viernes, 6 de febrero de 2026

LA CRISIS POLÍTICA E INSTITUCIONAL EN EL PERÚ: UN EQUILIBRIO PERVERSO (por Nando Vaccaro Talledo)

 

LA CRISIS POLÍTICA E INSTITUCIONAL EN EL PERÚ: UN EQUILIBRIO PERVERSO

Por Nando Vaccaro Talledo – febrero, 2026

Nota del autor:

El presente texto ha sido elaborado como un ensayo de análisis de la realidad nacional con enfoque teórico-interpretativo, en el marco del curso Seminario de problemática educativa nacional (dirigido por el Dr. Héctor Castro) correspondiente al Doctorado en Educación que actualmente curso. Asimismo, se publica en este blog como un aporte al debate público, en coherencia con el espíritu de La palabra brota, espacio dedicado a la reflexión crítica, la interpretación de la realidad peruana y el diálogo entre educación, política y cultura.

 

INTRODUCCIÓN

El Perú atraviesa desde hace décadas una crisis política e institucional persistente, expresada en altos niveles de corrupción, inestabilidad gubernamental, desconfianza ciudadana, baja calidad de los servicios públicos, desigualdad en el acceso a derechos básicos y una conflictividad social recurrente. Estos problemas, ampliamente diagnosticados, afectan tanto al Estado como a su relación con la sociedad y al funcionamiento del sistema político en su conjunto.

Sin embargo, este diagnóstico ya no aporta nada sustantivamente nuevo. El desafío no consiste en enumerar los síntomas del “enfermo crónico”, sino en avanzar hacia una explicación causal y estructural que permita comprender por qué estas dinámicas persisten, incluso cuando existe consenso sobre aquello que no funciona.

Desde esta perspectiva, el problema del Perú no es la corrupción en sí misma, sino la existencia de un equilibrio perverso y disfuncional en el que la corrupción resulta racional para ciertos actores, la informalidad se vuelve adaptativa, la inestabilidad política es funcional al sistema y el fracaso de las políticas públicas no genera consecuencias reales para quienes toman decisiones. En este sentido, el sistema se reproduce porque funciona para los actores con poder, aunque fracase para el desarrollo y el bienestar colectivo.

Este ensayo propone, por tanto, pasar del diagnóstico a una interpretación más profunda, incorporando una lectura estructural, histórica, cultural y simbólica de la crisis política e institucional peruana, a partir del diálogo entre la teoría institucional, autores peruanos y aportes de la filosofía política.



DISCUSIÓN: CRISIS POLÍTICA E INSTITUCIONAL COMO PROBLEMA ESTRUCTURAL

La persistencia de la crisis política e institucional en el Perú no puede explicarse únicamente por fallas normativas o deficiencias técnicas del Estado. Como señalan diversos enfoques institucionalistas, el problema central radica en la brecha entre las reglas formales y las prácticas reales que organizan la vida social y política (North, 1990). En el caso peruano, esta brecha se manifiesta en un Estado que funciona “en el papel”, pero cuya capacidad efectiva de regulación, provisión de servicios y generación de confianza es limitada.

Desde una perspectiva histórica e institucional, autores como Cotler (2005) han descrito al Perú como una sociedad caracterizada por la fragmentación social y la débil articulación entre Estado y ciudadanía, donde las élites han construido instituciones para su beneficio sin integrar plenamente a la población. Esta lectura ayuda a entender por qué la corrupción y la informalidad no son desviaciones del sistema, sino formas normalizadas de funcionamiento dentro de un orden político excluyente.

En la misma línea, Durand (2017) analiza la captura del Estado por intereses económicos, mostrando cómo la relación entre poder político y sector privado ha condicionado la toma de decisiones públicas. Esta captura no solo debilita la capacidad reguladora del Estado, sino que refuerza la percepción ciudadana de que las normas no se aplican de manera equitativa, alimentando la desconfianza institucional y el incumplimiento normativo.

Desde la ciencia política comparada, Acemoglu y Robinson (2012) sostienen que los países que priorizan actividades extractivas tienden a reproducir desigualdad y bajo desarrollo, incluso cuando cuentan con amplios y variados recursos naturales. El caso peruano encaja en esta lógica: la descentralización fiscal, por ejemplo, amplió el acceso a recursos, pero sin fortalecer capacidades institucionales ni mecanismos de control, lo que derivó en baja ejecución del gasto y nuevos espacios de corrupción subnacional.

Por su parte, Fukuyama (2011) subraya que el desarrollo estatal no depende solo de la existencia de leyes, sino de la capacidad del Estado para implementarlas de manera coherente y sostenida. En el Perú, la alta rotación de autoridades y la ausencia de un servicio civil consolidado han generado un Estado sin memoria institucional, donde las políticas públicas —incluidas las educativas— carecen de continuidad y evaluación efectiva.

