Mostrando entradas con la etiqueta crítica literaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crítica literaria. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de agosto de 2026

La campana de cristal: el precio de la lucidez (por Nando Vaccaro)

Por Nando Vaccaro Talledo - agosto, 2026. 

                                                      
                                                        "Debería haber un ritual para las personas que vuelven a nacer”.
                                                        Sylvia Plath - La campana de cristal


Hay novelas que cuentan una historia. Otras, en cambio, nos obligan a vivirla. La campana de cristal, la única novela de Sylvia Plath, pertenece a esa rara estirpe de libros que no se limitan a narrar una caída: nos hacen respirar el mismo aire enrarecido que consume a su protagonista. En lo que a mí respecta, pocas novelas me han producido una impresión tan intensa y perdurable. Su lectura exige detenerse una y otra vez, releer una frase, volver sobre una imagen, demorarse en un silencio. Porque Sylvia Plath no es una narradora que poetiza: es una poeta que narra. Su prosa posee una doble naturaleza. A veces avanza con la precisión clínica de quien observa el mundo con una lucidez despiadada; otras, se eleva hasta alcanzar una belleza casi insoportable. Sus metáforas no embellecen la realidad: la revelan.

Llegué a esta novela gracias a la recomendación de la escritora argentina Ariana Harwicz para Tinta Club del Libro, dentro del ciclo Amor, ternura y otras obsesiones. El mes anterior habíamos leído Apuntes del subsuelo, de Fiódor Dostoievski, y confieso que, al principio, me costó encontrar el puente entre ambas novelas. Una transcurre en el San Petersburgo del siglo XIX; la otra, en los Estados Unidos de los años cincuenta. Una está protagonizada por un funcionario resentido; la otra, por una joven becaria de una revista de moda en Nueva York.

Solo al terminar La campana de cristal comprendí que ambas obras dialogaban entre sí, pues sus protagonistas padecen una conciencia excesiva. Ambos observan demasiado y descubren las grietas del mundo con una claridad que termina enfermándolos. Sin embargo, mientras el hombre del subsuelo transforma esa lucidez en resentimiento, Esther Greenwood queda atrapada bajo una campana de cristal. No deja de ver el mundo, pero ahora se encuentra oprimida y sumergida en una prisión de su propia mente.

Desde las primeras páginas intuimos que nuestra narradora-protagonista no termina de encajar en la vida que otros consideran ideal. Durante las vacaciones universitarias ha ganado una beca para trabajar en una prestigiosa revista de Nueva York, rodeada de jóvenes exitosas, vestidos elegantes y fiestas exclusivas. Todo parece indicar que debería sentirse feliz (al menos, según los indicadores sociales de lo que se entiende por felicidad). Pero la felicidad nunca llega. Hay un momento revelador en el que reconoce que intenta convencerse de que deseaba asistir a un desfile de modas para poder sentirse verdaderamente herida porque no la dejaron ir. Plath retrata con extraordinaria precisión un mecanismo psicológico tan sutil como inquietante: la mente busca justificar un dolor cuyo verdadero origen todavía desconoce. Ese malestar, sin embargo, no nace en Nueva York.

Poco a poco comprendemos que Esther arrastra heridas mucho más antiguas. La muerte temprana de su padre dejó un duelo nunca reparado; ella misma descubre, con desconcierto, que jamás lloró realmente su pérdida. Al mismo tiempo, siente que su madre no ha podido ofrecerle el refugio emocional que necesitaba. No resulta casual que las únicas figuras verdaderamente protectoras de la novela sean mujeres ajenas a su familia: primero Jay Cee, su jefa en la revista, cuya inteligencia admira hasta el punto de desear que hubiera sido su madre; más adelante la doctora Nolan, la única profesional capaz de verla antes como persona que como paciente.

Pero La campana de cristal sería una obra mucho menos poderosa si redujera la depresión de Esther a una historia exclusivamente íntima. Plath va mucho más allá. La novela constituye también una crítica implacable a la sociedad estadounidense de los años cincuenta. Esther descubre que el mundo funciona según reglas profundamente desiguales y con sesgos patriarcales. Buddy Willard, el novio perfecto a los ojos de todos, mantiene relaciones sexuales mientras defiende que las mujeres deben llegar vírgenes al matrimonio. La doble moral masculina deja de ser una abstracción para convertirse en una experiencia personal. Más adelante comprenderá que el problema no era Buddy, sino un sistema entero que asignaba libertades distintas según el sexo de quien las ejerciera.

Por eso resulta tan significativa una de las frases más contundentes de la novela: "los hombres que odian a las mujeres consiguen que parezcan ridículas". No es una condena indiscriminada hacia los hombres, sino el reconocimiento de una estructura que infantiliza, limita o desprecia a las mujeres cuando intentan construir una identidad propia. Y Esther desea precisamente eso: una vida que no dependa de nadie: "No soporto pensar que un hombre me tiene en un puño”, confiesa en uno de los pasajes más reveladores del libro. No rechaza el amor; rechaza la subordinación. Intuye que el matrimonio, tal como se concebía entonces, podía convertirse en la renuncia definitiva a su libertad intelectual.

Resulta imposible leer la novela sin advertir las resonancias con la propia vida de Sylvia Plath. Aunque no sea una autobiografía, sí posee un evidente carácter confesional. Esther Greenwood funciona como un alter ego literario de la autora. Ambas fueron estudiantes brillantes; trabajaron en una revista femenina de Nueva York; padecieron una grave depresión; intentaron quitarse la vida; y ambas fueron sometidas a tratamientos psiquiátricos. Pero reducir la novela a un simple reflejo biográfico sería empobrecerla. Como recordó Joyce Carol Oates, la obra de Plath no debería leerse únicamente a la luz de su muerte, sino como el extraordinario logro artístico que verdaderamente es. Y justo ahí reside su grandeza. Plath transforma la experiencia vivida en literatura.

Las biografías coinciden en describirla como una mujer extraordinariamente inteligente, perfeccionista, ansiosa y necesitada de reconocimiento. También muestran el profundo conflicto que vivió al intentar conciliar su vocación literaria con las expectativas que la sociedad imponía a las mujeres de su tiempo. Mientras su esposo Ted Hughes era celebrado como uno de los grandes poetas ingleses de su generación, Sylvia seguía siendo, para muchos, "la esposa de". Aquella sensación de quedar relegada encuentra un eco evidente en Esther, cuya identidad comienza a derrumbarse cuando no es admitida en el curso de escritura creativa. Ese rechazo no provoca la enfermedad: destruye el último lugar donde todavía podía reconocerse. A partir de entonces la novela desciende hacia el corazón mismo de la depresión.

