LA CRISIS POLÍTICA E
INSTITUCIONAL EN EL PERÚ: UN EQUILIBRIO PERVERSO
Por Nando Vaccaro Talledo –
febrero, 2026
Nota del autor:
El presente texto ha sido
elaborado como un ensayo de análisis de la realidad nacional con enfoque
teórico-interpretativo, en el marco del curso Seminario de problemática educativa
nacional (dirigido por el Dr. Héctor Castro) correspondiente al Doctorado
en Educación que actualmente curso. Asimismo, se publica en este blog como un
aporte al debate público, en coherencia con el espíritu de La palabra
brota, espacio dedicado a la reflexión crítica, la interpretación de la
realidad peruana y el diálogo entre educación, política y cultura.
INTRODUCCIÓN
Sin embargo, este diagnóstico ya
no aporta nada sustantivamente nuevo. El desafío no consiste en enumerar los
síntomas del “enfermo crónico”, sino en avanzar hacia una explicación causal y
estructural que permita comprender por qué estas dinámicas persisten, incluso
cuando existe consenso sobre aquello que no funciona.
Desde esta perspectiva, el
problema del Perú no es la corrupción en sí misma, sino la existencia de un
equilibrio perverso y disfuncional en el que la corrupción resulta racional
para ciertos actores, la informalidad se vuelve adaptativa, la inestabilidad
política es funcional al sistema y el fracaso de las políticas públicas no
genera consecuencias reales para quienes toman decisiones. En este sentido, el
sistema se reproduce porque funciona para los actores con poder, aunque fracase
para el desarrollo y el bienestar colectivo.
Este ensayo propone, por tanto,
pasar del diagnóstico a una interpretación más profunda, incorporando una
lectura estructural, histórica, cultural y simbólica de la crisis política e
institucional peruana, a partir del diálogo entre la teoría institucional,
autores peruanos y aportes de la filosofía política.
DISCUSIÓN: CRISIS POLÍTICA E INSTITUCIONAL COMO PROBLEMA ESTRUCTURAL
![]() |
Desde una perspectiva histórica e
institucional, autores como Cotler (2005) han descrito al Perú como una
sociedad caracterizada por la fragmentación social y la débil articulación
entre Estado y ciudadanía, donde las élites han construido instituciones para
su beneficio sin integrar plenamente a la población. Esta lectura ayuda a
entender por qué la corrupción y la informalidad no son desviaciones del
sistema, sino formas normalizadas de funcionamiento dentro de un orden político
excluyente.
En la misma línea, Durand (2017) analiza la captura del Estado por intereses económicos, mostrando cómo la relación entre poder político y sector privado ha condicionado la toma de decisiones públicas. Esta captura no solo debilita la capacidad reguladora del Estado, sino que refuerza la percepción ciudadana de que las normas no se aplican de manera equitativa, alimentando la desconfianza institucional y el incumplimiento normativo.
Por su parte, Fukuyama (2011)
subraya que el desarrollo estatal no depende solo de la existencia de leyes,
sino de la capacidad del Estado para implementarlas de manera coherente y
sostenida. En el Perú, la alta rotación de autoridades y la ausencia de un
servicio civil consolidado han generado un Estado sin memoria institucional,
donde las políticas públicas —incluidas las educativas— carecen de continuidad y
evaluación efectiva.
Este déficit institucional
también puede leerse desde una dimensión cultural y simbólica. La afirmación
del escritor Gustavo Rodríguez, quien hace poco señaló —en una entrevista sobre
su novela Mamita— que “el Perú es una república en el papel y en las
leyes, pero psicológicamente seguimos conduciéndonos como una colonia”,
dialoga con interpretaciones sociológicas y literarias previas. Autores como Quijano
(2000) han planteado la persistencia de la “colonialidad del poder”, entendida
como un patrón de dominación que trasciende la independencia formal y se
reproduce en las relaciones sociales, políticas y cognitivas. Esta herencia
colonial se expresa en prácticas clientelares, jerarquías informales y una débil
noción de lo público como bien común.
Desde esta perspectiva, la baja participación ciudadana y la alta conflictividad social no deben interpretarse como apatía o déficit cívico, sino como respuestas racionales y emocionales frente a un Estado percibido como distante, incumplidor y capturado. Como advierte O’Donnell (1993), en contextos de “ciudadanía de baja intensidad”, los derechos existen formalmente, pero no se ejercen plenamente en la práctica, lo que debilita la democracia y la gobernanza.