Este déficit institucional también puede leerse desde una dimensión cultural y simbólica. La afirmación del escritor Gustavo Rodríguez, quien hace poco señaló —en una entrevista sobre su novela Mamita— que “el Perú es una república en el papel y en las leyes, pero psicológicamente seguimos conduciéndonos como una colonia”, dialoga con interpretaciones sociológicas y literarias previas. Autores como Quijano (2000) han planteado la persistencia de la “colonialidad del poder”, entendida como un patrón de dominación que trasciende la independencia formal y se reproduce en las relaciones sociales, políticas y cognitivas. Esta herencia colonial se expresa en prácticas clientelares, jerarquías informales y una débil noción de lo público como bien común.

Desde esta perspectiva, la baja participación ciudadana y la alta conflictividad social no deben interpretarse como apatía o déficit cívico, sino como respuestas racionales y emocionales frente a un Estado percibido como distante, incumplidor y capturado. Como advierte O’Donnell (1993), en contextos de “ciudadanía de baja intensidad”, los derechos existen formalmente, pero no se ejercen plenamente en la práctica, lo que debilita la democracia y la gobernanza.


CORRUPCIÓN HISTÓRICA Y EDUCACIÓN: APORTES DESDE QUIROZ

El análisis histórico de Alfonso Quiroz (2013) resulta clave para comprender la persistencia de estas dinámicas. En Historia de la corrupción en el Perú, el autor sostiene que la corrupción no es un fenómeno coyuntural, sino un rasgo estructural del Estado peruano desde la Colonia, asociado a la debilidad de los mecanismos de control y a la captura recurrente de lo público por intereses privados. Quiroz enfatiza que esta continuidad histórica ha erosionado la legitimidad del Estado y su capacidad para cumplir funciones básicas.

Quiroz también señala que la corrupción ha tenido efectos directos en sectores sociales estratégicos, al desviar recursos, distorsionar prioridades y debilitar la provisión de bienes públicos. En el caso de la educación, esto se traduce en ineficiencia del gasto, proyectos inconclusos y pérdida de confianza ciudadana, lo que refuerza un círculo vicioso de desinversión social, informalidad y bajo compromiso con lo público. Así, la corrupción no solo afecta la administración educativa, sino que contribuye a reproducir desigualdades y limitar el rol transformador de la educación.

 

DIMENSIÓN FILOSÓFICA Y CULTURAL DE LA CRISIS INSTITUCIONAL

La crisis política e institucional del Perú no puede entenderse únicamente desde variables normativas o administrativas; requiere también una lectura filosófica y cultural sobre el sentido del poder, lo público y la ley. Desde la teoría política clásica, Aristóteles advertía que las constituciones se corrompen cuando quienes gobiernan lo hacen en beneficio propio y no en función del bien común (Política, Libro III). Esta idea resulta especialmente pertinente para el caso peruano, donde la corrupción no es solo una suma de actos individuales, sino una degradación estructural del orden político que debilita la legitimidad del Estado y erosiona la confianza ciudadana.

En una línea similar, Maquiavelo señalaba que las repúblicas que no renuevan periódicamente sus instituciones están condenadas a ciclos de corrupción y decadencia (Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Libro I). La inestabilidad política recurrente en el Perú, junto con reformas parciales e inconclusas, refleja esta incapacidad para producir transformaciones institucionales profundas y sostenidas. Como consecuencia, las políticas públicas —incluidas las educativas— carecen de continuidad, evaluación y aprendizaje institucional.

Por su parte, Montesquieu advertía que no basta con que las leyes sean formalmente adecuadas; estas deben guardar coherencia con el “espíritu de la nación” (El espíritu de las leyes, Libro XIX). Esta reflexión dialoga directamente con la paradoja peruana de un Estado normativamente sofisticado, pero débil en la práctica. Las reformas legales fracasan cuando no consideran las prácticas sociales, la cultura política y la historia institucional que condicionan su implementación.

Rousseau, a su vez, alertaba sobre el riesgo de que las leyes se conviertan en instrumentos de dominación cuando no existe virtud cívica ni un sentido compartido de lo público (El contrato social, Libro II). En el contexto peruano, esta ausencia de virtud cívica no debe interpretarse como un defecto moral de la ciudadanía, sino como el resultado de un Estado históricamente excluyente, incumplidor y capturado, que ha erosionado la confianza en las reglas del juego.

Finalmente, Tocqueville recordaba que las instituciones democráticas solo se consolidan cuando existen hábitos, valores y disposiciones culturales que las sostienen (La democracia en América, Vol. I). Esta idea conecta con la afirmación de Gustavo Rodríguez sobre un país que es república en las leyes, pero colonia en sus prácticas y mentalidades. Desde esta perspectiva, la crisis institucional peruana es también educativa, simbólica y cultural, lo que refuerza la necesidad de pensar la educación no solo como un sector afectado por la corrupción, sino como un espacio estratégico para la formación de ciudadanía y la reconstrucción de la confianza en lo público.

En suma, la crisis política e institucional del Perú no es un accidente ni una anomalía, sino el resultado de un orden histórico, cultural e institucional que se reproduce porque beneficia a quienes detentan el poder, mientras limita el desarrollo y la cohesión social. Entonces, si el problema del Perú no es que el sistema no funcione, sino que funciona de manera perversa, ¿qué tipo de reformas serían realmente capaces de romper ese equilibrio y no solo administrarlo?