Plath describe con una precisión casi clínica —pero al mismo tiempo con su impronta poética— la pérdida progresiva de la voluntad, la incapacidad para disfrutar de aquello que antes daba sentido a la vida, el aislamiento, la culpa y la aparición insistente del deseo de morir. Pero nunca convierte el sufrimiento en espectáculo. Lo vuelve experiencia. Cuando Esther afirma que preferiría sentir un dolor físico antes que continuar soportando el vacío que la consume (algo que hemos pensado y sentido quienes padecemos depresión y hemos estado también atrapados en nuestra propia campana de cristal), entendemos que la depresión no consiste simplemente en estar triste, sino —y sobre todo— en dejar de sentir. Es por eso que ninguna imagen expresa mejor ese estado que la metáfora que da título a la novela.

La campana de cristal no simboliza únicamente una enfermedad mental; también la imposibilidad de participar del mundo. Todo continúa existiendo al otro lado del cristal, pero el aire deja de circular. Esther comprende que, aunque viajara a Europa o recorriera el mundo en un crucero, seguiría "fermentándose en su propio aire malsano". No es el entorno lo que ha enfermado: es la forma en que su conciencia ha quedado encerrada dentro de sí misma.

La aparición de la doctora Nolan introduce entonces una esperanza inesperada. No porque cure milagrosamente a Esther, sino porque le devuelve algo mucho más importante: la dignidad. La escucha. Le explica los tratamientos. La acompaña. Comprende que antes de intervenir sobre una enfermedad es necesario reconocer el sufrimiento de quien la padece. No deja de ser significativo que Plath no condene el electroshock en sí, sino la deshumanización con que fue aplicado. El primer tratamiento, administrado por el doctor Gordon, se vive como una tortura. El segundo, bajo el cuidado de la doctora Nolan, deja de ser un castigo para convertirse en parte de un proceso de recuperación.

Y entonces ocurre una de las imágenes más hermosas de toda la novela: la campana de cristal no ha desaparecido —porque la depresión no desaparece—, pero ahora cuelga unos centímetros por encima de la cabeza de Esther, que ya puede volver a respirar con calma. Ese detalle cambia por completo el sentido de la obra, pues Plath no escribe una historia de curación definitiva sino una historia de supervivencia. La posibilidad de recaer permanece siempre presente. La campana podría volver a descender. Plath comprende que algunas heridas no desaparecen definitivamente: se aprenden a habitar con ayuda, cuidado y esperanza.

Es por eso que me conmovió tanto una frase casi escondida hacia el final del libro: "debería haber un ritual para las personas que vuelven a nacer". No se refiere únicamente a quienes sobreviven a una depresión; habla de todas aquellas personas que regresan de un sufrimiento profundo siendo otras. La sociedad celebra los nacimientos, los matrimonios y los funerales, pero carece de ceremonias para quienes logran reconstruirse después de haber conocido el infierno.

La crítica Heather Clark ha señalado que La campana de cristal narra el colapso y la recuperación de una joven, al mismo tiempo que constituye una devastadora denuncia del sistema psiquiátrico paternalista que interpretaba la ambición femenina como una forma de neurosis. Y tiene razón. Pero esta monumental novela es todavía más amplia que eso. Porque, más de sesenta años después de su publicación, continúa hablándonos a todos: de la identidad, del fracaso, de la soledad, del miedo a no encontrar un lugar en el mundo y del enorme costo que puede tener la lucidez cuando no encuentra dónde respirar.

Quizá esa sea la verdadera razón por la que La campana de cristal permanece como un clásico de la literatura universal. Porque todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos sentido que el mundo seguía su curso mientras nosotros permanecíamos atrapados detrás de un cristal invisible. Y porque Sylvia Plath encontró las palabras exactas para describir ese aire que, aun sin verlo, tantos hemos respirado.




  

domingo, 23 de noviembre de 2025

RESEÑA LITERARIA DE ‘EL COLOR DE LA POESÍA JUVENIL LEONCIOPRADINA E IDENTIDAD CULTURAL’, DE CARMELA FRY

 Por Nando Vaccaro T. – noviembre, 2025

Portada del libro.
Al hablar de El color de la poesía juvenil leonciopradina e identidad cultural no sólo debemos enfocarnos en un libro, sino en un gesto. Un gesto pedagógico, cultural y profundamente humano. Carmela Fry Palacios recoge, sistematiza y fundamenta en esta obra una experiencia que, para quienes hemos pasado por el Colegio Militar Leoncio Prado, resulta tan reconocible como entrañable: el intento por encontrar la propia voz en medio de una institución que, por su naturaleza castrense, parece exigir primero disciplina, obediencia, orden, y dejar la sensibilidad en un segundo plano. Pero Carmela Fry demuestra lo contrario: en esas mismas estructuras emerge —a veces a borbotones— la pulsión creativa del joven cadete (como bien lo han señalado ilustres leonciopradinos del ámbito de las letras; verbigracia, Vargas Llosa y Scorza Torres).

DESDE LA MIRADA DE ESCRITOR Y EXCADETE DEL CMLP

Carmela Fry junto a los cadetes del taller.
Como exalumno leonciopradino, lo que más me interpela de este trabajo es la fidelidad con la que retrata el contexto: el internamiento, la omnipresencia del reglamento, la ritualidad castrense, la diversidad social y geográfica de los estudiantes, y ese largo combate silencioso entre la adolescencia —con sus crisis existenciales, sus ganas de romper el mundo— y el orden institucional que intenta moldearla. En ese ambiente, el taller Extramuro Poético aparece como un territorio de respiro: un pequeño “extramuros” dentro del “intramuros”. Un lugar en el que la palabra escrita se vuelve catarsis, identidad; y, al mismo tiempo, acto de resistencia creativa.

Desde un ángulo académico, el libro está organizado como una investigación formal: plantea el problema, expone antecedentes teóricos (desde Mansilla Torres hasta Cassany y Saavedra), describe un enfoque metodológico mixto —con una elaborada lista de cotejo de conductas— y presenta resultados estadísticos claros sobre el desarrollo comunicativo, intelectual y socioemocional de los cadetes participantes. Pero lo verdaderamente vibrante de la obra no es la estructura universitaria sino su trasfondo humano. Fry no solo investiga: acompaña, registra, guía. La autora se coloca del lado de los jóvenes sin renunciar al rigor analítico.