CORRUPCIÓN HISTÓRICA Y
EDUCACIÓN: APORTES DESDE QUIROZ
Quiroz también señala que la
corrupción ha tenido efectos directos en sectores sociales estratégicos, al
desviar recursos, distorsionar prioridades y debilitar la provisión de bienes
públicos. En el caso de la educación, esto se traduce en ineficiencia del
gasto, proyectos inconclusos y pérdida de confianza ciudadana, lo que refuerza
un círculo vicioso de desinversión social, informalidad y bajo compromiso con
lo público. Así, la corrupción no solo afecta la administración educativa, sino
que contribuye a reproducir desigualdades y limitar el rol transformador de la
educación.
DIMENSIÓN FILOSÓFICA Y CULTURAL DE LA CRISIS
INSTITUCIONAL
La crisis política e
institucional del Perú no puede entenderse únicamente desde variables
normativas o administrativas; requiere también una lectura filosófica y
cultural sobre el sentido del poder, lo público y la ley. Desde la teoría
política clásica, Aristóteles advertía que las constituciones se corrompen
cuando quienes gobiernan lo hacen en beneficio propio y no en función del bien
común (Política, Libro III). Esta idea resulta especialmente pertinente para el
caso peruano, donde la corrupción no es solo una suma de actos individuales,
sino una degradación estructural del orden político que debilita la legitimidad
del Estado y erosiona la confianza ciudadana.
Por su parte, Montesquieu
advertía que no basta con que las leyes sean formalmente adecuadas; estas deben
guardar coherencia con el “espíritu de la nación” (El espíritu de las leyes,
Libro XIX). Esta reflexión dialoga directamente con la paradoja peruana de un
Estado normativamente sofisticado, pero débil en la práctica. Las reformas
legales fracasan cuando no consideran las prácticas sociales, la cultura
política y la historia institucional que condicionan su implementación.
Rousseau, a su vez, alertaba
sobre el riesgo de que las leyes se conviertan en instrumentos de dominación
cuando no existe virtud cívica ni un sentido compartido de lo público (El
contrato social, Libro II). En el contexto peruano, esta ausencia de virtud
cívica no debe interpretarse como un defecto moral de la ciudadanía, sino como
el resultado de un Estado históricamente excluyente, incumplidor y capturado,
que ha erosionado la confianza en las reglas del juego.
Finalmente, Tocqueville recordaba
que las instituciones democráticas solo se consolidan cuando existen hábitos,
valores y disposiciones culturales que las sostienen (La democracia en América,
Vol. I). Esta idea conecta con la afirmación de Gustavo Rodríguez sobre un país
que es república en las leyes, pero colonia en sus prácticas y mentalidades.
Desde esta perspectiva, la crisis institucional peruana es también educativa,
simbólica y cultural, lo que refuerza la necesidad de pensar la educación no
solo como un sector afectado por la corrupción, sino como un espacio
estratégico para la formación de ciudadanía y la reconstrucción de la confianza
en lo público.
En suma, la crisis política e
institucional del Perú no es un accidente ni una anomalía, sino el resultado de
un orden histórico, cultural e institucional que se reproduce porque beneficia
a quienes detentan el poder, mientras limita el desarrollo y la cohesión
social. Entonces, si el problema del Perú no es que el sistema no funcione,
sino que funciona de manera perversa, ¿qué tipo de reformas serían realmente
capaces de romper ese equilibrio y no solo administrarlo?
REFERENCIAS
Acemoglu, D., & Robinson, J. A.
(2012). Why nations
fail: The origins of power, prosperity, and poverty. Crown Business
Aristóteles.
(2009). Política (Gredos).
Cotler,
J. (2005). Clases, Estado y nación en el Perú. Instituto de Estudios
Peruanos.
Durand,
F. (2017). Cuando el poder extractivo captura el Estado. Oxfam / PUCP.
Fukuyama, F. (2011). The origins
of political order. Farrar, Straus and Giroux.
Maquiavelo,
N. (2011). Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Alianza.
Montesquieu,
C. L. (2003). El espíritu de las leyes. Tecnos.
North, D. C. (1990). Institutions,
institutional change and economic performance. Cambridge University
Press.
O’Donnell, G. (1993). On the
state, democratization and some conceptual problems. World
Development, 21(8), 1355–1369.
Quijano,
A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina.
CLACSO.
Quiroz,
A. W. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Instituto de
Estudios Peruanos.
Rodríguez,
G. (2026). Entrevista para BBC NEWS MUNDO, a propósito de su novela Mamita:
https://www.bbc.com/mundo/articles/c2drzyj86j5o
Rousseau,
J.-J. (2007). El contrato social. Alianza.
Tocqueville,
A. de. (2010). La democracia en América. Fondo de Cultura Económica.

























