jueves, 27 de julio de 2017

EL ALMA SE NOS INCENDIA

Por Nando Vaccaro Talledo – julio del 2017

Sobre los sucesos ocurridos hace ya algunas semanas, donde hubo varios siniestros en Lima y provincias, y en particular los suscitados en la galería Nicolini de la zona céntrica de la capital, debemos saber que, cada vez que ocurre un hecho similar, como es lógico y consecuente, nos impactamos y conmovemos por la noticia. De manera personal, confieso que las imágenes de los dos jóvenes atrapados e intentando primero llamar la atención con sus manos y agitando un fluorescente, y luego desesperadamente golpeando sin suerte algún espacio que les permitiera escapar de la muerte, han sido imágenes que me hicieron recordar un contexto similar, en el que mi familia y yo logramos de milagro sobrevivir de las fauces del humo tóxico y el fuego voraz.

Por lo general, del sobrecogimiento y la tristeza pasamos a la indignación, y entonces buscamos desesperadamente culpables, que terminan recayendo en representantes del estado que tienen injerencia directa o indirecta con el acontecimiento, como ha sido el caso de la municipalidad de Lima, ministerio de Trabajo, Policía Municipal, Fiscalía y otros. Después exigimos justicia, que él o los responsables sean sancionadas con todo el rigor de la ley. Y con el correr de los días, mientras el fuego se fue extinguiendo nuestra memoria y capacidad reflexiva también se fue aletargando; hasta que dejamos de hablar y de indignarnos y de exigir justicia, perdemos la empatía por el prójimo y volteamos la página quizás con la misma indiferencia de quienes no previnieron el siniestro.

Nos hemos convertido en simples receptores de información, autómatas que solo nos indignamos mientras escuchamos o vemos algo, como un termómetro de mercurio que mide la temperatura mientras esté bajo el brazo; y como el termómetro, nos agitamos primero y luego seguimos por la vida, sin ánimos ni predisposición para buscar soluciones, sin el más mínimo atisbo de que esta tragedia nos haga reflexionar. Es más fácil y cómodo decir que la culpa es del estado, de los funcionaros corruptos, de aquellos que debieron haber prevenido y controlado. Pero, realmente, ¿qué es el estado? ¿Acaso no es el reflejo de una sociedad insensible, irresponsable, sin compromiso ni identidad, interesada más en sus propios beneficios que en atender las vicisitudes sociales?

El incendio en la galería de Lima y la muerte sin sentido y con mucho sufrimiento de los dos jóvenes, uno de ellos padre de familia, es parte de una ceguera social que nos hace pensar que lo acontecido es en verdad el homicidio colectivo de un pueblo que convive entre la indiferencia y la inacción, lo mismo que decir la complicidad, lo cual refleja la falta de convicción moral y patriótica, de gente que se pone la mano en el pecho para cantar el himno nacional pero que no participa en las reuniones vecinales, que no acude a los encuentros de padres de familia, que va por la vida como un tronco seco a la deriva por un río, carcomiéndose y pudriéndose.

El alma se nos incendia, se chamusca y se consume y ya de a poco estamos perdiendo sentido de las prioridades, de cuidarnos el uno al otro, de construir un mejor nido para nosotros y nuestros hijos, de pasar todo por agua tibia y zafarnos de los deberes y compromisos por nuestro entorno. Total, la culpa siempre es del estado, de los otros; total, el alma se nos quema mientras caminamos despreocupados, y solo humo y cenizas parece que alberga nuestro moribundo corazón.



CODA:

La tragedia también muestra los costos de la desregulación e informalidad en el Perú que, otra vez, nos golpearon fuerte con el incidente fatal del bus que se desbarrancó en el cerro San Cristóbal (y ahí están todos los reglamentos que no se cumplen, construcciones precarias, almacenamientos indebidos, licencias compradas, personas trabajando en condiciones parecidas a la esclavitud, sanciones que no se imponen, inseguridad, corrupción…y así podríamos describir toda una hora los despropósitos de las almas innobles).