Entrevistada por Patricio Perales.
El libro propone y demuestra que la estrategia de comunicación escrita no es un simple refuerzo escolar, sino un vehículo de identidad cultural. La poesía, los cuentos, las lecturas de autores latinoamericanos, la escritura libre, la declamación: todo se convierte en herramienta para que los cadetes descubran —y afiancen— quiénes son. La teoría del constructivismo cognitivo aparece aquí no como marco abstracto, sino como un modo concreto de acompañar los procesos internos de esos adolescentes en pleno “torbellino piagetiano”.

Como excadete, confieso que la lectura me permite evocar las tardes de retreta, amaneceres fríos, cuarteles que olían a metal y tierra, y conversaciones nocturnas en las cuadras donde más de uno —aunque lo negara— tenía adentro un poeta dormido. Este libro les da nombre. Les da espacio. Les da método. Y les da valor.

El color de la poesía juvenil leonciopradina e identidad cultural es un documento valioso tanto para la comunidad educativa del país como para la familia leonciopradina en general. Para el lector académico ofrece una investigación sólida; para el escritor, una experiencia estética en gestación; y para el excadete, una memoria compartida, un espejo, un recordatorio de que incluso en la formación más rígida florecen la sensibilidad, el arte y la palabra.

jueves, 13 de noviembre de 2025

LENIN HEREDIA NOS MINTIÓ: EL AUTOR DE ´NADA NOS UNE´ SÍ CREE EN LOS VÍNCULOS HUMANOS (por Nando Vaccaro)

 Por Nando Vaccaro Talledo - noviembre, 2025.

«Becky ha muerto». Así empieza la novela más reciente de Lenin Heredia. Una apuesta sorprendente, pues asume el reto de un pacto con el lector: te adelanto desde las primeras líneas lo que va a suceder, pero a cambio me darás la oportunidad de quedarte conmigo página tras página para saber cómo sucedió y por qué. Y yo considero que, en efecto, la apuesta de Lenin ha sido exitosa: es una novela que te mantiene en vilo de principio a fin, con un realismo crudo y descarnado que logra conectar con las fibras más íntimas de cada lector, pues algún pasaje de la historia, alguna característica de un personaje o un pensamiento indebido te tocará en lo más profundo de tu ser.

En la contraportada del libro se nos adelanta que Nada nos une “es una novela acerca de las pérdidas imposibles, los cuerpos vigilados y las heridas que el tiempo no llega a cerrar”. Sin embargo, la ambición novelística del autor ha logrado sacar una radiografía de cuerpo completo a nuestra sociedad actual, maniatada no sólo por la violencia sino también por la irrupción de la tecnología, por ese sometimiento a las pantallas que nos hace perder vitalidad y empatía; y, en el caso de la protagonista, hasta la propia vida.

Nada nos une nos interpela desde el título: vivimos actualmente hiperconectados a través de las redes sociales en nuestros dispositivos tecnológicos, aunque muchas veces no sabemos qué está pasando con nuestra propia familia; ni siquiera miramos a los ojos cuando conversamos personalmente porque nuestras cabezas siempre están ancladas a la pantalla.

Como bien ha escrito Horacio Hidalgo para Círculo de lectores, Nada nos une está narrada desde la perspectiva de tres personajes; y desde estos puntos de vista el narrador omnisciente nos refiere la historia de la adolescente, “a quien el lector solo podrá conocer en la medida en que su recorrido vital, y por lo tanto su muerte, afecte la vida de los que la conocieron”.

En cuanto a su tono y forma narrativa, se evidencia un trabajo de artesanía depurada: oraciones cortas y yuxtapuestas que preparan el clima tenso y trepidante que recorre casi toda la novela. El autor emplea una prosa sobria, precisa y fragmentaria, lo que ya se ha consolidado en una impronta de Lenin, quien ha sabido orquestar una banda sonora narrativa que combina elementos de percusión con acercamientos emotivos al corazón de cada personaje; y como contrabajo, una voz de alejamiento para relatar, con el mayor grado de objetividad, la fatalidad que los desvela.  

Coincido con John Valle, quien, en el blog El hablador, a propósito de Nada nos une, señaló: “el recurso dialógico es una herramienta muy bien aprovechada que contribuye a la presentación de los personajes a través de sus actos cotidianos”. Yo también juzgo que uno de los grandes logros de Lenin, y que seguramente le habrá causado varias noches de insomnio, ha sido la creación de sus personajes, cuidadosamente delineados y caracterizados con una verosimilitud impresionante.

Y a propósito de los personajes, una confidencia grata y evidente para los lectores de Lenin Heredia es que esta novela dialoga con su antecesora Morir en mi ley. En ambas hay una búsqueda por diseccionar la violencia. Los personajes quedan atrapados, subyugados a sus propias decisiones, como si estuvieran atados a la misma piedra de la insensatez. A mi modo de ver, las aproximaciones temáticas entre estas obras no son redundantes ni excluyentes la una de la otra; por el contrario, las dos novelas confluyen hacia la reflexión sobre el dolor y la memoria.

 

LENIN HEREDIA PRESENTÓ NADA NOS UNE  EN SU TIERRA, PIURA 

Para quienes residimos en Piura, ha sido muy grato que el autor regrese a su tierra para presentar su última producción literaria. Gracias al dinamismo de los presentadores, y a la intromisión de este servidor con un par de preguntas tangenciales, hemos logrado profundizar en el análisis de las temáticas que propone la novela. Para Crisanto Pérez, catedrático de la UDEP, Nada nos une deja en evidencia que, con las opciones y fines que puede tener un celular, “a diferencia de lo que usualmente creíamos, ahora la casa ya no es un lugar seguro”. Un escenario similar al que acudimos a través de la serie Adolescencia, cuyas repercusiones analicé hace unos meses: https://lapalabrabrota.blogspot.com/2025/04/repercusiones-de-la-serie-adolescencia.html

Uno de los temas que construye esta novela es el duelo, ese agudo dolor ante la pérdida irreparable de un ser querido; una tormenta por la cual hemos atravesado todas las personas en algún momento, pues la muerte forma parte de la vida, aunque siempre sea difícil hablar de ello. “Por eso”, nos dice el autor, “creo que una de las funciones que tiene la literatura es abordar esos temas que son complejos de hablar”.

Durante la presentación, Lenin no sólo compartió la mesa de honor con Crisanto Pérez, sino también con la docente y escritora Ana Belén Inga, quien propuso la lectura de Nada nos une para los adolescentes y jóvenes. Le pregunté al autor si creía que los padres, docentes y las instituciones educativas considerarían la lectura de su obra, teniendo en cuenta los recelos y prejuicios que existen precisamente de tratar temas tan sensibles, pero, por lo mismo, imprescindibles. Al respecto, el autor indicó que “con una guía de lectura adecuada se puede acompañar al abordaje de esta obra y sus temas”.

