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jueves, 6 de agosto de 2026

La campana de cristal: el precio de la lucidez (por Nando Vaccaro)

Por Nando Vaccaro Talledo - agosto, 2026. 

                                                      
                                                        "Debería haber un ritual para las personas que vuelven a nacer”.
                                                        Sylvia Plath - La campana de cristal


Hay novelas que cuentan una historia. Otras, en cambio, nos obligan a vivirla. La campana de cristal, la única novela de Sylvia Plath, pertenece a esa rara estirpe de libros que no se limitan a narrar una caída: nos hacen respirar el mismo aire enrarecido que consume a su protagonista. En lo que a mí respecta, pocas novelas me han producido una impresión tan intensa y perdurable. Su lectura exige detenerse una y otra vez, releer una frase, volver sobre una imagen, demorarse en un silencio. Porque Sylvia Plath no es una narradora que poetiza: es una poeta que narra. Su prosa posee una doble naturaleza. A veces avanza con la precisión clínica de quien observa el mundo con una lucidez despiadada; otras, se eleva hasta alcanzar una belleza casi insoportable. Sus metáforas no embellecen la realidad: la revelan.

Llegué a esta novela gracias a la recomendación de la escritora argentina Ariana Harwicz para Tinta Club del Libro, dentro del ciclo Amor, ternura y otras obsesiones. El mes anterior habíamos leído Apuntes del subsuelo, de Fiódor Dostoievski, y confieso que, al principio, me costó encontrar el puente entre ambas novelas. Una transcurre en el San Petersburgo del siglo XIX; la otra, en los Estados Unidos de los años cincuenta. Una está protagonizada por un funcionario resentido; la otra, por una joven becaria de una revista de moda en Nueva York.

Solo al terminar La campana de cristal comprendí que ambas obras dialogaban entre sí, pues sus protagonistas padecen una conciencia excesiva. Ambos observan demasiado y descubren las grietas del mundo con una claridad que termina enfermándolos. Sin embargo, mientras el hombre del subsuelo transforma esa lucidez en resentimiento, Esther Greenwood queda atrapada bajo una campana de cristal. No deja de ver el mundo, pero ahora se encuentra oprimida y sumergida en una prisión de su propia mente.

Desde las primeras páginas intuimos que nuestra narradora-protagonista no termina de encajar en la vida que otros consideran ideal. Durante las vacaciones universitarias ha ganado una beca para trabajar en una prestigiosa revista de Nueva York, rodeada de jóvenes exitosas, vestidos elegantes y fiestas exclusivas. Todo parece indicar que debería sentirse feliz (al menos, según los indicadores sociales de lo que se entiende por felicidad). Pero la felicidad nunca llega. Hay un momento revelador en el que reconoce que intenta convencerse de que deseaba asistir a un desfile de modas para poder sentirse verdaderamente herida porque no la dejaron ir. Plath retrata con extraordinaria precisión un mecanismo psicológico tan sutil como inquietante: la mente busca justificar un dolor cuyo verdadero origen todavía desconoce. Ese malestar, sin embargo, no nace en Nueva York.

Poco a poco comprendemos que Esther arrastra heridas mucho más antiguas. La muerte temprana de su padre dejó un duelo nunca reparado; ella misma descubre, con desconcierto, que jamás lloró realmente su pérdida. Al mismo tiempo, siente que su madre no ha podido ofrecerle el refugio emocional que necesitaba. No resulta casual que las únicas figuras verdaderamente protectoras de la novela sean mujeres ajenas a su familia: primero Jay Cee, su jefa en la revista, cuya inteligencia admira hasta el punto de desear que hubiera sido su madre; más adelante la doctora Nolan, la única profesional capaz de verla antes como persona que como paciente.

Pero La campana de cristal sería una obra mucho menos poderosa si redujera la depresión de Esther a una historia exclusivamente íntima. Plath va mucho más allá. La novela constituye también una crítica implacable a la sociedad estadounidense de los años cincuenta. Esther descubre que el mundo funciona según reglas profundamente desiguales y con sesgos patriarcales. Buddy Willard, el novio perfecto a los ojos de todos, mantiene relaciones sexuales mientras defiende que las mujeres deben llegar vírgenes al matrimonio. La doble moral masculina deja de ser una abstracción para convertirse en una experiencia personal. Más adelante comprenderá que el problema no era Buddy, sino un sistema entero que asignaba libertades distintas según el sexo de quien las ejerciera.

Por eso resulta tan significativa una de las frases más contundentes de la novela: "los hombres que odian a las mujeres consiguen que parezcan ridículas". No es una condena indiscriminada hacia los hombres, sino el reconocimiento de una estructura que infantiliza, limita o desprecia a las mujeres cuando intentan construir una identidad propia. Y Esther desea precisamente eso: una vida que no dependa de nadie: "No soporto pensar que un hombre me tiene en un puño”, confiesa en uno de los pasajes más reveladores del libro. No rechaza el amor; rechaza la subordinación. Intuye que el matrimonio, tal como se concebía entonces, podía convertirse en la renuncia definitiva a su libertad intelectual.

Resulta imposible leer la novela sin advertir las resonancias con la propia vida de Sylvia Plath. Aunque no sea una autobiografía, sí posee un evidente carácter confesional. Esther Greenwood funciona como un alter ego literario de la autora. Ambas fueron estudiantes brillantes; trabajaron en una revista femenina de Nueva York; padecieron una grave depresión; intentaron quitarse la vida; y ambas fueron sometidas a tratamientos psiquiátricos. Pero reducir la novela a un simple reflejo biográfico sería empobrecerla. Como recordó Joyce Carol Oates, la obra de Plath no debería leerse únicamente a la luz de su muerte, sino como el extraordinario logro artístico que verdaderamente es. Y justo ahí reside su grandeza. Plath transforma la experiencia vivida en literatura.

Las biografías coinciden en describirla como una mujer extraordinariamente inteligente, perfeccionista, ansiosa y necesitada de reconocimiento. También muestran el profundo conflicto que vivió al intentar conciliar su vocación literaria con las expectativas que la sociedad imponía a las mujeres de su tiempo. Mientras su esposo Ted Hughes era celebrado como uno de los grandes poetas ingleses de su generación, Sylvia seguía siendo, para muchos, "la esposa de". Aquella sensación de quedar relegada encuentra un eco evidente en Esther, cuya identidad comienza a derrumbarse cuando no es admitida en el curso de escritura creativa. Ese rechazo no provoca la enfermedad: destruye el último lugar donde todavía podía reconocerse. A partir de entonces la novela desciende hacia el corazón mismo de la depresión.