Como mencionó en su momento el periodista Eduardo Dargent, a raíz del incendio se volverá a discutir en forma abstracta si es mejor el control previo para otorgar certificados de defensa civil o si la fiscalización posterior es más efectiva. Como fuere, esa discusión pierde el punto principal: sea antes o después, la realidad es que no hay un estado que fiscalice si se cumplen las normas. Y en este punto la participación de la sociedad civil y de los colegios profesionales es crucial.


martes, 20 de junio de 2017

EN EL DÍA DEL PADRE, A MI HIJO, CON AMOR



Por Nando Vaccaro Talledo – Junio del 2017


A Facundito, con todo el amor de mi corazón

Facundito y yo, cuando apenas tenía
               unos días fuera del útero de su madre.
Se ha celebrado una nueva fecha que conmemora a los progenitores masculinos, y la recurrente frase “feliz día del padre” me ha invitado a detenerme para reflexionar qué significa en verdad festejar un día del padre, pero más allá incluso, qué condiciones subyacen en nuestra función y rol de padres.

Mi hijo aún no cumple los tres años fuera del útero de su madre, por lo que todavía no tiene la posibilidad de comprender qué es el día del padre. Pero yo sí. Muchos amigos y familiares me escribieron para “felicitarme”. Después de varios saludos y congratulaciones surgió la inquietud: si me están felicitando es porque he hecho algo bien, porque he logrado realizar una acción sobresaliente, de otra manera nadie me entregaría sus enhorabuenas (aunque tenemos la burda costumbre de congraciarnos con las personas sin saber siquiera los valores y el soporte específico que debe existir para una felicitación).

No sé si sea el mejor padre del mundo o si alguien pueda ostentar tal reconocimiento. Me basta darme cuenta que soy responsable con mi hijo, entregarle amor, tiempo y dedicación a ese ser humano que depende de mí, y en igual medida de su madre. Entonces, ¿soy un buen padre?

No quiero esperar a que llegue el próximo año para que vuelvan a decirme “feliz día del padre”, ver que mi hijo esté más grande y recién relacionar la felicitación con los méritos que estoy haciendo para hacerme acreedor a semejante honor. Porque para celebrar un suceso, para recibir un reconocimiento, debo merecerlo.

Es por eso Facundito, amado hijo mío, que tú serás el mejor medidor de mis esfuerzos y preocupación para contigo. Reconozco que a veces pierdo la paciencia y que no soy el hombre más tolerante que pueda existir; que en ocasiones llego cansado a la casa y tú quisieras que tu padre arribe con la energía de un león; que a pesar de proponérmelo, el tiempo que te dedico resulta insuficiente porque mereces que yo esté contigo en cada paso, en cada caída, en cada aprendizaje.

Pero, aun asumiendo mis limitaciones y carencias, hoy, “día del padre”, quiero detenerme para expresar todo mi amor hacia ti, sentimiento que debe estar reflejado en mis acciones, en mi tiempo y preocupación. Admito que debo seguir creciendo como persona, madurando como padre y esposo, y que esa felicitación debe ser producto de la coherencia de lo que hago y entrego por ti; de lo contrario no me sentiré honrado el próximo año, cuando seguramente ya comprendas un poco más de qué trata esta efeméride, y te acerques a mí para abrazarme y augurarme un gran día. Además, la satisfacción más grande no está en las frases ni reconocimientos que pueda recibir (que agradezco, por supuesto) sino en la certeza de tu crecimiento equilibrado, de tu felicidad que debe reflejarse en un alto grado de confianza, en el desarrollo de tu autoestima y autonomía y en el fulgor de tus ojos cada día al despertar, que me demuestran cuán importante es amanecer cada mañana con un sí en el pecho, con esas ganas locas de vivir que solo tú puedes contagiar.


Sin duda que este es un estupendo día para celebrar por tu existencia, que afortunadamente está conectada a mi paternidad. Pero también tiene que ser un día para que los padres tomemos conciencia de que ya es hora que asumamos nuestro gran reto y rol de guiar a ese ser humano que Dios y la vida nos ha puesto a cargo. Si queremos hijos e hijas felices y personas de bien, y por lo tanto una sociedad más armoniosa y justa, debemos dedicarnos y entregar todo el tiempo que nos sea posible, y de igual manera amor, comprensión y empatía. Solo así podremos sentirnos realmente orgullosos de escuchar “feliz día del padre”.


jueves, 25 de mayo de 2017

LIVIANOS DE EQUIPAJE


Por Nando Vaccaro Talledo –Mayo del 2017


Trabajamos con esfuerzo y ahorramos lo que podemos para poder comprar lo que queremos. Aunque suena a trabalenguas, digo lo que queremos porque primero debemos conseguir lo imprescindible para sobrevivir, que no es siempre lo que queremos (aunque hay personas que no siguen esa lógica y viven sobreendeudadas). Pero lo que queremos es cada vez más y más porque vivimos inmersos en una cultura que apuesta por el hacer y el consumir, y nos ha convertido en personas de un apetito insaciable en cuanto a ambicionar bienes, muchas veces insustanciales pero que ocupan el tiempo y el lugar que alguna vez tuvieron las relaciones más estrechas con nuestros amigos, padres o seres queridos, es decir las emociones más intensas y humanas, esas que solo son posibles en la calidez de un abrazo, en la conversación presencial o en la simple compañía.

