martes, 17 de febrero de 2026

PEDAGOGÍA, FILOSOFÍA Y LITERATURA: EDUCAR PARA LA LIBERTAD EN EL SIGLO XXI (por Nando Vaccaro T.)

 

Nota del autor

Este ensayo nace en el marco del curso Seminario de Problemática Educativa del Doctorado en Educación que actualmente realizo. Sin embargo, su origen es más personal que curricular. Desde hace años me acompaña una inquietud constante: ¿qué significa realmente educar en una sociedad democrática? ¿Es la pedagogía solo una técnica o es, ante todo, una reflexión sobre el sentido de formar seres humanos?

El siguiente texto busca responder a esas preguntas desde un diálogo entre pedagogía, filosofía y literatura. Aquí intento sostener que la educación no puede reducirse a métodos ni a resultados medibles; es, sobre todo, una tarea ética y cultural que implica formar libertad, sensibilidad y pensamiento crítico. Este ensayo constituye la base teórica del siguiente trabajo, en el que esa reflexión se aplica al caso concreto de la educación peruana.

Nando Vaccaro Talledo – febrero, 2026.




INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA: EDUCAR COMO PROBLEMA NORMATIVO Y POLÍTICO

Este trabajo adopta un enfoque ensayístico-analítico de carácter hermenéutico y reflexivo. No se trata de una investigación empírica, sino de un análisis conceptual que articula teoría pedagógica, filosofía política y reflexión literaria para examinar el sentido contemporáneo de la educación.

La hipótesis que planteo sostiene que toda pedagogía implica una filosofía implícita y, por tanto, una opción ética y política. La educación nunca es neutral. Como afirma Savater (2008), educar es el proceso mediante el cual una sociedad transmite deliberadamente aquello que considera valioso. Esa transmisión expresa una decisión normativa: qué tipo de persona y qué tipo de convivencia se desea promover.

En un mundo dominado por métricas, rankings y estándares, la pregunta por el sentido de educar parece incómoda. Sin embargo, es la pregunta decisiva.

 

¿PARA QUÉ EDUCAMOS? LA DIMENSIÓN FILOSÓFICA DE LA PEDAGOGÍA

Dewey (2004) sostuvo que la educación no es preparación para la vida, sino vida misma. Arendt (1996) añadió que educar implica asumir responsabilidad por el mundo frente a quienes llegan a él. Ambas perspectivas subrayan que la escuela no es un espacio aislado, sino un laboratorio de convivencia democrática.

Fernando Savater profundiza esta dimensión normativa. En Ética para Amador sostiene que los seres humanos no estamos programados para vivir, sino obligados a elegir cómo hacerlo (Savater, 1997). Esa capacidad de elección es el núcleo de la libertad. Educar, entonces, no es programar conductas, sino formar criterios.

En Política para Amador, Savater (1998) insiste en que vivir en sociedad implica aprender a convivir con quienes no son como nosotros. La educación debe preparar para esa pluralidad. En El valor de educar (Savater, 2008), afirma que el objetivo principal de la enseñanza es formar ciudadanos, no meros especialistas. Y en La aventura de pensar (Savater, 2013) recuerda que la filosofía no ofrece respuestas definitivas, pero enseña a no conformarse con falsedades.

Estas ideas revelan que la pedagogía no puede reducirse a metodología. Cada teoría educativa presupone una antropología y una perspectiva sociológica: una visión del sujeto y de su capacidad de libertad.

 

TEORÍAS DEL APRENDIZAJE: ENTRE EFICACIA Y EMANCIPACIÓN

El conductismo, representado por Skinner (1981), privilegia el control del entorno y la modificación observable de conductas. El constructivismo, desarrollado por Piaget (1978) y ampliado por Vygotsky (2009), enfatiza la construcción activa y social del conocimiento. Ausubel (2002) introduce la noción de aprendizaje significativo, subrayando la importancia de los saberes previos. Gardner (1995) cuestiona la visión unidimensional de la inteligencia. Siemens (2004) propone el conectivismo como respuesta a la era digital.

Cada teoría aporta herramientas valiosas. El problema surge cuando la teoría sustituye la reflexión ética. Freire (2005) advierte que la educación puede convertirse en “bancaria” cuando el docente deposita contenidos en estudiantes considerados recipientes pasivos. En ese modelo, el saber se transforma en poder unilateral y el aprendizaje en repetición.

Pero la crítica freireana no es solo metodológica, sino política. “Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan entre sí mediatizados por el mundo” (Freire, 2005, p. 80). Educar es un acto dialógico. Cuando la palabra del estudiante es silenciada, la escuela reproduce jerarquías sociales; cuando se promueve el diálogo, se inaugura posibilidad de transformación.

En la era digital, el acceso masivo a la información no garantiza el pensamiento crítico. Savater (2013) recuerda que pensar no es acumular datos, sino saber relacionarlos con criterio. La pregunta fundamental no es solo cómo aprenden los estudiantes, sino para qué aprenden.