Plath describe con una precisión casi clínica —pero al mismo tiempo con su impronta poética— la pérdida progresiva de la voluntad, la incapacidad para disfrutar de aquello que antes daba sentido a la vida, el aislamiento, la culpa y la aparición insistente del deseo de morir. Pero nunca convierte el sufrimiento en espectáculo. Lo vuelve experiencia. Cuando Esther afirma que preferiría sentir un dolor físico antes que continuar soportando el vacío que la consume (algo que hemos pensado y sentido quienes padecemos depresión y hemos estado también atrapados en nuestra propia campana de cristal), entendemos que la depresión no consiste simplemente en estar triste, sino —y sobre todo— en dejar de sentir. Es por eso que ninguna imagen expresa mejor ese estado que la metáfora que da título a la novela.

La campana de cristal no simboliza únicamente una enfermedad mental; también la imposibilidad de participar del mundo. Todo continúa existiendo al otro lado del cristal, pero el aire deja de circular. Esther comprende que, aunque viajara a Europa o recorriera el mundo en un crucero, seguiría "fermentándose en su propio aire malsano". No es el entorno lo que ha enfermado: es la forma en que su conciencia ha quedado encerrada dentro de sí misma.

La aparición de la doctora Nolan introduce entonces una esperanza inesperada. No porque cure milagrosamente a Esther, sino porque le devuelve algo mucho más importante: la dignidad. La escucha. Le explica los tratamientos. La acompaña. Comprende que antes de intervenir sobre una enfermedad es necesario reconocer el sufrimiento de quien la padece. No deja de ser significativo que Plath no condene el electroshock en sí, sino la deshumanización con que fue aplicado. El primer tratamiento, administrado por el doctor Gordon, se vive como una tortura. El segundo, bajo el cuidado de la doctora Nolan, deja de ser un castigo para convertirse en parte de un proceso de recuperación.

Y entonces ocurre una de las imágenes más hermosas de toda la novela: la campana de cristal no ha desaparecido —porque la depresión no desaparece—, pero ahora cuelga unos centímetros por encima de la cabeza de Esther, que ya puede volver a respirar con calma. Ese detalle cambia por completo el sentido de la obra, pues Plath no escribe una historia de curación definitiva sino una historia de supervivencia. La posibilidad de recaer permanece siempre presente. La campana podría volver a descender. Plath comprende que algunas heridas no desaparecen definitivamente: se aprenden a habitar con ayuda, cuidado y esperanza.

Es por eso que me conmovió tanto una frase casi escondida hacia el final del libro: "debería haber un ritual para las personas que vuelven a nacer". No se refiere únicamente a quienes sobreviven a una depresión; habla de todas aquellas personas que regresan de un sufrimiento profundo siendo otras. La sociedad celebra los nacimientos, los matrimonios y los funerales, pero carece de ceremonias para quienes logran reconstruirse después de haber conocido el infierno.

La crítica Heather Clark ha señalado que La campana de cristal narra el colapso y la recuperación de una joven, al mismo tiempo que constituye una devastadora denuncia del sistema psiquiátrico paternalista que interpretaba la ambición femenina como una forma de neurosis. Y tiene razón. Pero esta monumental novela es todavía más amplia que eso. Porque, más de sesenta años después de su publicación, continúa hablándonos a todos: de la identidad, del fracaso, de la soledad, del miedo a no encontrar un lugar en el mundo y del enorme costo que puede tener la lucidez cuando no encuentra dónde respirar.

Quizá esa sea la verdadera razón por la que La campana de cristal permanece como un clásico de la literatura universal. Porque todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos sentido que el mundo seguía su curso mientras nosotros permanecíamos atrapados detrás de un cristal invisible. Y porque Sylvia Plath encontró las palabras exactas para describir ese aire que, aun sin verlo, tantos hemos respirado.




  

jueves, 3 de abril de 2025

REPERCUSIONES DE LA SERIE 'ADOLESCENCIA' EN NUESTRAS VIDAS (Por Nando Vaccaro Talledo)

 Por Nando Vaccaro Talledo (abril, 2024)

Adolescencia es la serie del momento, y probablemente se posicione como una gran obra cinematográfica de todos los tiempos. Es recomendable para padres, hijos, maestros y la sociedad en su conjunto. En Reino Unido la resonancia de la serie ha sido de tal magnitud, que el actual primer ministro, Keir Starmer, ha declarado que la vio con su familia y está a favor de mostrarla en las escuelas como un material audiovisual para el análisis y la reflexión. La serie no sólo se enfoca en la búsqueda del asesino de una joven y las motivaciones que tuvo para realizar el crimen; también se adentra en el mundo de los adolescentes actuales, enfrentados a la presión social, la búsqueda de identidad y la creciente influencia de las redes sociales. Uno de los temas centrales de ‘Adolescencia’ es el auge del “masculinismo” y la misoginia en las esferas online. La serie explora en detalle cómo estas ideologías radicales pueden infiltrarse en la vida cotidiana de los jóvenes, influyendo en su comportamiento y sus relaciones. En lugar de demonizar o caricaturizar, la serie muestra cómo los llamados chicos comunes pueden sentirse atraídos por estos discursos sin siquiera darse cuenta.

Calidad cinematográfica

La serie también seduce por la calidad de su producción cinematográfica. La puesta en escena alterna momentos de tensión psicológica y otros de vulnerabilidad emocional. Su propuesta artística, de grabar cada episodio con una sola cámara en un único plano secuencial es una gesta extraordinaria, si se tiene en cuenta la cantidad de personajes y cambios de locación. Los jóvenes actores, sobre todo el protagonista (interpretado por Owen Cooper) ofrecen actuaciones convincentes y naturales, capturando con precisión las complejidades emocionales de la adolescencia. Los diálogos son verosímiles y el ritmo narrativo mantiene constantemente la tensión. Además, la banda sonora se acopla a la historia con consonancia, creando una atmósfera íntima y perturbadora.

¿De qué trata la serie?

Para quienes no la han visto todavía, trataré de ponerlos en contexto, procurando no anticipar (“spoilear”) el contenido de la serie, que se puede ver en la plataforma Netflix y que se emite en cuatro capítulos. Una sinopsis genérica podría ser la siguiente:  Jamie, de 13 años, es un tranquilo chico de una familia trabajadora y afectuosa, tiene talento para el dibujo, es buen estudiante, pero no le gustan los deportes. Pasa largas horas en su habitación navegando en redes sociales. Abruptamente, la policía irrumpe en su vivienda y lo detienen porque está acusado de asesinar a una adolescente de su escuela. 

La historia le plantea a la audiencia dos preguntas elementales: la primera es si Jamie Miller, ese niño asustado y que implora por sus padres, puede ser el culpable. Y la segunda es el porqué del crimen, qué es lo que lleva a un menor a cometer un hecho atroz e irreversible. 