 


REFERENCIAS

Acemoglu, D., & Robinson, J. A. (2012). Why nations fail: The origins of power, prosperity, and poverty. Crown Business

Aristóteles. (2009). Política (Gredos).

Cotler, J. (2005). Clases, Estado y nación en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos.

Durand, F. (2017). Cuando el poder extractivo captura el Estado. Oxfam / PUCP.

Fukuyama, F. (2011). The origins of political order. Farrar, Straus and Giroux.

Maquiavelo, N. (2011). Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Alianza.

Montesquieu, C. L. (2003). El espíritu de las leyes. Tecnos.

North, D. C. (1990). Institutions, institutional change and economic performance. Cambridge University Press.

O’Donnell, G. (1993). On the state, democratization and some conceptual problems. World Development, 21(8), 1355–1369.

Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. CLACSO.

Quiroz, A. W. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos.

Rodríguez, G. (2026). Entrevista para BBC NEWS MUNDO, a propósito de su novela Mamita: https://www.bbc.com/mundo/articles/c2drzyj86j5o

Rousseau, J.-J. (2007). El contrato social. Alianza.

Tocqueville, A. de. (2010). La democracia en América. Fondo de Cultura Económica.

domingo, 23 de noviembre de 2025

RESEÑA LITERARIA DE ‘EL COLOR DE LA POESÍA JUVENIL LEONCIOPRADINA E IDENTIDAD CULTURAL’, DE CARMELA FRY

 Por Nando Vaccaro T. – noviembre, 2025

Portada del libro.
Al hablar de El color de la poesía juvenil leonciopradina e identidad cultural no sólo debemos enfocarnos en un libro, sino en un gesto. Un gesto pedagógico, cultural y profundamente humano. Carmela Fry Palacios recoge, sistematiza y fundamenta en esta obra una experiencia que, para quienes hemos pasado por el Colegio Militar Leoncio Prado, resulta tan reconocible como entrañable: el intento por encontrar la propia voz en medio de una institución que, por su naturaleza castrense, parece exigir primero disciplina, obediencia, orden, y dejar la sensibilidad en un segundo plano. Pero Carmela Fry demuestra lo contrario: en esas mismas estructuras emerge —a veces a borbotones— la pulsión creativa del joven cadete (como bien lo han señalado ilustres leonciopradinos del ámbito de las letras; verbigracia, Vargas Llosa y Scorza Torres).

DESDE LA MIRADA DE ESCRITOR Y EXCADETE DEL CMLP

Carmela Fry junto a los cadetes del taller.
Como exalumno leonciopradino, lo que más me interpela de este trabajo es la fidelidad con la que retrata el contexto: el internamiento, la omnipresencia del reglamento, la ritualidad castrense, la diversidad social y geográfica de los estudiantes, y ese largo combate silencioso entre la adolescencia —con sus crisis existenciales, sus ganas de romper el mundo— y el orden institucional que intenta moldearla. En ese ambiente, el taller Extramuro Poético aparece como un territorio de respiro: un pequeño “extramuros” dentro del “intramuros”. Un lugar en el que la palabra escrita se vuelve catarsis, identidad; y, al mismo tiempo, acto de resistencia creativa.

Desde un ángulo académico, el libro está organizado como una investigación formal: plantea el problema, expone antecedentes teóricos (desde Mansilla Torres hasta Cassany y Saavedra), describe un enfoque metodológico mixto —con una elaborada lista de cotejo de conductas— y presenta resultados estadísticos claros sobre el desarrollo comunicativo, intelectual y socioemocional de los cadetes participantes. Pero lo verdaderamente vibrante de la obra no es la estructura universitaria sino su trasfondo humano. Fry no solo investiga: acompaña, registra, guía. La autora se coloca del lado de los jóvenes sin renunciar al rigor analítico.

Entrevistada por Patricio Perales.
El libro propone y demuestra que la estrategia de comunicación escrita no es un simple refuerzo escolar, sino un vehículo de identidad cultural. La poesía, los cuentos, las lecturas de autores latinoamericanos, la escritura libre, la declamación: todo se convierte en herramienta para que los cadetes descubran —y afiancen— quiénes son. La teoría del constructivismo cognitivo aparece aquí no como marco abstracto, sino como un modo concreto de acompañar los procesos internos de esos adolescentes en pleno “torbellino piagetiano”.

Como excadete, confieso que la lectura me permite evocar las tardes de retreta, amaneceres fríos, cuarteles que olían a metal y tierra, y conversaciones nocturnas en las cuadras donde más de uno —aunque lo negara— tenía adentro un poeta dormido. Este libro les da nombre. Les da espacio. Les da método. Y les da valor.

