miércoles, 3 de agosto de 2016

Reseña de TOKIO BLUES Norwegian Wood (de Haruki Murakami)


Por Nando Vaccaro Talledo – Julio 2016



     Haruki Murakami se ha convertido en occidente en el escritor japonés más vendido de todos los tiempos; y es, además, candidato permanente al premio Nobel de literatura en los últimos años. Ha sido precisamente TOKIO BLUES Norwegian Wood su primer éxito editorial. 

     En muchas de sus obras de ficción la referencia —para algunos críticos muy notoria y a veces exagerada— de aspectos diversos de la cultura occidental y sobre todo de la música anglosajona, lo han llevado a ser blanco de reproches por parte de sus paisanos escritores, quienes consideran su literatura “poco japonesa”; incluso algunos, a pesar de la innegable conquista del escritor en ambos hemisferios del globo terráqueo, siguen desaprobándolo. Sin embargo, Mr. Murakami no se excusa y admite haberse planteado ir más allá de las fronteras niponas: “quería poner a prueba mi capacidad en el exterior, no quedarme satisfecho siendo un novelista famoso en Japón”[1].
Escritor japonés Haruki Murakami
       
        En TOKIO BLUES... todo empieza a bordo de un avión que acaba de aterrizar en un aeropuerto alemán. Toru Watanabe, el protagonista-narrador, de treinta y siete años en aquel momento, escucha por el altavoz la canción de Los Beatles Norwegian Wood. Inevitablemente le sobrevienen recuerdos de una época de su vida marcada por la incandescencia de ciertas experiencias. Entonces no tenía más de veinte años y hacía poco de su ingreso a la universidad. Debe mudarse a una pensión en Tokio, dejando atrás sus padres y su pueblo. En principio, un chico común, dentro del promedio: estudia lo que debe, trabaja medio turno para cubrir sus gastos personales y lleva una vida ordenada; no tiene mayores problemas y hasta se podría decir que carece de un conflicto propio, de algo que promueva el encadenamiento, intenso e interesante, de la novela. En este escenario van apareciendo los otros protagonistas, sobre todo dos mujeres en particular, vitales en el entramado. Emerge una delgada línea entre la vida y la muerte, las fantasías adolescentes, la pasión, la promiscuidad, la música (siempre presente, como fondo de cada escena, marcando el ritmo) y las indecisiones, todas ajenas a él porque provienen de los otros, aunque al mismo tiempo le pertenecen porque, en suma, todo lo que es él se origina en lo demás. De ello Watanabe no es consciente, pero sí de sus emociones que le permiten madurar y encontrar la manera de posicionarse frente a la vida.

     Una narración lineal, exceptuando el principio, que incorpora trazos de un surrealismo que van aflorando como pequeñas islitas en un mar insondable.

         Una observación a tener en cuenta recae en el alcance que pueda ejercer la traducción[2]. Con giros y modismos propios de la región peninsular, la novela se ha adaptado por entero para lectores de aquella zona. No obstante, me parece que la construcción original es tan contundente que pudo superar y soportar cualquier intervención ajena a los propósitos iniciales del escritor; es decir, no creo que la mano del traductor haya tenido injerencia en la novela (y sus otras obras así lo corroboran). 

          En verdad, a Murakami, como a cualquier otro escritor, se le podría objetar algunos puntos, que quizás tengan que ver con los gustos y preferencias de cada uno; inclusive, como lectores “occidentales” esperamos impregnarnos más de lo “oriental”, de eso ajeno y desconocido. Pero aquello que no se le puede discutir es la impecable manera de relatar cada secuencia, la descripción minuciosa, guiada por los acordes de sus instrumentos literarios, y salpicada por una poética que, sin estar expuesta abiertamente, embriaga a cada sorbo. En definitiva, una novela permeable y apasionante, que refleja lo que muchos todavía descreen: la humanidad y sus culturas están más cerca e interconectadas de lo que parece. O para decirlo en palabras de Marshall McLuhan, estamos viviendo realmente en una “Aldea Global”. 

[1] Referencia: Revista Ñ, Clarín, edición 36 (13/1/2007), pág. 35, Buenos Aires.

[2] La edición de la novela que he leído para la siguiente reseña tiene los siguientes datos bibliográficos:

Murakami, Haruki, Tokio Blues Norwegian Wood. 1ra. Edición. 3ra. Reimpresión. Buenos Aires: Tusquets Editores, 2007. 392 p. 21x24 cm. (Andanzas; 575).