Un aspecto importante de la serie es que nos muestra que la visión del chico respecto de sus sentimientos es callar ante lo que siente, que un hombre no puede expresar sus emociones, sino cuando ya se ha llenado de ira a través de la violencia. La serie revela los peligros a los que están expuestos niños y adolescentes en internet: ahora la calle no es el lugar inseguro, sino las redes sociales, donde las influencias pueden moldear la identidad y el carácter de un adolescente, y el ciberbullying puede ser más encarnizado que en un ambiente presencial, porque en internet lo ve y lo sabe todo el mundo.

¿Qué significa ser un “incel”?

En la serie Adolescencia, Jamie es víctima de acoso escolar y ciberacoso, y ha sido catalogado como incel”, un acrónimo en inglés para denominar a los célibes involuntarios, es decir, a las personas que por factores ajenos a su voluntad no podrán tener relaciones sexuales. Este movimiento surgió a finales de los 90´s, a través de un fórum creado por una mujer canadiense con la intención de permitir que se desahogaran las personas que no conseguían pareja para una relación íntima. En ese sentido, se ofrecía como un espacio seguro para aquellos que no son sexualmente activos por razones diversas. Sin embargo, con el tiempo se fue poblando de hombres jóvenes que se consideran poco atractivos y han tenido relaciones fallidas, experiencias vergonzosas o han sido rechazados, y eso los ha llevado a sentir una frustración tremenda que se traduce en odio hacia hombres y mujeres, sobre todo estas últimas, al ser consideradas como responsables de su sufrimiento. Las ideas de rechazo se convirtieron en casos de extrema violencia. En 2014, el estudiante de la Universidad de California, Elliot Rodger, de 22 años y reconocido como incel, perpetró un tiroteo que causó la muerte de seis personas y dejó más de una decena de heridos. Antes de los asesinatos, había publicado un video, en el que anticipaba lo que haría, exponiendo que responsabilizaba a la humanidad por su sufrimiento, específicamente a las mujeres. Otro episodio nefasto ocurrió en Toronto, en 2018, cuando Alek Minassian mató a diez personas luego de atropellarlas con una camioneta alquilada, proclamando el hecho como el inicio de la “Rebelión Incel”.  

¿Qué es la manósfera?

Otro concepto que revela la serie es el de “manósfera” y la ideología de la masculinidad extrema. La manósfera es una red de sitios web, blogs y foros en línea que exalta la masculinidad, promueven la misoginia y tienen una fuerte oposición al feminismo. Por medio de un comentario en un post del Instagram de Jamie nos enteramos que ha sido víctima de ciberbullying y era señalado como un incel, alguien que iba a “ser virgen” por el resto de su vida. Y los pensamientos y sensaciones de frustración, odio y resentimiento que surgieron fueron los detonantes del crimen (es importante resaltar que una cosa es conocer el motivo que impulsa a una persona a quitarle la vida a otro ser humano, y otra es justificar un crimen). Los incel han encontrado un espacio en la denominada manósfera, donde confluyen grupos que suelen estar ligados a los argumentos de la extrema derecha.  

Lenguaje y simbología en redes: píldoras azul, roja y negra

Es fundamental estar al tanto que en internet el lenguaje y la simbología son muy específicos. Las alusiones a las denominadas “píldoras azul y roja” tiene su precedente en la película Matrix. En esta saga de ciencia ficción, al protagonista Neo le ofrecen estas píldoras. La azul hará que permanezca en el mundo que conoce, mientras que la roja le revelará la verdad de todo. En el mundo real, las píldoras pueden tener distintos niveles de significado según los grupos de la manósfera; pero es la píldora roja la más básica de todas, haciendo referencia a cualquier despertar político, social, cultural que una persona tenga. En concatenación con esto, también existe el concepto de la “píldora negra”, que va aún más allá de un despertar político de la realidad, porque se asume como el sometimiento a la realidad misma. Mientras que la píldora roja les revela a los hombres de la comunidad incel que en su realidad no podrán acceder a ninguna de las mujeres que desean, y no porque no lo quieran o no lo hayan intentado, sino porque se les ha negado la posibilidad de ser felices y acompañarse, lo que la píldora negra representa para los incel es que no hay marcha atrás respecto a su realidad, y creen ciegamente y con fanatismo que han sido desfavorecidos por la naturaleza y la genética. Entonces, como ellos no pueden cambiar la realidad, sólo pueden responder con violencia, que luego se transforma en autolesiones, suicidio y hasta en crímenes y masacres.

La regla del 80-20

Volviendo a la serie Adolescencia, al inicio de la investigación los policías creen que las publicaciones de los involucrados en el crimen realizadas en la red social Instagram corresponden a una amistad entre el chico y la adolescente, porque el mensaje está repleto de íconos e imágenes digitales que se les denomina emojis. Sin embargo, luego de conversar con otro adolescente, que no sólo les proporciona información sino que además les interpreta y actualiza toda la simbología con la que se comunica actualmente esta generación de adolescentes, entienden que la respuesta al post (o publicación) es parte del ciberbullying, y los emojis que se utilizaron en el mensaje señalan a Jamie como un incel. ¿Y cuáles son los emojis que aparecen? Pues, las famosas píldoras rojas, dinamita y frejoles (símbolos que la mayoría de adultos o alguien ajeno a esta esfera desconocería en cuanto a las implicancias de sus connotaciones). En la comunidad incel, la píldora roja les revela a los hombres su realidad a través de la “regla de 80 - 20”, algo que es explicado por el protagonista de la serie a la psicóloga en el tercer capítulo: que el 80 por ciento de las mujeres se sientes atraídas solamente por el 20 por ciento de los hombres. Eso quiere decir que el 80 por ciento de los hombres jamás tendrá un vínculo amoroso ni sexual con la mayoría de las mujeres, al menos no con las que ellos consideran atractivas.

Opiniones de especialistas y profesionales de la salud y la educación

Lo que le parece más interesante a la antropóloga francesa Mélanie Gourarier de la serie Adolescencia es “precisamente la ambigüedad del personaje que también lo hace banal. Es ambivalente un niño perdido que necesita a su padre, preocupado por lo que la gente piensa de él, preocupado por lo que le sucederá, pero indiferente a los efectos de sus acciones. Parece tener poco interés por las mujeres, aunque ha mirado fotografías de mujeres más o menos desnudas y se siente "trabajado" por su sexualidad. Su madre y su hermana no parecen contar. No parece comprender que ha matado a la víctima de la que habla en presente. Durante la escena de la entrevista con la psicóloga, el personaje alterna entre la manipulación, la seducción y la agresión, lo cual es representativo de la masculinidad problemática; no hace comentarios abiertamente sexistas, pero es toda su manera de ser y de pensar la que rezuma patriarcado”, precisa la antropóloga.

