Nota del autor
Este ensayo nace en el marco del
curso Seminario de Problemática Educativa del Doctorado en Educación que
actualmente realizo. Sin embargo, su origen es más personal que curricular.
Desde hace años me acompaña una inquietud constante: ¿qué significa realmente
educar en una sociedad democrática? ¿Es la pedagogía solo una técnica o es,
ante todo, una reflexión sobre el sentido de formar seres humanos?
El siguiente texto busca responder
a esas preguntas desde un diálogo entre pedagogía, filosofía y literatura. Aquí
intento sostener que la educación no puede reducirse a métodos ni a resultados
medibles; es, sobre todo, una tarea ética y cultural que implica formar
libertad, sensibilidad y pensamiento crítico. Este ensayo constituye la base
teórica del siguiente trabajo, en el que esa reflexión se aplica al caso
concreto de la educación peruana.
Nando Vaccaro Talledo – febrero, 2026.
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA:
EDUCAR COMO PROBLEMA NORMATIVO Y POLÍTICO
Este trabajo adopta un enfoque
ensayístico-analítico de carácter hermenéutico y reflexivo. No se trata de una
investigación empírica, sino de un análisis conceptual que articula teoría
pedagógica, filosofía política y reflexión literaria para examinar el sentido
contemporáneo de la educación.
La hipótesis que planteo sostiene
que toda pedagogía implica una filosofía implícita y, por tanto, una opción
ética y política. La educación nunca es neutral. Como afirma Savater (2008),
educar es el proceso mediante el cual una sociedad transmite deliberadamente
aquello que considera valioso. Esa transmisión expresa una decisión normativa:
qué tipo de persona y qué tipo de convivencia se desea promover.
En un mundo dominado por
métricas, rankings y estándares, la pregunta por el sentido de educar parece
incómoda. Sin embargo, es la pregunta decisiva.
¿PARA QUÉ EDUCAMOS? LA
DIMENSIÓN FILOSÓFICA DE LA PEDAGOGÍA
Dewey (2004) sostuvo que la
educación no es preparación para la vida, sino vida misma. Arendt (1996) añadió
que educar implica asumir responsabilidad por el mundo frente a quienes llegan
a él. Ambas perspectivas subrayan que la escuela no es un espacio aislado, sino
un laboratorio de convivencia democrática.
Fernando Savater profundiza esta
dimensión normativa. En Ética para Amador sostiene que los seres humanos
no estamos programados para vivir, sino obligados a elegir cómo hacerlo
(Savater, 1997). Esa capacidad de elección es el núcleo de la libertad. Educar,
entonces, no es programar conductas, sino formar criterios.
En Política para Amador,
Savater (1998) insiste en que vivir en sociedad implica aprender a convivir con
quienes no son como nosotros. La educación debe preparar para esa pluralidad.
En El valor de educar (Savater, 2008), afirma que el objetivo principal
de la enseñanza es formar ciudadanos, no meros especialistas. Y en La
aventura de pensar (Savater, 2013) recuerda que la filosofía no ofrece
respuestas definitivas, pero enseña a no conformarse con falsedades.
Estas ideas revelan que la
pedagogía no puede reducirse a metodología. Cada teoría educativa presupone una
antropología y una perspectiva sociológica: una visión del sujeto y de su
capacidad de libertad.
TEORÍAS DEL APRENDIZAJE: ENTRE
EFICACIA Y EMANCIPACIÓN
El conductismo, representado por
Skinner (1981), privilegia el control del entorno y la modificación observable
de conductas. El constructivismo, desarrollado por Piaget (1978) y ampliado por
Vygotsky (2009), enfatiza la construcción activa y social del conocimiento.
Ausubel (2002) introduce la noción de aprendizaje significativo, subrayando la
importancia de los saberes previos. Gardner (1995) cuestiona la visión
unidimensional de la inteligencia. Siemens (2004) propone el conectivismo como
respuesta a la era digital.
Cada teoría aporta herramientas
valiosas. El problema surge cuando la teoría sustituye la reflexión ética.
Freire (2005) advierte que la educación puede convertirse en “bancaria” cuando
el docente deposita contenidos en estudiantes considerados recipientes pasivos.
En ese modelo, el saber se transforma en poder unilateral y el aprendizaje en
repetición.
Pero la crítica freireana no es
solo metodológica, sino política. “Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí
mismo, los hombres se educan entre sí mediatizados por el mundo” (Freire, 2005,
p. 80). Educar es un acto dialógico. Cuando la palabra del estudiante es
silenciada, la escuela reproduce jerarquías sociales; cuando se promueve el
diálogo, se inaugura posibilidad de transformación.
En la era digital, el acceso
masivo a la información no garantiza el pensamiento crítico. Savater (2013)
recuerda que pensar no es acumular datos, sino saber relacionarlos con
criterio. La pregunta fundamental no es solo cómo aprenden los estudiantes,
sino para qué aprenden.
