y pensar que antes de Messi Argentina hacía varios años que no llegaba a la final de ningún campeonato; pero, como hemos visto, uno solo no va a ganar los títulos, aunque ese uno solo haya sido quien posibilitó, en mayor medida, arribar a la final).

QUEDAR SEGUNDO ES LO PEOR: ese es el “encargo” que tenía Messi incluso antes de empezar el campeonato, que él y su equipo debían ganar porque de lo contrario de nada valía su esfuerzo en cada partido, ni los hermosos goles que nos regaló, ni las jugadas que solo él puede hacer. No. Tienes que ganar, Messi, porque si no nunca serás considerado igual o mejor que Maradona, y por lo tanto no te vamos a querer. Yo creo que a Messi poco le importa si algunos piensan que es o no mejor que Maradona; sin embargo, lo que sí le duele es que se haya propagado ese mensaje no tan subliminal de amenaza: ya lo sabes, Lionel, si no lo logras te repudiaremos (si esto lo llevamos a otra realidad, muchos padres y profesores ponen en jaque a sus hijos y alumnos cuando los compararan con otros que han obtenido mejores resultados, y que “debes ser siempre el primero para triunfar en la vida”, les dicen).

AHORA SE DAN CUENTA: probablemente si Messi no hubiera renunciado a la selección, con esas sinceras palabras que brotaron del fondo de su espíritu afligido, las personas lo hubiesen criticado sin piedad como en la anterior final, responsabilizándolo de la “desgracia”. Ahora quienes están dolidos, tristes y preocupados son los hinchas argentinos y todos aquellos que estuvieron a punto de jalar el gatillo de la crítica, pero que callaron cuando se dieron cuenta de que Messi en verdad lo intentó, pero que él solo no puede, y que las piernas no responden cuando se tiene toda la presión de un país encima. Ahora ese país se da cuenta de lo que perdería si Messi ya no vuelve a vestir la 10 albiceleste. Esperemos que, cuando baje la marea, “Lio” regrese a su selección, no solo por el bien de ellos sino de todos los que amamos el fútbol, porque verdaderamente este deporte no es solo un partido en la final de un torneo o levantar un título más; el fútbol (como la vida misma) es cada partido, cada toca y devuelve, cada maniobra, cada tiro libre al ángulo, pases de cuarenta metros al pie y goles por doquier. Porque con Lionel Messi la expectativa de buen fútbol se palpita siempre, antes de cada silbato inicial.

Para finalizar este partido (digo bien, este artículo) viene a colación otra frase del genial Eduardo Galeano: “Los niños no tienen la finalidad de la victoria, quieren apenas divertirse. Por eso, cuando surgen excepciones como Messi (y Neymar) son entonces ellos para mí un verdadero milagro”.