Ante la duda de cómo se debe abordar el comportamiento de los adolescentes, Mélanie Gourarier refiere que los padres de todas las épocas se sienten impotentes ante las prácticas de los jóvenes. Como investigadora, a ella le preocupa el modo en que se trata hoy a los jóvenes, la desconfianza hacia ellos, el que sean percibidos como necesariamente violentos y anómicos, es decir, productores de desorden, lo cual los lleva a un estado de represión y desconfianza.

Por su parte, el psicólogo español José Oteros, especialista en igualdad de género, señala que en la adolescencia se buscan espacios para encontrar respuestas a lo que piensan y sienten en esa etapa de vida, y que no son soluciones correctas sino respuestas fáciles para entender lo que les está ocurriendo, lo cual puede aumentar su frustración y agresividad.

Para el psicólogo Francisco Aguayo, especialista en masculinidad, la serie Adolescencia ha puesto en la conversación el auge de modelos de masculinidad conflictiva en la llamada manósfera. Según el licenciado Aguayo, “Los contenidos que circulan en la manósfera apelan a que los hombres no saben qué hacer frente a las mujeres y se sienten víctimas del movimiento feminista. Hay una narrativa de victimización, de competencia: los hombres se sienten amenazados por el avance y el empoderamiento de las mujeres”, precisa el psicólogo.


Es importante saber que este tipo de discursos e ideologías no está ajeno a nuestra realidad. Según el especialista, este fenómeno tiene eco en América Latina a través de movimientos como “Con mis hijos no te metas”, que nació en Perú.  Y si miramos en los países cercanos, los presidentes Milei, Bolsonaro y Trump tienen una narrativa en esta línea: contra la ideología de género, contra la diversidad sexual. Y si nos preguntamos, ¿a qué responde la proyección de estos movimientos? Una respuesta posible sería que hay un grupo creciente de hombres que se sienten amenazados, que no han sabido muy bien qué hacer o cómo reaccionar ante el empoderamiento de las mujeres. Algunos reflexionan y logran resolver; otros, no quieren renunciar a la idea de que son los proveedores y no apoyan el desarrollo profesional de las mujeres.

Y sobre otra pregunta clave: ¿cómo educar en una masculinidad sana?, Aguayo indica que es importante entender que hay distintas audiencias de hombres: están los más abiertos, que van a ser aliados, pero a la audiencia más cerrada primero hay que informarle de qué hablamos cuando hablamos de desigualdad, cuáles son las brechas, cuáles son los problemas. “¿Por qué a las mujeres les pagan salarios más bajos? ¿Por qué tienen peor salud mental? ¿Por qué sufren más violencia de género?”. Hay un gran desafío en cómo desarrollar nuevos conceptos para que se entienda, tanto en hombres y mujeres, que lo esencial radica en estar más conectados emocionalmente, escuchar más a sus parejas, ser más empáticos, e involucrarse más como padres.

Importancia de la salud mental

Los investigadores han ido tomando nota del creciente fenómeno de los incels y sus implicaciones para buscar respuestas. A raíz de la idea de las autoridades británicas de catalogar a los incels como "terroristas", una investigación de la Universidad de Swansea concluyó que el problema debía en realidad combatirse más como un asunto de salud mental que con operaciones antiterroristas. "Si queremos romper el ciclo, necesitamos brindarles apoyo de salud mental, porque si no se preocupan por sí mismos, no se preocuparán por los demás", le dijo a la BBC Andrew Thomas, psiquiatra de la Universidad de Swansea.

Según Andrew Thomas, el problema radica en que estos jóvenes, de quienes dice que con frecuencia tienen "la salud mental por el suelo", sobrestiman el atractivo físico y el poder adquisitivo de los demás, mientras subestiman otras virtudes como la amabilidad, el humor y la lealtad. "Una vez que sobrestimas mentalmente la importancia del atractivo físico para las mujeres y subestimas la influencia de la amabilidad, comienzas a buscar evidencia que confirme esa visión del mundo", agrega el psiquiatra.

De acuerdo con la Comisión para la Lucha contra el Extremismo, que es una agencia del gobierno británico que asesora e inspecciona las políticas y herramientas para combatir los extremismos, los incel tienen altas tendencias a la depresión y el suicidio, por lo cual esta problemática debe ser abordada desde propuestas educativas y una mayor cobertura en la salud mental.

Las redes sociales y los influencers

El auge en las redes sociales, y los espacios de divulgación que tienen para un adolescente los llamados “influencer”, pueden ser peligrosos porque muchos de ellos hacen apología de ideas extremas y sugerencias violentas. Los influencer para los adolescentes se pueden convertir en voces autorizadas para avalar ciertas ideologías, en una etapa en la que el ser humano, como indicada el psicólogo José Oteros, busca respuestas a tantas dudas e incertidumbre en el despertar de muchos aspectos de la vida.

Las redes sociales son el canal privilegiado donde se viralizan estos contenidos, y están logrando influir en jóvenes y adolescentes, que son los principales consumidores de esas plataformas. Un estudio publicado en Reino Unido reveló que seis de cada diez niños, de entre 11 y 14 años, han estado expuestos a contenido en línea que promueve la misoginia y otras opiniones dañinas.

La psiquiatra infantil Abigail Huertas también reflexiona sobre la serie Adolescencia, y se pregunta: “¿Qué imagen de la adolescencia estamos construyendo con historias como esta? ¿Cómo influye la serie en la percepción de las familias sobre esta etapa clave del desarrollo?”. Para la doctora Huertas, la adolescencia es un período de profundos cambios emocionales y sociales. Los jóvenes experimentan altibajos, momentos de inseguridad y búsqueda de identidad. Sin embargo, muchas narrativas actuales enfatizan únicamente el conflicto, el peligro o la soledad extrema, dejando de lado aspectos fundamentales para evitarlo, como el acompañamiento, el apoyo familiar y la resiliencia. En su libro Solo necesito que me aceptes, la especialista aborda este tema y responde las siguientes interrogantes: ¿Cómo podemos los adultos ayudar a nuestros hijos a atravesar la etapa adolescente sin miedo y sin caer en la desesperación? ¿Cómo podemos darles herramientas para gestionar sus emociones sin que se sientan perdidos o incomprendidos?