LITERATURA Y FORMACIÓN DE LA
SENSIBILIDAD
Mario Vargas Llosa ha dicho que
“lo mejor que me pasó en la vida fue aprender a leer”. En esa frase se condensa
una pedagogía entera: la lectura no es destreza técnica, sino apertura del
mundo. En Elogio de la educación, Vargas Llosa (2009) defiende la
formación humanista como garantía de libertad democrática. La literatura
permite vivir otras vidas, comprender perspectivas distintas, ensayar
decisiones morales sin destruir la realidad.
Murdoch (1997) sostiene que la
literatura educa la “atención justa”: la capacidad de mirar al otro sin
simplificarlo. Adichie (2018) advierte sobre el peligro de la historia única,
subrayando la importancia de la pluralidad de narrativas.
La literatura no impone
respuestas; cultiva preguntas. En sociedades atravesadas por desigualdad o
violencia histórica, cumple además una función ética y memorial. Frente a la
fragmentación digital, la lectura profunda se convierte en ejercicio de resistencia
intelectual; además, cumple una función ética que no podemos negociar: preserva
la memoria y humaniza las cifras.
EDUCACIÓN Y DEMOCRACIA EN EL
SIGLO XXI
Nussbaum (2012) advierte que una
educación orientada exclusivamente al crecimiento económico debilita la
democracia. Freire (2005) complementa esta idea al señalar que la educación sin
conciencia crítica perpetúa estructuras de opresión. Para Freire, aprender a
leer el mundo precede a leer la palabra. La alfabetización es toma de
conciencia. La libertad sin comprensión de las condiciones sociales es frágil.
Savater (2008) insiste en que
educar es enseñar a elegir responsablemente. Freire añadiría que esa elección
solo es auténtica cuando el sujeto comprende el contexto histórico y político
que lo condiciona. La escuela no puede resolver todos los problemas sociales,
pero puede formar sujetos capaces de enfrentarlos con juicio y responsabilidad.
LA EDUCACIÓN PERUANA:
DIAGNÓSTICO PRELIMINAR
El sistema educativo peruano
enfrenta desafíos estructurales significativos: desigualdad territorial,
brechas digitales, limitaciones en infraestructura, debilidades en comprensión
lectora y desvalorización docente. Sin embargo, el problema no es únicamente
material. Existe una pregunta más profunda: ¿para qué se educa en el Perú?: ¿para
formar ciudadanos críticos?; ¿para aprobar exámenes estandarizados?; ¿para
ingresar a la universidad?; ¿para obtener empleo?
Con frecuencia, la educación
secundaria se convierte en preparación para el examen de admisión. La
memorización sustituye la reflexión. El éxito se mide por ingreso
universitario, no por formación ética.
Freire (2005) advertía que la
educación puede domesticar o liberar. Savater (1997) recuerda que enseñar no es
adiestrar, sino ayudar a pensar. Si la educación se reduce a estrategia de
ascenso social o a mecanismo competitivo, pierde su dimensión democrática. En
un país pluricultural y multilingüe, la pedagogía debe reconocer la diversidad
como riqueza. Pero esa intención requiere coherencia entre discurso normativo y
práctica real.
CONCLUSIÓN: EDUCAR ES APOSTAR
POR LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD
La articulación entre pedagogía,
filosofía y literatura revela que educar no es solo transmitir contenidos; es
intervenir en el futuro.
Savater (2013) afirma que la
filosofía nos enseña a no conformarnos con mentiras. Freire (2005) recordaría
que la educación debe impedir que nos acostumbremos a la injusticia. Ambas
ideas convergen en un mismo horizonte: la humanización.
Si la escuela forma personas
capaces de pensar, imaginar y convivir críticamente, habrá cumplido su misión.
Si solo produce ejecutores eficientes, habrá renunciado a su tarea más
profunda. La educación es, en última instancia, una apuesta por la libertad,
pero también por la dignidad.
Referencias
Adichie, C. N. (2018). El
peligro de la historia única. Literatura Random House.
Arendt, H. (1996). Entre el pasado y
el futuro. Península.
Ausubel, D. P. (2002). Adquisición
y retención del conocimiento. Paidós.
Dewey, J. (2004). Experiencia
y educación. Biblioteca Nueva.
Freire, P. (2005). Pedagogía
del oprimido. Siglo XXI.
Gardner, H. (1995). Estructuras
de la mente. Fondo de Cultura Económica.
Murdoch, I. (1997). La
soberanía del bien. Caparrós.
Nussbaum, M. C. (2012). Sin
fines de lucro. Katz.
Piaget, J. (1978). Psicología
y pedagogía. Ariel.
Savater, F. (1997). Ética para
Amador. Ariel.
Savater, F. (1998). Política
para Amador. Ariel.
Savater, F. (2008). El valor
de educar. Ariel.
Savater, F. (2013). La aventura de pensar. Ariel.
Siemens, G. (2004). Conectivismo:
Una teoría de aprendizaje para la era digital.
Skinner, B. F. (1981). Ciencia
y conducta humana. Fontanella.
Vargas Llosa, M. (2009). Elogio
de la educación. Taurus.
Vygotsky, L. S. (2009). El
desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica.






