El color de la poesía juvenil leonciopradina e identidad cultural es un documento valioso tanto para la comunidad educativa del país como para la familia leonciopradina en general. Para el lector académico ofrece una investigación sólida; para el escritor, una experiencia estética en gestación; y para el excadete, una memoria compartida, un espejo, un recordatorio de que incluso en la formación más rígida florecen la sensibilidad, el arte y la palabra.

jueves, 13 de noviembre de 2025

LENIN HEREDIA NOS MINTIÓ: EL AUTOR DE ´NADA NOS UNE´ SÍ CREE EN LOS VÍNCULOS HUMANOS (por Nando Vaccaro)

 Por Nando Vaccaro Talledo - noviembre, 2025.

«Becky ha muerto». Así empieza la novela más reciente de Lenin Heredia. Una apuesta sorprendente, pues asume el reto de un pacto con el lector: te adelanto desde las primeras líneas lo que va a suceder, pero a cambio me darás la oportunidad de quedarte conmigo página tras página para saber cómo sucedió y por qué. Y yo considero que, en efecto, la apuesta de Lenin ha sido exitosa: es una novela que te mantiene en vilo de principio a fin, con un realismo crudo y descarnado que logra conectar con las fibras más íntimas de cada lector, pues algún pasaje de la historia, alguna característica de un personaje o un pensamiento indebido te tocará en lo más profundo de tu ser.

En la contraportada del libro se nos adelanta que Nada nos une “es una novela acerca de las pérdidas imposibles, los cuerpos vigilados y las heridas que el tiempo no llega a cerrar”. Sin embargo, la ambición novelística del autor ha logrado sacar una radiografía de cuerpo completo a nuestra sociedad actual, maniatada no sólo por la violencia sino también por la irrupción de la tecnología, por ese sometimiento a las pantallas que nos hace perder vitalidad y empatía; y, en el caso de la protagonista, hasta la propia vida.

Nada nos une nos interpela desde el título: vivimos actualmente hiperconectados a través de las redes sociales en nuestros dispositivos tecnológicos, aunque muchas veces no sabemos qué está pasando con nuestra propia familia; ni siquiera miramos a los ojos cuando conversamos personalmente porque nuestras cabezas siempre están ancladas a la pantalla.

Como bien ha escrito Horacio Hidalgo para Círculo de lectores, Nada nos une está narrada desde la perspectiva de tres personajes; y desde estos puntos de vista el narrador omnisciente nos refiere la historia de la adolescente, “a quien el lector solo podrá conocer en la medida en que su recorrido vital, y por lo tanto su muerte, afecte la vida de los que la conocieron”.

En cuanto a su tono y forma narrativa, se evidencia un trabajo de artesanía depurada: oraciones cortas y yuxtapuestas que preparan el clima tenso y trepidante que recorre casi toda la novela. El autor emplea una prosa sobria, precisa y fragmentaria, lo que ya se ha consolidado en una impronta de Lenin, quien ha sabido orquestar una banda sonora narrativa que combina elementos de percusión con acercamientos emotivos al corazón de cada personaje; y como contrabajo, una voz de alejamiento para relatar, con el mayor grado de objetividad, la fatalidad que los desvela.  

Coincido con John Valle, quien, en el blog El hablador, a propósito de Nada nos une, señaló: “el recurso dialógico es una herramienta muy bien aprovechada que contribuye a la presentación de los personajes a través de sus actos cotidianos”. Yo también juzgo que uno de los grandes logros de Lenin, y que seguramente le habrá causado varias noches de insomnio, ha sido la creación de sus personajes, cuidadosamente delineados y caracterizados con una verosimilitud impresionante.

Y a propósito de los personajes, una confidencia grata y evidente para los lectores de Lenin Heredia es que esta novela dialoga con su antecesora Morir en mi ley. En ambas hay una búsqueda por diseccionar la violencia. Los personajes quedan atrapados, subyugados a sus propias decisiones, como si estuvieran atados a la misma piedra de la insensatez. A mi modo de ver, las aproximaciones temáticas entre estas obras no son redundantes ni excluyentes la una de la otra; por el contrario, las dos novelas confluyen hacia la reflexión sobre el dolor y la memoria.

 

LENIN HEREDIA PRESENTÓ NADA NOS UNE  EN SU TIERRA, PIURA 

Para quienes residimos en Piura, ha sido muy grato que el autor regrese a su tierra para presentar su última producción literaria. Gracias al dinamismo de los presentadores, y a la intromisión de este servidor con un par de preguntas tangenciales, hemos logrado profundizar en el análisis de las temáticas que propone la novela. Para Crisanto Pérez, catedrático de la UDEP, Nada nos une deja en evidencia que, con las opciones y fines que puede tener un celular, “a diferencia de lo que usualmente creíamos, ahora la casa ya no es un lugar seguro”. Un escenario similar al que acudimos a través de la serie Adolescencia, cuyas repercusiones analicé hace unos meses: https://lapalabrabrota.blogspot.com/2025/04/repercusiones-de-la-serie-adolescencia.html

Uno de los temas que construye esta novela es el duelo, ese agudo dolor ante la pérdida irreparable de un ser querido; una tormenta por la cual hemos atravesado todas las personas en algún momento, pues la muerte forma parte de la vida, aunque siempre sea difícil hablar de ello. “Por eso”, nos dice el autor, “creo que una de las funciones que tiene la literatura es abordar esos temas que son complejos de hablar”.