"En las consultas me encuentro con padres y madres que sienten que han perdido toda conexión con sus adolescentes", señala. Uno de los mayores retos para padres y educadores es mantener una comunicación abierta y efectiva con los adolescentes. Muchas veces, esta desconexión no surge de un rechazo intencionado, sino de la falta de espacios de escucha activa y confianza. En el mencionado libro, ella propone estrategias para fortalecer ese vínculo, fomentando el diálogo y el entendimiento mutuo. También aborda cuestiones clave como la importancia de mantener hábitos saludables, la influencia de la presión social, cómo desarrollar la autoestima y también el impacto de las redes sociales en la construcción de la identidad. La especialista señala que “Es fácil alarmarse cuando vemos representaciones extremas de la adolescencia en los medios, pero la realidad es que la mayoría de los jóvenes no están destinados al caos o la violencia. Al contrario, con el apoyo adecuado, pueden desarrollar una gran capacidad de adaptación, pensamiento crítico y creatividad”. 

Conclusiones

Hoy se habla de más temas que antes, y supuestamente se están rompiendo las barreras del prejuicio y la ignorancia. Sin embargo, para algunas familias, no es tan sencillo abrirse a la plática de varios temas necesarios en la adolescencia, como la construcción de identidad y de género, el despertar sexual, los valores y la autoestima, o el control y manejo de las emociones. Sí, estamos dejando atrás tabúes, pero, al mismo tiempo, está sucediendo algo muy grave: la exposición de nuestros niños a las pantallas.

El guionista de ‘Adolescencia’, Jack Thorne, indicó que la serie muestra un problema multifactorial, que va más allá de las redes sociales y que involucra a todos los sectores de la sociedad: familias, comunidad educativa, sector público y privado. Algunos avalan que la serie visibilice estos problemas, aunque también hay un sector que teme que la difusión de la serie propague estas ideas.

Maira Pereira, socióloga y analista geopolítica, señala que pensar que nuestros hijos están protegidos porque no salen a la calle y se quedan en sus habitaciones conectados a internet, es una imprudencia, porque los mantiene en una burbuja y expuestos a comentarios y propagación de ideologías de los llamados influencers. Por ello enfatiza en que es necesario promover entre padres e hijos espacios de comunicación y reflexión.

Por la doctora Huertas, la pregunta clave que debemos plantearnos es: ¿Qué podemos hacer como familias, docentes o profesionales de salud para influir positivamente en nuestros adolescentes? No se trata de controlar cada aspecto de su vida ni de evitarles cualquier dificultad, sino de estar presentes, marcar límites cuando sean necesarios, ofrecerles herramientas y, sobre todo, aceptarlos tal y como son. Porque la adolescencia no es sólo una etapa difícil, sino una oportunidad para crecer juntos.

Lo que realmente distingue a "Adolescencia" de otras series exitosas es su capacidad de generar conciencia. Destaca una cuestión que a menudo se pasa por alto: la influencia insidiosa de las ideologías masculinistas en los jóvenes. Pero en lugar de condenar o moralizar, nos invita a comprender, a dialogar y a educar. La serie muestra que el cambio se produce a través de la concientización, la escucha y el desafío de las normas de género arraigadas en nuestras estructuras sociales.

Adolescencia no es solo un drama más: es un llamado de atención sobre las señales de alarma que pueden pasar desapercibidas. La serie busca abrir el diálogo entre padres e hijos y poner sobre la mesa temas difíciles, pero urgentes, en una sociedad hiperconectada y, en ocasiones, peligrosamente influenciada por el mundo digital.

Fuentes

https://www.msn.com/es-pe

https://www.francetvinfo.fr/

https://www.netflix.com/

https://www.bbc.com/

https://www.fotogramas.es/

https://viapais.com.ar/

https://www.lecturas.com/

https://www.latercera.com/

 

 

sábado, 17 de noviembre de 2018

UN SISTEMA EDUCATIVO SIN EMOCIONES NI MOTIVACIÓN


Por Nando Vaccaro Talledo – Noviembre del 2018



A propósito de un artículo anterior que publiqué (“Todo tiene su tiempo y su momento”), mi amigo, el Dr. Eduardo Granda Córdova, manifestó lo siguiente: “Interesante artículo; sin embargo, la edad de inicio sexual en el Perú oscila entre los 11 y 14 años y el embarazo adolescente es una realidad (que duele) y que va en aumento. Ante esta situación ¿Cuál sería tu propuesta como educador?”
Aprovecho para agradecerle a Eduardo por leer el artículo en mi blog, y por propiciar un encuentro dialéctico, reflexivo y analítico, pues esa es la intención de este espacio. Además, ha generado un nuevo artículo.

LAS TRAMPAS DEL PROPIO ESTADO PERUANO: en efecto, el embarazo adolescente es una de las tantas "realidades" en nuestro país, entre otros problemas sociales que nos abruman a diario, y que son expuestos por los medios de comunicación cuando hay un caso llamativo (por no decir morboso), pero sin un tratamiento a fondo ni constante por parte de los mismos medios y de las autoridades e instituciones competentes, lo que en gran medida explica por qué no hay cambios positivos notorios de esta y otras vicisitudes: pobreza, analfabetismo, burocracia, narcotráfico, informalidad (en todos los ámbitos), etc.


La situación del Estado Peruano es lamentable, inconsecuente, y los sectores fundamentales, salud y educación, son los más golpeados y corroídos. Desde los nombramientos indiscriminados y el posicionamiento de personas con títulos y currículos dudosos, hasta los malos tratos, la inercia diaria, la mediocridad y falta de visión colectiva; así como también caer en la inercia de hacer las cosas por cumplir, para salir del paso, el conformismo, la negligencia, la insensibilidad son otros de los tantos males que nos aquejan como individuos y carcomen a la sociedad. Por supuesto que aquellos que no pertenecen al sector público tampoco están exentos de estas deformaciones; pero en aquél está más arraigado.


INICIO SEXUAL A TEMPRANA EDAD: en cuanto al tema del artículo anterior, es cierto, no podemos negar que el inicio sexual de los adolescentes fluctúa, por lo general, entre esas edades que menciona el Dr. Granda, situación que no se ha originado en nuestro tiempo sino que casi siempre ha sido así (sobre todo para los hombres, quienes podían tener sus enamoradas adolescentes y todavía no tener encuentros íntimos con ellas, pero buscaban la forma de iniciarse sexualmente, ya sea con mujeres adultas o en burdeles).