En la parte final de la presentación, Lenin nos confesó: “Yo sí creo que todo nos une”, aunque el título de su novela sugiera lo contrario. Para él, las personas sí buscamos unirnos y construir vínculos, muy a pesar de que sea complicado en la actualidad. “El título de la novela es una provocación”, nos reveló. Lo mismo que decir, una invitación seductora a la lectura que se ampara en una estrategia literaria.  

Recuerdo que Facundo Cabral decía: “la vida es el arte del encuentro”, y que estamos (o deberíamos estar) en constante movimiento, que nada es permanente. Lenin parece haber conversado sobre esto con el cantautor argentino; y ya sea por la sensibilidad propia de todo artista o por la curiosidad de su vertiente investigadora, nos comentó que él siempre tiene “la percepción de que están pasando muchas cosas al mismo tiempo, y eso he querido plasmar en todo momento”. Y lo ha logrado: las atmósferas situacionales y los escenarios que pueblan la historia están revestidos por los detalles minuciosos de un arquitecto de la palabra.

En definitiva, con Nada nos une Lenin Heredia nos demuestra el caudal inagotable de su talento creativo, que ahora lo ubica como uno de los referentes de la narrativa peruana; y que el género novelístico, como bien ha referido Juan José Millás, sigue siendo una “forma de resistencia”, una representación del arte que reivindica la memoria y la imaginación.   

 



lunes, 15 de septiembre de 2025

La metamorfosis de Kafka (Por Valeria Rodríguez Vilela)

 Por Valeria Rodríguez Vilela - septiembre 2025


Kafka publicó La metamorfosis cuando vivía en Praga, entonces parte del Imperio austrohúngaro, en 1915, durante la primera guerra mundial, en un escenario de vicisitudes sociales y problemas económicos para la familia del escritor checo, quien, a sus 32 años, tenía dificultades en las relaciones interfamiliares, especialmente con su padre, lo cual motivó en Kafka la escritura de extensas cartas en las que expresaba su rechazo hacia la figura autoritaria y déspota de su progenitor. En el siguiente extracto podemos comprender lo que sentía el joven Franz: “Yo, flaco, débil, enjuto; tú, fuerte, grande, ancho. Ya en la caseta me sentía miserable, y no sólo frente a ti, sino ante el mundo entero, porque tú eras para mí la medida de todas las cosas”.

En esta obra literaria se narra la transformación de Gregorio Samsa, un comerciante de telas encargado de mantener económicamente a su familia. La historia comienza una mañana cuando Gregorio se despierta, “tras un sueño intranquilo”, convertido en un insecto. Su primera reacción es de ansiedad, no tanto por su apariencia y estado actual como por la necesidad de asistir al trabajo, pues debe saldar una deuda con su jefe lo antes posible.

La familia está preocupada porque Gregorio no ha salido de su cuarto para ir al trabajo, como normalmente lo hace. En ese ínterin, llega a la casa un representante de la empresa donde él labora. Desde afuera del cuarto, el visitante trata de persuadir a su empleado para que salga y se reincorpore a sus labores. Gregorio quiere responder que se encuentra bien; sin embargo, por su transformación le resulta imposible darse a entender, porque lo único que emite son sonidos extraños, propios de esa especie.

Horas después, con sus familiares ya angustiados, la visita del principal de la empresa propicia el descubrimiento del gran insecto que se encuentra dentro de cuatro paredes. La reacción de la familia es de rechazo; sus actitudes violentas y denigrantes hacia Gregorio hacen que él crea que es un monstruo. En este punto resulta irónico patentizar cómo aquellos que supuestamente lo aman y respetan por ser el proveedor del hogar, ahora, en un momento de angustia y desesperación, le dan la espalda. Con el pasar de los días el deseo por deshacerse de él aumentan; el dinero escasea y la comida se agota, mientras sus padres y la hermana buscan formas para subsistir sin él.

En esta obra, una de las más influyentes de la literatura universal, el autor explora temas sociales que siguen siendo relevantes hoy en día. El “valor” de un individuo reside en su capacidad de trabajo y generación de ganancias, subyugado a un sistema económico capitalista. La monotonía y el trabajo alienante revelan que Gregorio sólo vivía para trabajar, atrapado en una rutina sin satisfacción personal, y es deshumanizado al convertirse en un insecto y perder el rol de productividad que la sociedad le exige. 

Kafka utiliza la metamorfosis de Gregorio como una alegoría de la alienación y la pérdida de identidad. Samsa no tiene amigos ni pareja, y su falta de autoestima deviene en una enajenación total de las relaciones humanas. Gregorio acepta su transformación sin preguntarse por qué ocurrió, o cuál es el sentido de ese suceso. A medida que avanza el relato, el sentimiento de culpa y la frustración lo conducen a su propia autodestrucción. En consonancia con esto, la estructura sencilla de la novela contrasta con la complejidad emocional que experimenta el personaje central, un punto clave en la obra que a los lectores nos lleva a recapacitar sobre la búsqueda de sentido de pertenencia en un mundo indiferente.

Este clásico de la literatura universal también nos permite reflexionar sobre la denominada cultura de descarte y su incidencia en la salud mental. Esta “cultura” se evidencia en el rechazo que sufre Gregorio, puesto que, al no cumplir con los requisitos que impone la sociedad, el individuo es sistemáticamente descartado y marginado. El mismo Kafka padecía de depresión y tenía dificultades en sus relaciones interpersonales, lo que propiciaba en él la pérdida de interés para relacionarse socialmente; y estos “demonios” del autor fueron plasmadas en los personajes de sus relatos.  

La trascendencia de su obra es de tal magnitud, que Franz Kafka se encuentra en el olimpo de escritores cuyo apellido ha dado origen a un nuevo término en todos los grandes idiomas. Decir que algo es “kafkiano” se entiende como sinónimo de lo absurdo y angustiante, de atravesar una situación opresiva y hasta irracional, como las que describía Kafka en sus creaciones literarias. Hoy más que nunca la obra de este autor universal cobra relevancia para entender el mundo en el que coexistimos, alienados por la intrusión de las redes sociales, la burocracia agobiante en el Estado, la preponderancia de la apariencia por encima de los valores y la gran fragilidad en los vínculos familiares.

 


miércoles, 3 de septiembre de 2025

¿ES LA LITERATURA UN FRENTE DE RESISTENCIA? (Por Nando Vaccaro T.)