Durante la presentación, Lenin no sólo compartió la mesa de honor con Crisanto Pérez, sino también con la docente y escritora Ana Belén Inga, quien propuso la lectura de Nada nos une para los adolescentes y jóvenes. Le pregunté al autor si creía que los padres, docentes y las instituciones educativas considerarían la lectura de su obra, teniendo en cuenta los recelos y prejuicios que existen precisamente de tratar temas tan sensibles, pero, por lo mismo, imprescindibles. Al respecto, el autor indicó que “con una guía de lectura adecuada se puede acompañar al abordaje de esta obra y sus temas”.

En la parte final de la presentación, Lenin nos confesó: “Yo sí creo que todo nos une”, aunque el título de su novela sugiera lo contrario. Para él, las personas sí buscamos unirnos y construir vínculos, muy a pesar de que sea complicado en la actualidad. “El título de la novela es una provocación”, nos reveló. Lo mismo que decir, una invitación seductora a la lectura que se ampara en una estrategia literaria.  

Recuerdo que Facundo Cabral decía: “la vida es el arte del encuentro”, y que estamos (o deberíamos estar) en constante movimiento, que nada es permanente. Lenin parece haber conversado sobre esto con el cantautor argentino; y ya sea por la sensibilidad propia de todo artista o por la curiosidad de su vertiente investigadora, nos comentó que él siempre tiene “la percepción de que están pasando muchas cosas al mismo tiempo, y eso he querido plasmar en todo momento”. Y lo ha logrado: las atmósferas situacionales y los escenarios que pueblan la historia están revestidos por los detalles minuciosos de un arquitecto de la palabra.

En definitiva, con Nada nos une Lenin Heredia nos demuestra el caudal inagotable de su talento creativo, que ahora lo ubica como uno de los referentes de la narrativa peruana; y que el género novelístico, como bien ha referido Juan José Millás, sigue siendo una “forma de resistencia”, una representación del arte que reivindica la memoria y la imaginación.   

 



lunes, 29 de septiembre de 2025

EL ROL SOCIAL DE UN LEONCIOPRADINO (Por Nando Vaccaro Talledo)

 Por Nando Vaccaro Talledo – septiembre 2025

Garbo, porte y caballerosidad son algunos de los atributos que distinguen a un cadete leonciopradino; además, por supuesto, de ser paradigma de disciplina, moralidad y trabajo: valores intrínsecos de nuestra formación.

Si hay algo que la patria hoy nos demanda, es ser coherentes con lo que decimos. Para un hombre que ha tenido el honor de ser parte del Colegio Militar Leoncio Prado, la responsabilidad como ciudadano es aún mayor. Decir que hemos pertenecido a la institución más emblemática del Perú no basta: no hace que las cosas funcionen ni que el respeto se ejerza en las calles.

Debemos usar el uniforme aun sin tenerlo puesto; nuestras acciones son el reflejo de esa llama que sigue encendida en nuestro pecho. Y para avivarla y llenarnos de gloria, nos corresponde ser los abanderados, demostrando nuestro talante altruista. Porque, no lo olvidemos: "se comanda con el ejemplo".

El rol y grado de involucramiento de un excadete en la sociedad actual, desde una perspectiva de identidad institucional, valores formativos y compromiso cívico, es trascendental. En tiempos de incertidumbre y desafíos sociales, los leonciopradinos tenemos la responsabilidad de ser referentes morales y agentes constructivos. La formación recibida nos ha otorgado no solo herramientas para sobresalir individualmente, sino también el deber de contribuir activamente a una sociedad más justa, disciplinada y solidaria.

Emblemático cadete de la II promoción, Duilio Poggi.
Murió por defender el honor de una mujer.

Sin embargo, a veces se pierde la brújula de lo que somos, y se navega sobre aguas turbulentas, en medio de comportamientos turbios y acciones borrascosas. Olvidamos de qué estamos hechos, y muchos suelen degradarse a sí mismos, siendo parte del problema, normalizando la corrupción, y hasta enturbiando las aguas que deberán surcar nuestros sucesores, e incluso nuestros propios hijos.

En la coyuntura que atraviesa el país —en medio de una degradación de valores y donde la impunidad señorea en casi todos los ámbitos—, nuestra sociedad necesita fortalecerse a través de las máximas leonciopradinas: “disciplina, moralidad y trabajo”; pero no para que sean dichas en un desfile o leídas en un texto, sino para vivirlas, enmendar la plana y retomar el timón de un destino que todos nos merecemos.

¡Alto el pensamiento! Sí, siempre. Pero hagámonos dignos del nombre que lleva nuestra institución. Hagámonos dignos de ser ciudadanos peruanos de bien, ejemplos para nuestras familias y estandartes de una nación que nos reclama —hoy más que nunca— actuar con integridad y convicción.