Sin embargo, hoy se ve más potenciado (el inicio sexual) por los estímulos visuales y auditivos a los que están expuestos los y las adolescentes, desde canciones que hablan solo de sexo y contenido en la televisión e internet muy sugestivo, que dan como consecuencia no solo embarazos precoces sino múltiples enfermedades de transmisión sexual y afecciones a la salud mental y emocional (pero también porque los niños, adolescentes y jóvenes no tienen espacios sociales para expresar y desarrollar sus potencialidades; porque, por lo general, ir al colegio es una obligación muchas veces tortuosa; porque la educación no necesariamente favorece la movilidad social –pero sí la corrupción–; porque recién cuando terminan el colegio deben elegir una carrera u oficio, descubrir su vocación, conocer el mundo, como si hubieran estado encapsulados toda la etapa escolar; porque casi nadie se pone en sus zapatos, ni los comprende, ni entiende sus cambios fisiológicos, hormonales, sus necesidades, sus dudas, sus emociones…en fin; solo nos limitamos a culparlos pero no somos capaces de ofrecerles alternativas ni soluciones).


Debemos recordar, también, que no en todos los casos se "enciende" la libido a tan temprana edad; dependerá de los factores externos y ambientales, del proceso hormonal y la canalización de estímulos de cada adolescente. No obstante, para todos los casos, hay algo crucial: la educación como sistema no está cumpliendo un verdadero rol preventivo, sensibilizador y menos motivador.

EL ENTORNO EDUCATIVO: UN REFUGIO SIN EMOCIONES NI MOTIVACIÓN: La mayoría de niños y adolescentes ven el colegio, las clases y todo lo relacionado con el entorno académico como una obligación, una exigencia, una opresión, y no como un ecosistema armonioso para encontrarse a sí mismos y encontrar sus talentos, un escenario que los ayude a descubrir sus vocaciones, expresar sus emociones, sus sentimientos; es decir, para ser felices. Esto también explica, en gran medida, que el acercamiento a los libros, el arte y la cultura cueste tanto, porque no hay una orientación adecuada para relacionar la lectura con pasar un momento agradable, experimentar emociones y sentirse bien (algo que intento hacer desde la biblioteca municipal de Chulucanas).

Entonces, en una especie de rebelión a las imposiciones, de romper las cadenas de la opresión, de huir a ese “acuartelamiento” a que son sometidos en interminables horas de clases inertes, de no sentirse escuchados ni comprendidos, el reggaetón, las bebidas, las fiestas, el alcohol, las malas juntas, los videojuegos y por supuesto el sexo son más que una tentación, porque se convierten en un escape a la enajenación y alienación en que viven.

Si el sistema educativo, y por supuesto la familia y otros entornos, se enfocaran más en las emociones, en alentar las ganas de ir concretando sueños en lugar de frustrarlos con exámenes memorísticos; si, en definitiva, los adolescentes fueran motivados y desarrollaran su propia capacidad de explorar sus talentos y crecer con sus convicciones, estoy seguro que tendrían otra visión de la vida, madurarían más rápido y no caerían en tentación tan fácilmente; sin duda, se sentirían con seguridad y confianza para comunicarse, preguntar y saber elegir (incluso si tuvieran que elegir métodos anticonceptivos).

No digo que no deban salir a reuniones o fiestas, o empezar a tomar bebidas a una edad apropiada, o tener acercamientos exploratorios previos a las relaciones sexuales (tampoco se trata de ir contra la corriente ni reprimir “nuestro lado más instintivo”, pero sí de guiarlo a través de la razón y la educación para que puedan tomar mejores decisiones). Creo que si seguimos “educando” a los niños y adolescentes como si fueran máquinas para procesar información, para dar exámenes censales, coartados todo el tiempo, sin afecto, contención ni empatía, lo más probable es que todas las nefastas cifras sigan incrementándose. Debemos dejar de ver a los niños y adolescentes como una porción estadística, como números e indicadores y acercarnos al ser humano que habita en cada uno de ellos.



domingo, 20 de noviembre de 2016

LA DEPRESIÓN NO ES COSA DE PERDEDORES: ES UNA ENFERMEDAD


Por Nando Vaccaro Talledo – 20 noviembre del 2016

Aunque por estos días todos los medios estén focalizando la atención de la información en el foro de APEC, no podemos –ni debemos– olvidar que la depresión no es para perdedores. Este concepto fue exclamado por la excandidata presidencial Keiko Fujimori,  hace unos días en Lima, y de inmediato propició un consecuente rechazó por parte de innumerables personas e instituciones, entre ellas la Asociación Peruana de Psiquiatría.

Para quienes hemos vivido de manera directa e indirecta los problemas y sufrimientos que acarrea la depresión nos cuesta entender cómo una lideresa política puede cometer semejante desatino. Entiendo que “en el fondo” no haya querido expresar lo que finalmente se entendió; pero, por lo mismo, los personajes públicos y de innegable poder persuasivo deben ser cautelosos y precisos en sus discursos; porque si casi medio país votó por ella, quiere decir que sus palabras pueden influenciar los actos y pensamientos de mucha gente.

RECORDEMOS que la señora Keiko Fujimori, tras varios meses de ausencia mediática, apareció para inaugurar un nuevo local partidario. En gran parte de su alocución se dedicó a criticar al actual gobierno (está en su derecho como ciudadana y política, pero eso tampoco le hace bien a la “salud mental” de la población, porque lo que se espera de una lideresa inteligente son propuestas y asertividad). Y en un momento dijo textualmente lo siguiente: “especulaban que estaba deprimida, no me conocen. Jamás. Eso es para los perdedores. Yo no me siento perdedora”.

Lo que, seguramente, ella pretendió fue desarticular los rumores que encontraban en su derrota electoral la justificación de su ausencia en la participación política activa. Pero los personajes que tienen gran injerencia y repercusión social deben sopesar lo que exponen, porque en ellos importa tanto el qué y el cómo lo dicen. Aunque su intención no haya sido querer enmarcar de perdedores a las personas que sufren de depresión, lo cierto es que eso entendimos (otro asunto a discutir es que tildar de perdedor a alguien también resulta un agravio). Sin embargo, sería descabellado pensar que la excandidata haya proferido esa frase deliberadamente, teniendo en cuenta que sus padres han padecido esta enfermedad.

 ¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN? La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo. Se calcula que afecta a unos 350  millones de personas, y es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio.


El médico psiquiatra Alberto Fernández nos alerta sobre los síntomas: “los pacientes deprimidos exhiben tristeza y/o una falta de placer por las cosas que antes disfrutaban, pérdida o aumento importante de peso, somnolencia o insomnio, conducta agresiva o apagada, fatiga, sentimiento de inutilidad, pérdida de la atención y concentración que usualmente compromete la memoria de corto plazo e indecisión”. Si a los síntomas mencionados por el médico también perduran por más de quince días pensamientos de tristeza, trágicos y de muerte, entonces debemos encender la alarma y buscar ayuda de inmediato con un profesional de la salud mental, es decir un psicólogo, psicoterapeuta y psiquiatra (la OMS señala que no siempre aparecen todos los síntomas juntos). Fuente: http://vital.rpp.pe/expertos/la-depresion-enfermedad-o-debilidad-noticia-977311.

PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA: Recordemos que el artículo 2, inciso 1 de la Constitución del Perú, dicta que toda persona tiene derecho “a la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física…”. Es decir el Estado debe salvaguardar y garantizar este derecho,  en el que se establece prioridad a la salud mental. Sin embargo, no existe una política de Estado que contemple darle  urgencia a esta creciente necesidad. En algunas provincias ni siquiera existe un psicólogo de planta, y en el mejor de los casos solo Serums que, culminado su año de servicio, dejan a muchos pacientes a mitad de tratamientos. Ni qué decir de psiquiatras, que acaso ya es difícil encontrarlos en ciudades muy pobladas.

                El Dr. Fernández señala que la depresión es “un trastorno común y un problema de salud pública”. Y nos alerta sobre las estadísticas de esta enfermedad: “Estados Unidos tiene una prevalencia en 16,2% de la población. En el Perú, solo en la ciudad de Lima, alcanza al 19% de la población. A esta alta prevalencia se suma el hecho de ser una enfermedad que de no ser tratada tiende a la cronicidad generando en el individuo deterioro en los ámbitos social, laboral y cognitivo (Problemas de atención, concentración y de memoria). Además, se calcula que aproximadamente 2/3 de los pacientes deprimidos tienen ideas suicidas y 15% se suicidan”.

DESCONOCIMIENTO E IGNORANCIA: la falta de información y los prejuicios sociales son una conjunción que genera la ausencia de empatía por parte de familiares y amistades de quienes padecen depresión. Por eso ha sido tan criticable la declaración de Keiko Fujimori, porque el mensaje que nos ha transmitido es: si alguien se deprime es un perdedor, es decir una persona floja, sin voluntad ni convicción y por lo tanto merece nuestro rechazo. Nada más absurdo y peligroso que considerar a alguien depresivo como un fracasado, porque en ese estado no se puede juzgar la capacidad volitiva de una persona. Es por ello el rechazo y preocupación manifestados por la  Asociación Psiquiátrica Peruana en un comunicado emitido el 10 de noviembre.


                En este sentido, el psiquiatra Alberto Fernández manifiesta: “Los familiares y amigos del paciente deprimido, al no conocer las características de esta enfermedad o simplemente no aceptar su existencia, intentan “animar” al paciente con frases “poco felices” como:
•    “Lo que pasa es que no pones de tu parte”.
•    “No tienes derecho a estar deprimido porque tienes todo”.
•    “Lo que te falta es voluntad”.
•    “Yo también tuve depresión y salí solo”.
•    “Esas son tonterías, en mi tiempo esto no existía”.

                Lejos de ayudar, frases como estas hunden más a una persona deprimida, la hacen sentir culpable de su enfermedad y hasta pueden conducir a la desesperación que termina en un inexorable suicidio. No todas las depresiones manifiestan los mismos síntomas ni presentan el mismo nivel de intensidad ni “martirio” al paciente, por lo que cada proceso de mejora dependerá en gran medida de cuánto la impronta psíquica y emocional de la enfermedad ha calado en el paciente, y en este proceso es esencial el apoyo y acompañamiento de los seres cercanos, quienes deben informarse para descubrir que los pacientes tienen sus “momentos”, y que no es favorable demostrar debilidad, tristeza y menos hostigamiento al pretender acelerar el proceso.

LA DEPRESIÓN NO DISCRIMINA: En la revista Somos del diario El Comercio, del pasado 12 de noviembre, la magíster en psicología Doris Argumedo nos da más luces sobre el alance de esta enfermedad: “la depresión es una condición clínica que no está bajo el control de la persona. Todos tenemos episodios de estado de ánimo bajo, falta de sueño y disminución del apetito, pero cuando estos restringen nuestra funcionalidad normal requerimos atención personalizada. Cualquiera puede caer en depresión, pero no todos tienen los recursos emocionales para sobreponerse a ella, como los son las relaciones significativas o proyectos de vida”.

LA DEPRESIÓN EN EL PERÚ: en el portal web de RPP (la sección “Vital”) nos dan un alcance sobre las crudas estadísticas de esta enfermedad, con datos otorgados por el Instituto Peruano de Salud Mental: en nuestro país es el trastorno mental más común (alrededor de 1 millón 700 mil personas la padecen); en Lima metropolitana cada 22 minutos una persona intenta hacerse daño; de cada 100 adolescentes, el diez por ciento presenta episodios depresivos; la depresión causa entre el 60 y el 80% de los suicidios. Fuente: http://vital.rpp.pe/expertos/la-depresion-es-el-trastorno-mas-comun-en-el-peru-noticia-971106


TRATAMIENTO: en el mismo informe anterior, el director general del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, Humberto Castillo Martell, “La mayoría de trastornos tienen primero una base genética. Existe una cierta predisposición en algunas personas a sufrir un trastorno o no. Luego están los trastornos asociados al estrés. Cuanto más temprano es este, más severas son las consecuencias”. Por su parte, el Dr. Fernández señala que “hoy el avance en el conocimiento médico nos permite acceder a información que da evidencia de la realidad de esta enfermedad y en la actualidad existen tratamientos eficaces (farmacológicos y/o psicoterapéuticos) para su afrontamiento, y si es tratada a tiempo y de forma adecuada tiene excelente pronóstico”. Finalmente, debemos tener presente que la comprensión y el amor que ofrezcan amistades y familiares son factores que también se deben integrar en el tratamiento de recuperación.

martes, 23 de agosto de 2016

EL PERDÓN Y LA RECONCILIACIÓN EN LA PAREJA

Por Nando Vaccaro Talledo – Agosto 2016

Como ya saben nuestros seguidores, durante este 2016 el tercer viernes de cada mes el Colectivo por la salud mental “Hna. Margaret Walsh”, con sede en Chulucanas, ha organizado un ciclo de encuentros y conferencias bajo la temática: el amor es una decisión, la pareja como núcleo de la familia. En nuestra última reunión, del pasado viernes 19, el tema desarrollado fue EL PERDÓN Y LA RECONCILIACIÓN EN LA PAREJA, y estuvo a cargo del licenciado José Luis Valladolid.

Respecto a este asunto, recuerdo ahora la frase que le decía mi abuela a mi padre, quien siempre estaba renegando y enfrentándose a la gente: “¿cuándo vas a dejar de pelear para empezar a vivir porque no se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo?”. En verdad, no se puede cargar una mochila de lamentos, cólera, frustraciones y egoísmo si pretendemos vivir una vida tranquila, liviana, en paz y armonía. Y para empezar a descargar esa mochila, para sentirnos livianos, primero debemos abrir la mochila, es decir explorar en nosotros mismos, perdonándonos y reconciliándonos, y después ya estaremos listos para hacerlo con los demás.