                                

Por Nando Vaccaro Talledo – septiembre 2025


Todo dependerá de qué entendemos por literatura, qué leemos, cómo interpretamos lo que leemos y en qué momento de nuestras vidas nos encontramos. Para un estudiante de inicial y primaria, la literatura son cuentos de fantasía que tienen, casi siempre, una enseñanza o moraleja; para los de secundaria, pueden ser textos tediosos y forzados como señuelo para encontrarle las claves a la gramática. Y en la vida adulta obedecerá a la carrera que se siga y la cercanía que hemos tenido con los libros. Recordemos también que, a lo largo de la historia, la literatura, y en particular algunos libros, ha sido censurada por diversos regímenes que buscaban evitar el acceso de los ciudadanos a ideas que pudieran hacerlos “despertar” de la realidad opresora en que vivían.

En la actualidad, mientras que para el filósofo Byung-Chul no es posible ninguna revolución por el escaso tiempo que nos queda para elucubrar pensamientos, para el escritor brasileño Julián Fuks “la literatura es la resistencia frente a un mundo que no nos deja pensar”, donde abunda la información (y la desinformación), las trampas hipnóticas de las redes sociales y el sometimiento (consciente o no) a las influencias externas. Ahora ya no son las dictaduras o los regímenes totalitarios los que impiden el acceso a la literatura y la información, sino la falta de tiempo.

Fuks señala, y con mucho sentido, que nuestra sociedad está empachada de información, y esa sobreabundancia de ideas, más allá de que sean verdaderas e interesantes, impide que forjemos pensamientos, pues estos necesitan “del vacío, de un silencio entre una idea y otra”.  Precisamente La resistencia es el nombre de la novela de Fuks que narra las vicisitudes de una familia argentina que emigra hacia Brasil huyendo de la dictadura y la represión. La novela es una aleación del drama propio de las relaciones familiares en un periodo histórico donde la falta de seguridad y el temor constante son el pan de cada día. 

En un artículo que analiza esta novela, Eurídice Figueiredo precisa que se trata de una literatura de resistencia no sólo por la temática que aborda (sufrimiento humano en centros de tortura o campos de exterminio) sino por sus características de forma: “la ausencia de linealidad, la tensión entre lo real y lo ficticio, la investigación, el uso de hipótesis, plausibles o inverosímiles, y la preocupación por el tema social”. En palabras de Viart, este tipo de literatura constituye una “escritura de la restitución" que no acepta las ideas listas ni las verdades preestablecidas. En una entrevista que le realizó Valeria Tentoni, a propósito de esta premiada obra y su llegada a la feria del libro de Buenos Aires, Fuks revela que “la idea es que se construya una noción polisémica de la palabra resistencia y de algunas otras a lo largo del libro”.  

En otro espacio de diálogo sobre literatura, Fuks expuso que no le interesa la función que pueda tener en lo distractivo, sino su abordaje más bien reflexivo. Y para ello es imprescindible que la literatura “hable sobre los sentimientos contemporáneos”. Algunos escritores se pierden en este camino porque su narcisismo no les permite separar la ficción de la autobiografía, y no siempre nuestras vidas serán interesantes o permitirán que los lectores se vean reflejados. Por eso Fuks, con un criterio pertinente, resalta la necesidad de dar importancia a los personajes. Una historia puede ser atrapante, pero, para generar reflexión y empatía en el lector, debe tener personajes que estén descritos en todos sus detalles, en lo que se ve y no se ve.

Esto último es evidentemente un punto a favor de la posibilidad revolucionaria de la literatura, en cuanto a impulsar la reflexión y la creación de pensamientos propios, a diferencia de lo que se encuentra en redes sociales, donde sólo se muestra un lado del ser humano y el resto se esconde. “La literatura tiene la función de exponer el lado que nadie ve”, destaca Fuks.

En esa línea, también debemos evocar el ensayo La resistencia del genial Ernesto Sábato, una obra que quizás haya sido la aproximación más existencialista del autor en su afán por encarar temas que nos increpa la sociedad moderna, como el individualismo o la pérdida de los valores espirituales, y la posibilidad de encontrar respuestas para alcanzar una vida más humana, aunque estemos atravesando soledades perturbadoras pues no tenemos una verdadera comunicación afectiva con los demás. 

Ante la interrogante de si la literatura sigue siendo un arma de resistencia, o si simplemente responde a criterios estéticos vinculados a lo que la sociedad demanda como lectura, David Fueyo nos invita a desentrañar la naturaleza de la literatura en la sociedad contemporánea, que es compleja e inabarcable. Y para ello hay que ser realistas: en los tiempos que corren, muchas ediciones de obras literarias se realizan priorizando los intereses comerciales, y ser escritor no resulta en sí una profesión o un oficio porque muy pocos pueden vivir de lo que escriben y publican, con lo cual el “amor al arte” se va extinguiendo. Asimismo, los algoritmos de las redes sociales se encargan de sugerir lecturas en función de lo que consume cada persona, y esto potencia la aparición de las llamadas “burbujas literarias”, con una oferta de libros ajena a la producción de “obras más disruptivas, que serían necesarias para ejercer una verdadera resistencia”. Incluso las tertulias y los espacios literarios, otrora de convocatoria masiva, ahora se ven reducidos a grupúsculos de bibliófilos, mientras reinan los llamados “creadores de contenido”, aunque estén carentes de ideas.

Sin embargo, no podemos hablar en términos absolutos. Hay autores que, con una estética refinada, han abordado temas sensibles y profundos, como la bielorrusa Svetlana Aleksiévich o el nigeriano Wole Soyinka, ambos galardonados con el premio Nóbel de literatura. Pero no menos cierto es que, salvo para los lectores decididos que hurguen entre los demasiados libros publicados, las cadenas de librerías comerciales imponen en sus escaparates publicaciones que se ofrecen más por su apariencia que por el contenido.

Y a todo esto, ¿dónde queda el rol del escritor, en este mar revuelto de ideas superficiales y verdades inconclusas? Pues debería ser el mismo de siempre: escribir con convicción, desde su propia honestidad en cuanto a la estética literaria y su visión de aportar a la revolución del mundo, que no es otra cosa, como diría García Márquez, que estar convencido del gran poder que tienen las palabras para transformar vidas.



viernes, 28 de marzo de 2025

MARIO VARGAS LLOSA: EL INMORTAL (Por Nando Vaccaro Talledo)

Por Nando Vaccaro Talledo (marzo, 2025).

Círculo de Lectores, un espacio magnífico de divulgación literaria, tanto en formato virtual como físico, ha dedicado su décima edición de revista para homenajear a nuestro premio Nóbel en el día de sus 89 años. Para acceder a esta revista de manera gratuita, en caso de no conseguirla en formato impreso, basta con entrar a la web https://circulodelectores.pe y hacer clic en la sección “revista literaria”. En esta parte están alojadas las 10 revistas que ya se han publicado, además de todos los artículos, cuentos, poesías y otros textos que se comparten a diario, con un criterioso sentido de calidad literaria.