 

 

lunes, 15 de septiembre de 2025

La metamorfosis de Kafka (Por Valeria Rodríguez Vilela)

 Por Valeria Rodríguez Vilela - septiembre 2025


Kafka publicó La metamorfosis cuando vivía en Praga, entonces parte del Imperio austrohúngaro, en 1915, durante la primera guerra mundial, en un escenario de vicisitudes sociales y problemas económicos para la familia del escritor checo, quien, a sus 32 años, tenía dificultades en las relaciones interfamiliares, especialmente con su padre, lo cual motivó en Kafka la escritura de extensas cartas en las que expresaba su rechazo hacia la figura autoritaria y déspota de su progenitor. En el siguiente extracto podemos comprender lo que sentía el joven Franz: “Yo, flaco, débil, enjuto; tú, fuerte, grande, ancho. Ya en la caseta me sentía miserable, y no sólo frente a ti, sino ante el mundo entero, porque tú eras para mí la medida de todas las cosas”.

En esta obra literaria se narra la transformación de Gregorio Samsa, un comerciante de telas encargado de mantener económicamente a su familia. La historia comienza una mañana cuando Gregorio se despierta, “tras un sueño intranquilo”, convertido en un insecto. Su primera reacción es de ansiedad, no tanto por su apariencia y estado actual como por la necesidad de asistir al trabajo, pues debe saldar una deuda con su jefe lo antes posible.

La familia está preocupada porque Gregorio no ha salido de su cuarto para ir al trabajo, como normalmente lo hace. En ese ínterin, llega a la casa un representante de la empresa donde él labora. Desde afuera del cuarto, el visitante trata de persuadir a su empleado para que salga y se reincorpore a sus labores. Gregorio quiere responder que se encuentra bien; sin embargo, por su transformación le resulta imposible darse a entender, porque lo único que emite son sonidos extraños, propios de esa especie.

Horas después, con sus familiares ya angustiados, la visita del principal de la empresa propicia el descubrimiento del gran insecto que se encuentra dentro de cuatro paredes. La reacción de la familia es de rechazo; sus actitudes violentas y denigrantes hacia Gregorio hacen que él crea que es un monstruo. En este punto resulta irónico patentizar cómo aquellos que supuestamente lo aman y respetan por ser el proveedor del hogar, ahora, en un momento de angustia y desesperación, le dan la espalda. Con el pasar de los días el deseo por deshacerse de él aumentan; el dinero escasea y la comida se agota, mientras sus padres y la hermana buscan formas para subsistir sin él.

En esta obra, una de las más influyentes de la literatura universal, el autor explora temas sociales que siguen siendo relevantes hoy en día. El “valor” de un individuo reside en su capacidad de trabajo y generación de ganancias, subyugado a un sistema económico capitalista. La monotonía y el trabajo alienante revelan que Gregorio sólo vivía para trabajar, atrapado en una rutina sin satisfacción personal, y es deshumanizado al convertirse en un insecto y perder el rol de productividad que la sociedad le exige. 

Kafka utiliza la metamorfosis de Gregorio como una alegoría de la alienación y la pérdida de identidad. Samsa no tiene amigos ni pareja, y su falta de autoestima deviene en una enajenación total de las relaciones humanas. Gregorio acepta su transformación sin preguntarse por qué ocurrió, o cuál es el sentido de ese suceso. A medida que avanza el relato, el sentimiento de culpa y la frustración lo conducen a su propia autodestrucción. En consonancia con esto, la estructura sencilla de la novela contrasta con la complejidad emocional que experimenta el personaje central, un punto clave en la obra que a los lectores nos lleva a recapacitar sobre la búsqueda de sentido de pertenencia en un mundo indiferente.

Este clásico de la literatura universal también nos permite reflexionar sobre la denominada cultura de descarte y su incidencia en la salud mental. Esta “cultura” se evidencia en el rechazo que sufre Gregorio, puesto que, al no cumplir con los requisitos que impone la sociedad, el individuo es sistemáticamente descartado y marginado. El mismo Kafka padecía de depresión y tenía dificultades en sus relaciones interpersonales, lo que propiciaba en él la pérdida de interés para relacionarse socialmente; y estos “demonios” del autor fueron plasmadas en los personajes de sus relatos.  

La trascendencia de su obra es de tal magnitud, que Franz Kafka se encuentra en el olimpo de escritores cuyo apellido ha dado origen a un nuevo término en todos los grandes idiomas. Decir que algo es “kafkiano” se entiende como sinónimo de lo absurdo y angustiante, de atravesar una situación opresiva y hasta irracional, como las que describía Kafka en sus creaciones literarias. Hoy más que nunca la obra de este autor universal cobra relevancia para entender el mundo en el que coexistimos, alienados por la intrusión de las redes sociales, la burocracia agobiante en el Estado, la preponderancia de la apariencia por encima de los valores y la gran fragilidad en los vínculos familiares.

