martes, 23 de agosto de 2016

EL PERDÓN Y LA RECONCILIACIÓN EN LA PAREJA

Por Nando Vaccaro Talledo – Agosto 2016

Como ya saben nuestros seguidores, durante este 2016 el tercer viernes de cada mes el Colectivo por la salud mental “Hna. Margaret Walsh”, con sede en Chulucanas, ha organizado un ciclo de encuentros y conferencias bajo la temática: el amor es una decisión, la pareja como núcleo de la familia. En nuestra última reunión, del pasado viernes 19, el tema desarrollado fue EL PERDÓN Y LA RECONCILIACIÓN EN LA PAREJA, y estuvo a cargo del licenciado José Luis Valladolid.

Respecto a este asunto, recuerdo ahora la frase que le decía mi abuela a mi padre, quien siempre estaba renegando y enfrentándose a la gente: “¿cuándo vas a dejar de pelear para empezar a vivir porque no se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo?”. En verdad, no se puede cargar una mochila de lamentos, cólera, frustraciones y egoísmo si pretendemos vivir una vida tranquila, liviana, en paz y armonía. Y para empezar a descargar esa mochila, para sentirnos livianos, primero debemos abrir la mochila, es decir explorar en nosotros mismos, perdonándonos y reconciliándonos, y después ya estaremos listos para hacerlo con los demás.

Facundo Cabral solía comentar en sus conciertos una anécdota personal, relacionada con el perdón: decía que él recién empezó a vivir a los 17 años, y no cuando su madre lo alumbró, puesto que “una persona realmente nace cuando toma conciencia de su existencia”.  A esa edad Cabral conoció a un vagabundo que le narró “El Sermón de la Montaña”. Esta historia caló muy profundo en él, e hizo que reflexionara sobre su presencia en el mundo, y del peso y el dolor que causan el rencor y la amargura. Facundo había sido abandonado por su padre cuando muy niño, y tuvo una infancia dura y con carencias materiales y afectivas. Cuando él “empezó realmente a vivir” se dio cuenta de que no se podía transitar en la vida con semejante mochila, y decidió perdonarse y perdonar. Tenía 45 años cuando, al terminar un concierto, reconoció a su padre en medio del público, a pesar de haberlo visto solo una vez en una fotografía. Se acercó a él y lo abrazó. Con ese abrazo le demostraba su perdón y también “le decía gracias”; gracias por la vida, porque si él no hubiera fecundado a su madre Facundo no habría podido gozar de las maravillas de este mundo, y nosotros no nos hubiésemos beneficiado con sus pensamientos y canciones.

En el Colectivo por la Salud Mental hablamos más de encuentros y no tanto de conferencias porque lo que pretendemos es que esos espacios que ofrecemos sean vivenciales, dinámicos, que las personas sientan y compartan, que no adopten una postura pasiva y sedante escuchando a un ponente. Es por eso que el amigo José Luis Valladolid inició el último encuentro con una dinámica entre los presentes, que no eran todos parejas o esposos porque la invitación es para la familia y el público en general. El ejercicio consistió en rememorar los momentos felices, los más significativos, vividos con la pareja o de manera singular. Por ejemplo, el embarazo deseado, superar enfermedades y recibir el apoyo de seres cercanos, el servicio a los demás, retiros espirituales, pequeños momentos en el día. Y todos coincidimos en algo: que la alegría y la felicidad se encuentran en el compartir con los demás, en los encuentros espirituales que nos reconfortan. De hecho, nadie relacionó la felicidad a algo material, a la adquisición de un objeto. Incluso la alegría de tener una casa propia, un auto o una moto no llenarían nuestro corazón si no tuviéramos alguien con quien compartir lo que tenemos.

Valladolid enfatizó en lo trascendente que resulta empezar uno mismo a trabajar en lo personal y autoconvencerse: “yo voy a estar bien”, “me voy amar”. No podemos hacer el bien ni amar al prójimo si nuestra autoestima no está fortalecida. Debemos redescubrir a nuestro ser interior. Asimismo, manifestó que las relaciones de pareja no son fáciles porque se trata de dos personas distintas, con costumbres y formaciones diferentes. Por eso es recomendable que la pareja trabaje antes del matrimonio, que se entrene, y que por supuesto no salte “las etapas”:

1) amistad (porque los amigos se aceptan, entienden y están en todas)
2) enamorarse (la ilusión)
3) novios (fortalecer la relación)
4) matrimonio (compromiso)

Con relación a los hijos, hizo hincapié en que “ellos no hacen los que les decimos sino lo que ven e imitan”. Finalmente, invitó a todos los presentes a darse un fuerte abrazo, y nos exhortó a hacerlo siempre con nuestros seres amados porque el valor y la energía de un abrazo fortifican el alma de una manera única.