 

LITERATURA Y FORMACIÓN DE LA SENSIBILIDAD

Mario Vargas Llosa ha dicho que “lo mejor que me pasó en la vida fue aprender a leer”. En esa frase se condensa una pedagogía entera: la lectura no es destreza técnica, sino apertura del mundo. En Elogio de la educación, Vargas Llosa (2009) defiende la formación humanista como garantía de libertad democrática. La literatura permite vivir otras vidas, comprender perspectivas distintas, ensayar decisiones morales sin destruir la realidad.

Murdoch (1997) sostiene que la literatura educa la “atención justa”: la capacidad de mirar al otro sin simplificarlo. Adichie (2018) advierte sobre el peligro de la historia única, subrayando la importancia de la pluralidad de narrativas.

La literatura no impone respuestas; cultiva preguntas. En sociedades atravesadas por desigualdad o violencia histórica, cumple además una función ética y memorial. Frente a la fragmentación digital, la lectura profunda se convierte en ejercicio de resistencia intelectual; además, cumple una función ética que no podemos negociar: preserva la memoria y humaniza las cifras.

EDUCACIÓN Y DEMOCRACIA EN EL SIGLO XXI

Nussbaum (2012) advierte que una educación orientada exclusivamente al crecimiento económico debilita la democracia. Freire (2005) complementa esta idea al señalar que la educación sin conciencia crítica perpetúa estructuras de opresión. Para Freire, aprender a leer el mundo precede a leer la palabra. La alfabetización es toma de conciencia. La libertad sin comprensión de las condiciones sociales es frágil.

Savater (2008) insiste en que educar es enseñar a elegir responsablemente. Freire añadiría que esa elección solo es auténtica cuando el sujeto comprende el contexto histórico y político que lo condiciona. La escuela no puede resolver todos los problemas sociales, pero puede formar sujetos capaces de enfrentarlos con juicio y responsabilidad.

 

LA EDUCACIÓN PERUANA: DIAGNÓSTICO PRELIMINAR

El sistema educativo peruano enfrenta desafíos estructurales significativos: desigualdad territorial, brechas digitales, limitaciones en infraestructura, debilidades en comprensión lectora y desvalorización docente. Sin embargo, el problema no es únicamente material. Existe una pregunta más profunda: ¿para qué se educa en el Perú?: ¿para formar ciudadanos críticos?; ¿para aprobar exámenes estandarizados?; ¿para ingresar a la universidad?; ¿para obtener empleo?

Con frecuencia, la educación secundaria se convierte en preparación para el examen de admisión. La memorización sustituye la reflexión. El éxito se mide por ingreso universitario, no por formación ética.

Freire (2005) advertía que la educación puede domesticar o liberar. Savater (1997) recuerda que enseñar no es adiestrar, sino ayudar a pensar. Si la educación se reduce a estrategia de ascenso social o a mecanismo competitivo, pierde su dimensión democrática. En un país pluricultural y multilingüe, la pedagogía debe reconocer la diversidad como riqueza. Pero esa intención requiere coherencia entre discurso normativo y práctica real.

 

CONCLUSIÓN: EDUCAR ES APOSTAR POR LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD

La articulación entre pedagogía, filosofía y literatura revela que educar no es solo transmitir contenidos; es intervenir en el futuro.

Savater (2013) afirma que la filosofía nos enseña a no conformarnos con mentiras. Freire (2005) recordaría que la educación debe impedir que nos acostumbremos a la injusticia. Ambas ideas convergen en un mismo horizonte: la humanización.

Si la escuela forma personas capaces de pensar, imaginar y convivir críticamente, habrá cumplido su misión. Si solo produce ejecutores eficientes, habrá renunciado a su tarea más profunda. La educación es, en última instancia, una apuesta por la libertad, pero también por la dignidad.

 


Referencias

Adichie, C. N. (2018). El peligro de la historia única. Literatura Random House.

Arendt, H. (1996). Entre el pasado y el futuro. Península.

Ausubel, D. P. (2002). Adquisición y retención del conocimiento. Paidós.

Dewey, J. (2004). Experiencia y educación. Biblioteca Nueva.

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.

Gardner, H. (1995). Estructuras de la mente. Fondo de Cultura Económica.

Murdoch, I. (1997). La soberanía del bien. Caparrós.

Nussbaum, M. C. (2012). Sin fines de lucro. Katz.

Piaget, J. (1978). Psicología y pedagogía. Ariel.

Savater, F. (1997). Ética para Amador. Ariel.

Savater, F. (1998). Política para Amador. Ariel.

Savater, F. (2008). El valor de educar. Ariel.

Savater, F. (2013). La aventura de pensar. Ariel.

Siemens, G. (2004). Conectivismo: Una teoría de aprendizaje para la era digital.

Skinner, B. F. (1981). Ciencia y conducta humana. Fontanella.

Vargas Llosa, M. (2009). Elogio de la educación. Taurus.

Vygotsky, L. S. (2009). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica.

 




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