Facundo Cabral solía comentar en sus conciertos una anécdota personal, relacionada con el perdón: decía que él recién empezó a vivir a los 17 años, y no cuando su madre lo alumbró, puesto que “una persona realmente nace cuando toma conciencia de su existencia”.  A esa edad Cabral conoció a un vagabundo que le narró “El Sermón de la Montaña”. Esta historia caló muy profundo en él, e hizo que reflexionara sobre su presencia en el mundo, y del peso y el dolor que causan el rencor y la amargura. Facundo había sido abandonado por su padre cuando muy niño, y tuvo una infancia dura y con carencias materiales y afectivas. Cuando él “empezó realmente a vivir” se dio cuenta de que no se podía transitar en la vida con semejante mochila, y decidió perdonarse y perdonar. Tenía 45 años cuando, al terminar un concierto, reconoció a su padre en medio del público, a pesar de haberlo visto solo una vez en una fotografía. Se acercó a él y lo abrazó. Con ese abrazo le demostraba su perdón y también “le decía gracias”; gracias por la vida, porque si él no hubiera fecundado a su madre Facundo no habría podido gozar de las maravillas de este mundo, y nosotros no nos hubiésemos beneficiado con sus pensamientos y canciones.

En el Colectivo por la Salud Mental hablamos más de encuentros y no tanto de conferencias porque lo que pretendemos es que esos espacios que ofrecemos sean vivenciales, dinámicos, que las personas sientan y compartan, que no adopten una postura pasiva y sedante escuchando a un ponente. Es por eso que el amigo José Luis Valladolid inició el último encuentro con una dinámica entre los presentes, que no eran todos parejas o esposos porque la invitación es para la familia y el público en general. El ejercicio consistió en rememorar los momentos felices, los más significativos, vividos con la pareja o de manera singular. Por ejemplo, el embarazo deseado, superar enfermedades y recibir el apoyo de seres cercanos, el servicio a los demás, retiros espirituales, pequeños momentos en el día. Y todos coincidimos en algo: que la alegría y la felicidad se encuentran en el compartir con los demás, en los encuentros espirituales que nos reconfortan. De hecho, nadie relacionó la felicidad a algo material, a la adquisición de un objeto. Incluso la alegría de tener una casa propia, un auto o una moto no llenarían nuestro corazón si no tuviéramos alguien con quien compartir lo que tenemos.

Valladolid enfatizó en lo trascendente que resulta empezar uno mismo a trabajar en lo personal y autoconvencerse: “yo voy a estar bien”, “me voy amar”. No podemos hacer el bien ni amar al prójimo si nuestra autoestima no está fortalecida. Debemos redescubrir a nuestro ser interior. Asimismo, manifestó que las relaciones de pareja no son fáciles porque se trata de dos personas distintas, con costumbres y formaciones diferentes. Por eso es recomendable que la pareja trabaje antes del matrimonio, que se entrene, y que por supuesto no salte “las etapas”:

1) amistad (porque los amigos se aceptan, entienden y están en todas)
2) enamorarse (la ilusión)
3) novios (fortalecer la relación)
4) matrimonio (compromiso)

Con relación a los hijos, hizo hincapié en que “ellos no hacen los que les decimos sino lo que ven e imitan”. Finalmente, invitó a todos los presentes a darse un fuerte abrazo, y nos exhortó a hacerlo siempre con nuestros seres amados porque el valor y la energía de un abrazo fortifican el alma de una manera única.

  

sábado, 30 de julio de 2016

ACUERDOS EN LA PAREJA PARA LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS


Por Nando Vaccaro Talledo - Julio 2016

En el marco de un ciclo de conferencias y encuentros denominado “La pareja como núcleo de la familia: el amor es una decisión”, organizados por el colectivo por la salud mental “Hna. Margaret Walsh”(1), se realizó el viernes 22 de julio, en Chulucanas, la exposición sobre métodos y estrategias para resolver conflictos de pareja, a cargo de la licenciada en psicología Fabiola Baldeón Wong. A continuación, el resumen (y no digo lo más destacado porque todo lo fue) de su presentación.

En una breve introducción, la psicóloga manifestó que se debe dedicar un tiempo concreto a la resolución de problemas en la pareja, que debe existir actitud de ambos porque el inconveniente siempre es de los dos; y lo más importante es la colaboración y la disposición a cambiar para ser feliz y hacer feliz.

“La salud mental la hacemos todos”, enfatizó la licenciada, entendiendo que cualquier acción positiva para nuestras emociones contribuye a la paz del alma y de la sociedad. Es importante saber que “la esencia del carácter (colérico, por ejemplo), no va a cambiar, pero sí la actitud frente a ese carácter. Se debe reconocer y tomar medidas para atenuarlo y disiparlo”, aconsejó Baldeón.

En terapia “una de las primeras cosas que se deben definir es
si hay o no amor en la pareja”, para lo cual habrá que deslindar el amor verdadero, que es puro, del amor emocional, es decir la química o necesidad corporal. Asimismo, afirmó que no es saludable saltar etapas porque lo más probable es que la inexperiencia después se encargue de fermentar nuevos inconvenientes.

REGLAS GENERALES EN LA FASE DE 
SOLUCIÓN DEL PROBLEMA
Ø  No discutir más de un problema a la vez.
Ø  Practicar ambos la escucha activa resumiendo lo que el otro dice antes de intervenir.
Ø  No hacer inferencias, juicios ni suposiciones; hablar de lo observado.
Ø  Evitar la lucha de poder.

FASES DE SOLUCIÓN
·         Centrarse en la solución y no volver al planteamiento una y otra vez.
·         Las soluciones han de centrarse en definir cambios con las conductas de ambos (entrenamiento de asertividad).
·         Hacer lista de soluciones con pos y contras (por escrito).

5 LENGUAJES DEL AMOR (del libro, con el mismo título, de Gary Chapman)
ü  PALABRAS DE AFIRMACIÓN
ü  TIEMPOS DE CALIDAD
ü  REGALOS Y SORPRESAS
ü  ACTOS DE SERVICIO
ü  TOQUE Y ACERCAMIENTO FÍSICO

(1) El colectivo por la salud mental Hna. Margaret Walsh es
una asociación civil sin fines de lucro, ecuménica y fraterna, originada en Chulucanas, Piura, y cuyos integrantes somos seres humanos de diversas profesiones y labores, que se fusionan con el fin último de coadyuvar a la salud mental y emocional de la comunidad a través de diversos eventos y actividades que procuran la participación  e integración de toda la familia.