Portada de la edición 10 de la revista "Círculo de lectores".

El título de la décima edición de la mencionada revista es “Mario Vargas Llosa: el inmortal”. Y realmente le hace justicia, pues más allá de los años que el aclamado escritor pueda estar sobre la tierra (que ojalá sen muchos más), su nombre y su obra perdurarán por siempre. Es definitivamente uno de los mejores escritores de nuestra lengua y de todas las lenguas.

Además del premio Nóbel de Literatura (2010), ha recibido múltiples galardones como el Gran Collar de la Orden del Sol del Perú (2023), el Premio Príncipe de Asturias de Letras (1986), el Premio Miguel de Cervantes (1994) Premio de la Crítica de Narrativa Castellana (1964), Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (1967), Premio de la Crítica de Narrativa Castellana (1967); y el Premio Planeta (1993).

Asimismo, es miembro de diversas organizaciones como la Real Academia Española, la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, la Academia Brasileña de Letras, la Academia Peruana de la Lengua y la Academia Francesa. Y tiene múltiples distinciones de doctor honoris causa por prestigiosas universidades del mundo. Basta con entrar a la página web del autor para quedar maravillado ante tantos laureles, que hasta pareciera imposible que una sola persona haya logrado tanto en una sola vida.

Aún recuerdo como si fuera ayer aquel día de octubre del 2010, cuando nos enteramos de la noticia: Mario Vargas Llosa recibía, por fin, el Premio Nobel de Literatura. Y como bien menciona Gabriel Rimachi, director de Círculo de Lectores, con ese galardón puso “toda la atención del mundo en el Perú, en los paisajes, tiempos, historia y memoria que había necesitado el escritor para construir una obra que desarrollara «su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes agudas de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo». Pero este premio era el corolario de una vida dedicada a la literatura. Vargas Llosa es parte de la historia social de América Latina, su voz, sus historias, sus obsesiones, sus inteligentes críticas al poder y las tiranías, su paso por la izquierda revolucionaria, su decepción de la misma, su conversión a liberal y desde entonces su firmeza en esas ideas de libertad, han hecho de él un referente ineludible para entender nuestro país”, precisa Rimachi.

Mario Vargas Llosa nació en Arequipa en 1936 y es, desde hace varias décadas, uno de los escritores más influyentes de la literatura contemporánea. Su obra abarca novelas, ensayos, obras de teatro y periodismo, y ha sido traducida a numerosos idiomas. Para conocer el impacto de su obra en la literatura mundial, mencionaré algunos puntos clave. Vargas Llosa es conocido por su dominio de técnicas narrativas complejas, como el uso de múltiples perspectivas, saltos temporales y monólogos interiores. Sus novelas exploran la condición humana, la política, la historia y la cultura latinoamericana con profundidad y perspicacia. Es menester mencionar obras como La ciudad y los perrosLa casa verde y Conversación en La Catedral, que han sido fundamentales para dar a conocer la realidad social, política y cultural de América Latina al mundo, y en particular la de nuestro país. Asimismo, Vargas Llosa ha sido un defensor incansable de la libertad de expresión y de los derechos humanos, y su obra refleja su compromiso con estos valores.

Sala "Vargas Llosa" de la biblioteca municipal de Piura.

Un aspecto que debo rescatar es su vínculo con Piura. Precisamente en su artículo académico titulado Piura en la obra narrativa de Mario Vargas Llosa, El poeta Marcos Matos señala que el Nóbel “escoge distintas porciones del territorio de América como escenario de sus obras de ficción. Dentro de sus múltiples opciones, Piura es, dentro del Perú, la zona privilegiada, pues varias de sus obras se desarrollan dentro de ese espacio geográfico. La ficción es para Mario Vargas Llosa una cristalización de todos los actos humanos, en este caso de los habitantes de Piura. A través de sus personajes establece vínculos entre toda su obra ficcional. Los jefes, La casa verde y El héroe discreto muestran un permanente interés por la cultura del Perú, especialmente la de Piura”. Es importante recordar que, después de haber estado dos años en el colegio militar “Leoncio Prado”, es en Piura (en la emblemática institución educativa San Miguel) donde termina la secundaria, y en donde empieza a dar sus primeros pasos firmes en la narrativa, la dramaturgia y el periodismo. Además de las novelas mencionadas, y de la obra de teatro La Chunga, varios de los relatos incluidos en su libro de cuentos Los jefes fueron ambientados en Piura.

Por eso, Marcos Matos no se equivoca en precisar que “Piura en la obra de Mario Vargas Llosa es uno de los espacios privilegiados para el desarrollo de sus ficciones. Y los personajes que escoge, aquellos que son centrales en sus páginas, son emblemáticos, como aquellos llamados “los inconquistables” que personifican la valentía, pero también el machismo, la voluntad de vivir sin rumbo ni objetivos, y al lado hay personajes que se imponen misiones, que personifican –equivocados o no– a la voluntad de poner orden en medio del caos, como el sargento Lituma que reaparece en varias novelas, o el sacerdote García que, llevado por su pasión religiosa, incendia el prostíbulo de la ciudad, o el pequeño empresario de la novela El héroe discreto que resiste al chantaje y quiere llegar al fondo de la verdad. Verdad siempre esquiva al esfuerzo de los seres humanos, como puede advertirse en otra novela de ambiente piurano: ¿Quién mató a Palomino Molero?

Imagen: edición 10 revista "Círculo de lectores".
Vargas Llosa fue siempre un escritor disciplinado y autoexigente. Junto con García Márquez, fue uno de los dos máximos representantes del llamado boom de la literatura latinoamericana. Personalidades ligadas a su entorno no han escatimado en alabarlo: en palabras de Carmen Balcells, la destacada editora de esa camada magistral de escritores, “Vargas Llosa era el primero de la clase”. En una carta que le envío desde París el 18 de agosto de 1965, el genial Julio Cortázar describió la prosa de Mario como un “lujo novelesco y dominio de la materia que ponen a cualquier lector sensible en un estado próximo a la hipnosis”.  

Vargas Llosa también ha sido, por supuesto, un lector prolífico y un crítico literario certero y agudo. Ha dicho siempre que “hay que leer buenos libros, e incitar y enseñar a leer a los que vienen detrás, como un quehacer imprescindible, porque él impregna y enriquece a todos los demás”. Lolita, Muerte en Venecia, El extranjero, Manhattan Transfer, Trópico de Cáncer y El tambor de hojalata son solo algunas de las obras del siglo XX que analiza e interpreta Vargas Llosa en su magistral libro de ensayos La verdad de las mentiras. A estos ensayos se añade un prólogo -con reflexiones lúcidas y apasionadas sobre el sentido de la ficción- y un epílogo. Este espléndido cierre resulta una incitación y una seducción hacia el placer de leer, además de una inmersión en las opiniones del autor.

