sábado, 27 de junio de 2026

Tinta Club del Libro: el placer de descubrir leyendo (por Nando Vaccaro)

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(Por Nando Vaccaro Talledo – junio, 2026)

Este no es un artículo sobre el libro que recibí. Es un artículo sobre lo que la lectura de ese libro hizo conmigo, tanto como lector y escritor.

Durante muchos años elegí mis lecturas de una manera bastante predecible. Entraba a una librería, recorría los estantes de narrativa y terminaba llevándome novelas históricas, sociales o de gran aliento descriptivo. Casi siempre sabía lo que buscaba. Y, sin darme cuenta, también “sabía” lo que estaba dejando de leer.

Conocí Tinta Club del Libro gracias a las publicaciones de algunos escritores que sigo en redes sociales. Antes de suscribirme hice lo que suelo hacer cuando intento comprar algo por internet: investigar. Quise asegurarme de que se tratara de un proyecto serio y no de una promesa más en un mundo donde la inteligencia artificial hace cada vez más difícil distinguir entre lo auténtico y lo aparente. Solo cuando estuve convencido decidí pagar la membresía anual (que, además, permite tener un ahorro significativo).

No tardé en descubrir que Tinta no vende únicamente libros. Lo que propone es otra forma de acercarse a la lectura. Cada mes un escritor o una escritora asume el papel de curador y escoge una obra que los suscriptores reciben sin conocer de antemano. La incertidumbre forma parte de la experiencia. A ello se suma una cuidada edición en tapa dura, una revista con artículos y ensayos sobre la obra y una entrevista con el curador, además de encuentros virtuales donde los lectores intercambian ideas e interpretaciones (y cada dos meses un regalo especial).

Uno de los atributos que más me atrajo fue la curaduría. Siempre he pensado que uno termina leyendo aquello que confirma sus propios gustos. Es una comodidad comprensible, pero también una limitación. Cuando otro lector —y, en este caso, un escritor con una trayectoria reconocida— elige por ti, aparecen libros que probablemente nunca habrías tomado de un estante.

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Eso fue exactamente lo que me ocurrió con Seda, de Alessandro Baricco, una de las obras propuestas por el escritor peruano Alonso Cueto. No recibí ese libro porque me incorporé al club unas semanas después, pero decidí comprarlo para no perder la experiencia. Descubrí entonces una novela completamente distinta de las que acostumbro leer. Mientras yo suelo inclinarme por narraciones extensas, de fuerte contenido social y abundante descripción, Baricco escribe con una economía admirable: dice poco para sugerir mucho. Cada silencio parece tener tanto peso como las palabras.

Fue entonces cuando comprendí que el verdadero descubrimiento no consistía únicamente en conocer un autor nuevo, sino en enfrentarme a una manera distinta de entender la literatura. Como lector, la experiencia me obligó a abandonar ciertas expectativas; como escritor, me hizo reflexionar sobre el valor de la síntesis, del ritmo y de aquello que el texto calla para que lo complete el lector.

La actual curadora es Ariana Harwicz, una autora argentina de reconocido prestigio internacional. La obra elegida es Apuntes del subsuelo, de Fiódor Dostoievski, una novela que me ha dejado profundamente impresionado por su complejidad psicológica y por la sorprendente modernidad de una escritura publicada hace más de siglo y medio. Sobre esa lectura, y sobre las razones que hacen de Harwicz una curadora tan interesante, escribiré en el próximo artículo.

Después de estos primeros meses, creo que el mayor mérito de Tinta Club del Libro no está únicamente en la calidad de las ediciones ni en la comunidad que ha logrado reunir. Su mayor acierto consiste en devolverle al lector algo que con frecuencia pierde cuando elige siempre desde sus preferencias: la capacidad de sorprenderse.

En una época en la que los algoritmos nos recomiendan qué película ver, qué música escuchar y hasta qué libro comprar, resulta extraño —y al mismo tiempo estimulante— renunciar por un momento a esa comodidad y confiar en el criterio de otro lector. Al final, he descubierto que leer también consiste en aceptar esa pequeña incertidumbre. Y quizá allí resida una de las formas más auténticas de descubrir.

Como cierre, quiero expresar mi reconocimiento a quienes hacen posible este proyecto, en especial a Sandra Pulido Urrea, editora principal de Tinta Club del Libro, cuya experiencia en el mundo editorial y cultural ha contribuido a consolidar una iniciativa que hoy reúne a miles de lectores en distintos países. Para quienes deseen conocer mejor la historia y la filosofía detrás de este club, recomiendo la entrevista que le realizaron hace casi un año, donde explica cómo nació la idea y el propósito de construir una gran comunidad de lectores en América Latina.

https://peru21.pe/cultura/sandra-pulido-el-libro-digital-no-va-desplazar-al-libro-fisico/

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