 


miércoles, 3 de septiembre de 2025

¿ES LA LITERATURA UN FRENTE DE RESISTENCIA? (Por Nando Vaccaro T.)

                                

Por Nando Vaccaro Talledo – septiembre 2025


Todo dependerá de qué entendemos por literatura, qué leemos, cómo interpretamos lo que leemos y en qué momento de nuestras vidas nos encontramos. Para un estudiante de inicial y primaria, la literatura son cuentos de fantasía que tienen, casi siempre, una enseñanza o moraleja; para los de secundaria, pueden ser textos tediosos y forzados como señuelo para encontrarle las claves a la gramática. Y en la vida adulta obedecerá a la carrera que se siga y la cercanía que hemos tenido con los libros. Recordemos también que, a lo largo de la historia, la literatura, y en particular algunos libros, ha sido censurada por diversos regímenes que buscaban evitar el acceso de los ciudadanos a ideas que pudieran hacerlos “despertar” de la realidad opresora en que vivían.

En la actualidad, mientras que para el filósofo Byung-Chul no es posible ninguna revolución por el escaso tiempo que nos queda para elucubrar pensamientos, para el escritor brasileño Julián Fuks “la literatura es la resistencia frente a un mundo que no nos deja pensar”, donde abunda la información (y la desinformación), las trampas hipnóticas de las redes sociales y el sometimiento (consciente o no) a las influencias externas. Ahora ya no son las dictaduras o los regímenes totalitarios los que impiden el acceso a la literatura y la información, sino la falta de tiempo.

Fuks señala, y con mucho sentido, que nuestra sociedad está empachada de información, y esa sobreabundancia de ideas, más allá de que sean verdaderas e interesantes, impide que forjemos pensamientos, pues estos necesitan “del vacío, de un silencio entre una idea y otra”.  Precisamente La resistencia es el nombre de la novela de Fuks que narra las vicisitudes de una familia argentina que emigra hacia Brasil huyendo de la dictadura y la represión. La novela es una aleación del drama propio de las relaciones familiares en un periodo histórico donde la falta de seguridad y el temor constante son el pan de cada día. 

En un artículo que analiza esta novela, Eurídice Figueiredo precisa que se trata de una literatura de resistencia no sólo por la temática que aborda (sufrimiento humano en centros de tortura o campos de exterminio) sino por sus características de forma: “la ausencia de linealidad, la tensión entre lo real y lo ficticio, la investigación, el uso de hipótesis, plausibles o inverosímiles, y la preocupación por el tema social”. En palabras de Viart, este tipo de literatura constituye una “escritura de la restitución" que no acepta las ideas listas ni las verdades preestablecidas. En una entrevista que le realizó Valeria Tentoni, a propósito de esta premiada obra y su llegada a la feria del libro de Buenos Aires, Fuks revela que “la idea es que se construya una noción polisémica de la palabra resistencia y de algunas otras a lo largo del libro”.  

En otro espacio de diálogo sobre literatura, Fuks expuso que no le interesa la función que pueda tener en lo distractivo, sino su abordaje más bien reflexivo. Y para ello es imprescindible que la literatura “hable sobre los sentimientos contemporáneos”. Algunos escritores se pierden en este camino porque su narcisismo no les permite separar la ficción de la autobiografía, y no siempre nuestras vidas serán interesantes o permitirán que los lectores se vean reflejados. Por eso Fuks, con un criterio pertinente, resalta la necesidad de dar importancia a los personajes. Una historia puede ser atrapante, pero, para generar reflexión y empatía en el lector, debe tener personajes que estén descritos en todos sus detalles, en lo que se ve y no se ve.

Esto último es evidentemente un punto a favor de la posibilidad revolucionaria de la literatura, en cuanto a impulsar la reflexión y la creación de pensamientos propios, a diferencia de lo que se encuentra en redes sociales, donde sólo se muestra un lado del ser humano y el resto se esconde. “La literatura tiene la función de exponer el lado que nadie ve”, destaca Fuks.

En esa línea, también debemos evocar el ensayo La resistencia del genial Ernesto Sábato, una obra que quizás haya sido la aproximación más existencialista del autor en su afán por encarar temas que nos increpa la sociedad moderna, como el individualismo o la pérdida de los valores espirituales, y la posibilidad de encontrar respuestas para alcanzar una vida más humana, aunque estemos atravesando soledades perturbadoras pues no tenemos una verdadera comunicación afectiva con los demás. 

Ante la interrogante de si la literatura sigue siendo un arma de resistencia, o si simplemente responde a criterios estéticos vinculados a lo que la sociedad demanda como lectura, David Fueyo nos invita a desentrañar la naturaleza de la literatura en la sociedad contemporánea, que es compleja e inabarcable. Y para ello hay que ser realistas: en los tiempos que corren, muchas ediciones de obras literarias se realizan priorizando los intereses comerciales, y ser escritor no resulta en sí una profesión o un oficio porque muy pocos pueden vivir de lo que escriben y publican, con lo cual el “amor al arte” se va extinguiendo. Asimismo, los algoritmos de las redes sociales se encargan de sugerir lecturas en función de lo que consume cada persona, y esto potencia la aparición de las llamadas “burbujas literarias”, con una oferta de libros ajena a la producción de “obras más disruptivas, que serían necesarias para ejercer una verdadera resistencia”. Incluso las tertulias y los espacios literarios, otrora de convocatoria masiva, ahora se ven reducidos a grupúsculos de bibliófilos, mientras reinan los llamados “creadores de contenido”, aunque estén carentes de ideas.