Otros libros que recomienda Vargas Llosa leer por lo menos una vez en la vida son: Los miserables, de Víctor Hugo; Rojo y Negro, de Stendhal; Las ilusiones perdidas, de Balzac; Madame Bovary, de Flaubert; Moby Dick, de Melville, Los hermanos Karamazov, de Dostoievski; La guerra y la paz, de Tolstoi; La montaña mágica, de Thomas Mann; La metamorfosis, de Kafka; Ulises, de Joyce; En busca del tiempo perdido, de Proust; y la lista podría continuar.

Vargas Llosa ha cumplido 89 años y, a diferencias de años anteriores, ha celebrado lejos de la labor literaria y periodística. Recordemos que él mismo manifestó que su última novela ha sido Le dedicó mi silencio, publicada a fines del 2023, y que actualmente se encuentra enfrascado en un ensayo sobre Sartre, y ello será lo último que escriba. Aunque también dijo alguna vez que le gustaría que la muerte lo encontrara escribiendo.

Instalado nuevamente en Lima, lejos de los eventos públicos, a Vargas Llosa se lo ha visto muy desmejorado físicamente, aunque ello no ha sido impedimento para visitar calles de la capital que él ha inmortalizado en sus novelas. A través de las redes sociales de su hijo mayor, Álvaro Vargas Llosa, se ha podido visualizar su visita por icónicos lugares de Barrios Altos como cinco esquinas y la casa de Felipe Pinglo. En noviembre del año pasado también visitó las instalaciones de su alma mater, el colegio militar “Leoncio Prado”, que inspiraron su icónica novela La ciudad y los perros.

Como se recuerda, Mario Vargas Llosa postuló a la presidencia del Perú en 1990. De haber ganado, quizás el país no se hubiera corrompido a los niveles que ya conocemos. Y tal vez, de haber seguido una carrera política, no hubiera ganado el premio Nóbel. De todos modos, Vargas Llosa siempre ha estado presente en política con una participación destacada desde el periodismo y la esfera académica. Por supuesto, como toda persona, no ha sido ajeno a cambios de visión ni a las críticas por parte de algunos sectores de la sociedad respecto de sus opiniones e ideas en política; aunque esto último no empaña ni desdibuja en lo más mínimo el reconocimiento que debe tener en su condición de literato de clase mundial.

Recientemente, Alonso Cueto, escritor y profesor de la PUCP, ha publicado Mario Vargas Llosa, palabras en el mundo, un libro que explora la obra del Nobel peruano a través de los temas del poder, la utopía y la diversidad. Cueto reflexiona sobre su vínculo con Vargas Llosa y la importancia de leer sus novelas para entender la sociedad peruana. La pretensión del autor es que su libro se convierta en “un ensayo que se lea con placer y con interés”. No se trata de un análisis académico, sino de una lectura apasionada de la obra de Vargas Llosa, y su influencia en la literatura y la vida peruana.

Y personalmente creo que no hay mejor manera de celebrar el octogésimo noveno cumpleaños de nuestro premio Nóbel que volviendo a las obras que nos embelesaron un tiempo atrás, y descubriendo por vez primera aquellas que aún no hemos leído. Pues, aunque parezca mentira, Vargas Llosa lleva ya publicadas 84 obras; es decir, a casi una obra por año de vida. Una proeza realmente extraordinaria, y un legado literario del cual los peruanos debemos sentirnos muy orgullosos.

 

Imagen: edición 10 revista "Círculo de lectores".


 

jueves, 13 de marzo de 2025

LAS VOCES MÚLTIPLES DE GARCÍA MÁRQUEZ EN "CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA", Y LOS DILEMAS QUE DEBE AFRONTAR EL LECTOR

    LAS VOCES MÚLTIPLES DE GARCÍA MÁRQUEZ EN 
    CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

 Y LOS DILEMAS QUE DEBE AFRONTAR EL LECTOR

Por Nando Vaccaro Talledo – marzo del 2025

El 6 de marzo, Gabriel García Márquez hubiera cumplido 98 años. Y aunque han pasado once años sin su presencia física, el Nobel colombiano está siempre presente a través de sus libros y de su pluma brillante e inconfundible. En este artículo no pretendo hacer un resumen o comentario de Crónica de una muerte anunciada, sino enfocarme en sus voces narrativas y en los aspectos técnicos, e invitarlos a dar una mirada tras bambalinas para poder vislumbrar algunos trucos del gran mago y prestidigitador de la palabra que fue García Márquez, y de las interrogantes que nos va planteando la historia.

Foto tomada de la web: www.elcolombiano.com 

Crónica de una muerte anunciada, publicada en 1981, poco antes de que Gabo recibiera el galardón que lo pondría, con justicia, en las vidrieras del mundo literario, es una obra monumental. Relato híbrido, en esta se funden el narrador literario (a través de señuelos de la novela policial), el periodista de reportaje, el investigador civil, y hasta breves atisbos con tintes autobiográficos. García Márquez juega con un yo narrador, deslizándose en el relato como el reportero que va reconstruyendo los hechos del asesinato de Santiago Nasar, a través de una estructura polifónica, en la que reconstruye la historia desde muchas voces y miradas.

La novela empieza con los dichos contrapuestos de quienes recordaban ese día: algunos lo evocaban soleado, y otros no. Hasta el mismo narrador manifiesta que se había amanecido en una parranda después de la colosal boda. Los personajes circunstanciales pululan ante el lector, y la mayoría aparece una sola vez, pero son parte del engranaje y del tejido de toda esa red que conforma el pueblo durante el suceso de la muerte de Santiago.

Las descripciones estupendas de García Márquez no sólo reflejan un manejo diestro del lenguaje, sino la pericia de mostrarnos los hechos “reales” de manera maravillosa. Es inevitable relacionar a Bayardo San Román con el Conde de Montecristo: la aparición fastuosa del forastero, que todo lo hacía y todo lo podía con su riqueza, es similar a la aparición de Edmundo Dantés en la novela de Alejandro Dumas. Los diálogos son cortos, pero con un nivel de contundencia rotundo. El mismo escritor mencionó, en una entrevista concedida a radiotelevisión española en 1982, que “Toda la gente del Caribe habla como filósofos y como profetas”.

La obra se sostiene y se conecta a través de los comentarios y respuestas que recibe el narrador-investigador en el proceso de reconstrucción de los hechos. La voz que cuenta no afirma con certeza nada; por el contrario, recurre a las afirmaciones (y contradicciones) de los actores secundarios de la historia, que van apareciendo según el momento temporal en que se encuentra el relato (diseñado de modo cíclico, aunque la novela no está divida en capítulos, consta de cinco bloques, y en cada uno se llega siempre al mismo punto).

Sobre los diálogos y las secuencias se construye toda la novela, que empieza por el final, pero no para estropear el misterio, sino para domar al lector con el magnetismo de una prosa envolvente, porque desde un inicio ya sabemos qué va a pasar. Entonces, muchos dirán, ¿si ya sé cómo termina la historia, para qué seguir leyendo? Porque el autor hipnotiza al lector desde las primeras líneas, y consigue que esté pendiente de cada detalle, de cada diálogo y secuencia para saber por qué lo mataron, cómo lo mataron y qué sucedió después de tan horrendo crimen.

Esta novela es una clase maestra de cómo contar una historia que, narrada de otro modo no tendría tanta atención porque ya se sabe lo que va a suceder. Y aunque el lector anhela a cada instante que no suceda el cruel asesinato, pues pareciera que el mismo narrador lo quiere evitar, lo cierto es que la destreza narrativa mantiene al lector en vilo y atento a cada detalle. El periodismo ha parafraseado siempre el título de esta obra para describir un acontecimiento social o político inevitable, y que era un suceso a voces.

Por supuesto, al ser una novela y no una crónica periodística, Gabo se vale de las licencias que permite este género literario, y los diálogos y entrevistas que fueron en la vida real han sido transfigurados para los fines narrativos, y acondicionados al ritmo interno de la propia cadencia que ha orquestado el narrador. Porque, si habría que definir de alguna manera a García Márquez, es de un gran maestro de orquesta del lenguaje. Gabo se adueña de las palabras para hacerlas sonar a un ritmo y velocidad que resulta inconfundible y hasta casi imposible de imitar. Por eso el realismo mágico no sólo es un estilo literario, sino una impronta propia de quienes nos cautivan desde una prosa maravillosa. El editor de alguna de las ediciones de esta obra, ha mencionado que “la dialéctica entre mito y realidad se ve potenciada aquí, una vez más, por una prosa tan cargada de fascinación que la eleva hasta las fronteras de la leyenda”.

De los personajes que entran y salen en escena, sólo para recoger una opinión o su último recuerdo de Santiago Nasar, Clotilde Armenta, de la tiendecita de la plaza y vecina del hombre condenado a morir, sirve de nexo para describir todas las ocurrencias que se dieron en la plaza, antes y durante el crimen, porque era los ojos que el narrador no tenía para contar. Hay pequeños párrafos en la obra en los que el mismo autor realiza una metaliteratura, es decir reflexiones sobre la propia literatura, precisando los vericuetos de su trabajo para construir la crónica (algo que no es usual en las novelas, ni siquiera en las narradas en primera persona). Entre las fuentes que utiliza el narrador para reconstruir los hechos, se encuentran las entrevistas, cartas e informes, el acceso al sumario del juez instructor, y por supuesto sus propios recuerdos.

“La mayoría de quienes pudieron hacer algo por impedir el crimen y sin embargo no lo hicieron, se consolaron con el pretexto de que los asuntos de honor son estancos sagrados a los cuales sólo tienen acceso los dueños del drama”, menciona el narrador. Incluso, ya en la parte final, en la que se describe minuciosamente cómo destriparon a Santiago Nasar, el narrador, refiriéndose a los hermanos Vicario, precisa: “No oyeron los gritos del pueblo entero espantado de su propio crimen”.  

Los nombres vinculados al asesinato de Santiago Nasar, y él mismo, no terminan siendo los principales personajes, sino todos los habitantes del pueblo, quienes vivirán con el remordimiento de saber que pudieron evitar tan horrendo crimen, y que los mismos asesinos (los hermanos Vicario) hicieron todo lo posible para que fueran impedidos de hacerlo (pero que nunca se dijera de ellos que no intentaron limpiar la deshonra de su familia). Y acaso ese sea el tema principal: que era inconcebible que una mujer (en este caso Ángela Vicario) no llegara virgen al matrimonio. “El hecho de que Ángela Vicario se atreviera a ponerse el velo y los azahares sin ser virgen, había de ser interpretado después como una profanación de la pureza”, señala el narrador. Y aunque no se haya tratado de una violación o un acto sexual forzado, aquel hombre que desfloró a una mujer sin haberla pedido ni haberse casado, debe pagar por lo que se consideraba como una deshonra familiar y social.

Y será el mismo lector quien deba juzgar las conductas y sucesos, porque el narrador busca en todo momento que sea el lector el encargado de dar el veredicto final y reflexione sobre las controversias culturales, religiosas, morales y legales. ¿Debe llegar una mujer virgen al matrimonio? ¿Por qué Ángela no dijo la verdad desde un principio? ¿Dio el nombre de Santiago porque quería proteger a alguien a quien amaba de verdad? ¿Fue verdaderamente Santiago Nasar quien desvirgó a Ángela Vicario? ¿Y si no fue él, por qué ella lo señaló? ¿Actuaron “correctamente” los hermanos Vicario al perpetrar el crimen para salvaguardar la “honra familiar”? ¿Por qué fue admitida por el tribunal la tesis del abogado, que sustentó el homicidio en legítima defensa? ¿Fue ejemplar o liviana la pena que recibieron los hermanos Vicario por dar muerte a Santiago? Estos y otros dilemas tienen que ser asumidos, interpretados y dirimidos por los propios lectores, porque, aunque son intrínsecos a una novela policial y de misterio, se han convertido en un mucho más que eso: una historia de leyenda.

Notas de referencia:

1. Para quienes desean complementar la experiencia de la lectura, en 1986 el italiano Francesco Rosi dirigió una película con el mismo título de la novela, producida de manera tripartita por italianos, franceses y colombianos, y que se presentó en el festival de Cannes al año siguiente de su emisión (versión disponible en YouTube).

2. Eligio García Márquez, hermano de Gabo, escribió un libro en el que detalló los pormenores de la filmación, con el título La tercera muerte de Santiago.

3. Miguel Reyes Palencia, quien inspiró el personaje de Bayardo San Román, aprovechó algunos minutos de fama hace unos años para declarar que era el último personaje vivo de García Márquez, y publicó el libro La verdad 50 años más tarde, aclarando, según él, puntos que el escritor no incluyó en la historia (algo similar a lo que en su momento hizo la tía Julia, con Lo que Varguitas no contó).