Sin embargo, no podemos hablar en términos absolutos. Hay autores que, con una estética refinada, han abordado temas sensibles y profundos, como la bielorrusa Svetlana Aleksiévich o el nigeriano Wole Soyinka, ambos galardonados con el premio Nóbel de literatura. Pero no menos cierto es que, salvo para los lectores decididos que hurguen entre los demasiados libros publicados, las cadenas de librerías comerciales imponen en sus escaparates publicaciones que se ofrecen más por su apariencia que por el contenido.

Y a todo esto, ¿dónde queda el rol del escritor, en este mar revuelto de ideas superficiales y verdades inconclusas? Pues debería ser el mismo de siempre: escribir con convicción, desde su propia honestidad en cuanto a la estética literaria y su visión de aportar a la revolución del mundo, que no es otra cosa, como diría García Márquez, que estar convencido del gran poder que tienen las palabras para transformar vidas.



lunes, 4 de agosto de 2025

PUGA, GANADOR DEL PREMIO ALTAZOR 2025 SE PRESENTÓ EN LA FIL (Por Nando Vaccaro Talledo)

 Por Nando Vaccaro Talledo – agosto, 2025


El que la sigue, la consigue. Antonio Zeta, merecedor del prestigioso premio internacional Altazor de novela infantil 2025, con su obra Puga, un felino entre las nubes, se presentó ayer en el marco de la Feria Internacional del Libro de Lima. Una vez más, Antonio Zeta se convierte en abanderado de los literatos piuranos. 

En cuanto a esta obra, si bien “está escrita” para niños, también los adultos la podemos leer con una mirada de niñez. A este respecto, el docente y escritor español Crisanto Pérez ha enfatizado que una obra destinada al público infantil no debe ser considerada una literatura menor; por el contrario, existen muchos clásicos que son leídos por toda la familia, como las obras de Julio Verne o Roald Dahl, y ahora también Antonio Zeta vuelve a registrar su pluma en este género para el deleite familiar.

El relato tiene cinco capítulos o bloques, y cada uno con la seña de un subtítulo que orienta al lector en lo que será la temática principal de ese segmento. La historia, narrada en primera persona por Puga, el protagonista, y que cuyo nombre da título a la obra, se desarrolla con tintes épicos a través de la mirada de un niño que tiende a engrandecer todo lo que observa; aunque es cierto también que esa visión se sustenta en que cada integrante de la familia de Puga, y él mismo, está dotado de un poder sobrehumano.

El narrador va dosificando la información, y cuenta lo necesario e imprescindible para mantener al lector expectante. Es evidente el manejo adecuado de la elipsis y otras figuras retóricas, propias de un escritor que ha logrado depurar su voz narrativa. La metamorfosis de Puga no sucede de manera abrupta, sino que se hace evidente, y necesaria, desde el principio de la novela, que nos ha invitado a soñar con una utopía donde seres humanos y animales pueden convivir en un paraíso terrenal cercano al cielo (con una locación que está cerca de nosotros, en la sierra piurana) hasta que sucede lo inevitable: el avance de la civilización irrumpe en esa armonía con la naturaleza. A cambio de ese equilibrio, se ofrecen los elementos propios del “progreso”, aunque ello signifique un distanciamiento del hábitat natural. En ese sentido, Puga también se puede leer como una alegoría de la conquista.

Fabián Bruno ha detectado la gran influencia del animé japonés, particularmente de la inmortal serie Dragon Ball. Y en cuanto al séptimo arte, el poeta paiteño ha rastreado la conexión que tiene la obra de Antonio con la película Rambo, primera sangre.

En esta novela Zeta recurre a una de sus pasiones: el fútbol. Si bien en esta historia no es uno de los temas principales, como había sido en Tabas, la magia de este deporte permite condensar momentos emotivos. El autor también rinde homenaje a sus amistades de carne y hueso, bautizando a los personajes con nombres de sus amigos.

Aunque su experiencia como docente de primaria ha nutrido la imaginación de Antonio Zeta para recrear universos literarios diseñados especialmente para lectores infantiles (pero también para toda la familia), el autor se autodefine como escritor del género fantástico, revalidado recientemente con la publicación de El latido de las vísceras. En Puga los elementos fantásticos son la esencia de la novela, cuyo sustrato son los mitos y leyendas piuranas.

De momento, Zeta ha aclarado que Puga no es el inicio de una saga. Sin embargo, después del éxito editorial, el autor no descarta una posible secuela (o precuela), la cual, por supuesto, sus lectores esperemos con mucha expectación.