Este es el punto donde se requiere establecer una distinción clara: no se trata de hacer una “apología a la pobreza” sino un llamado a la sobriedad, y en todo caso a la sensatez. Manifestaba el expresidente de Uruguay José Mujica: “cuando compras algo no lo haces con dinero sino con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta. Y es miserable gastar la vida para perder libertad”.

Estas consideraciones del gran Pepe Mujica no son desproporcionadas. Por el contrario, responden a una cosmovisión, una filosofía de vida que ha sido transmitida desde hace mucho tiempo, pero cultivada por muy pocos. Uno de los hacedores fue San Francisco de Asís, quien tenía, según ha dicho Facundo Cabral, una de las fórmulas de las felicidad: “Deseo poco, y lo poco que deseo lo deseo poco”.



El deseo es uno de los causales de conflicto, decía Facundo, pues por desear lo que no tengo no disfruto ni valoro lo que tengo, y así cada vez más me vuelvo triste y desdichado. Según los entendidos de teología, Francisco de Asís ha tenido el espíritu más parecido a Jesús en cuanto a pobreza y desprendimiento, además de su sentido ecuménico e integrador, que abarcaba creyentes como no creyentes.


Facundo Cabral ha sido una de esas notables excepciones que no solo ha promovido esta filosofía de vida sino que también la ha cultivado. Quienes hemos tenido el honor de conocerlo personalmente podemos dar fe de esto; además, sus conciertos, su música y obra en general (tiene libros extraordinarios como Ayer soñé que podía y hoy puedo) nos ayudan a escapar de la vorágine citadina y consumista para recogernos, soñar y reflexionar, saber que no todo está perdido, que cada día se puede empezar de nuevo, que no es rico el que más tiene sino el que menos necesita, que mano ocupada es mano perdida, que el conquistador por ir en busca de su conquista se hace esclavo de lo que conquistó, es decir que jodiendo se jodió…

Ir livianos de equipaje por la vida es andar con tranquilidad, moderación y prudencia; pero no por ello debemos abandonar nuestros sueños y objetivos. Por el contrario, estos nos debemos guiar para poner nuestra vocación y creatividad al servicio de la humanidad y como regocijo de nuestro propio espíritu. Lo que no puede sucedernos es perder la brújula de las prioridades, es decir empezar a darle importancia y trascendencia a las cosas que no son más que eso, que no deben tenernos sino al contrario, porque los momentos más felices y memorables de nuestras vidas no son con algo sino con alguien.


domingo, 9 de abril de 2017

ALTRUISMO EN ESTADO PURO

Por Nando Vaccaro Talledo – Abril 2017 
nandovaccaro@gmail.com
https://lapalabrabrota.blogspot.pe

Ahora que literalmente las aguas se están calmando, y que ya no sentimos esa angustia tremenda cuando, mientras llovía a raudales, decenas de truenos y relámpagos caían desde el cielo como latigazos y nos hacían pensar en lo peor, vemos cómo el Estado, desde sus diversas plataformas y organismos, va sumando estrategias y esfuerzo para revertir los padecimientos de los miles de damnificados que ha dejado el “Niño Costero”, y aún más de los desamparados que lo perdieron todo. Es un trabajo arduo, y lo será por buen tiempo. Pero tenemos la confianza de que esta vez se harán las obras no para cumplir ni para las portadas en los diarios sino para el beneficio de la población (beneficio que también incluye a los funcionarios del Estado, porque ya hemos visto en Piura que sin previsión, planificación ni ejecución de obras trascendentes, los embates de la naturaleza no hacen distinción de niveles socioeconómicos).

En este sentido, es encomiable y plausible la labor de varios organismos ajenos a la esfera gubernamental, como asociaciones civiles, colectivos y ONGs que prestan ayuda voluntaria y generosa. Y digo que es encomiable y plausible porque mientras que el estado, representado desde el presidente, los ministros, el congreso, las gobernaciones, las alcaldías, las prefecturas y otras entidades, tienen la obligación inexorable de brindar apoyo y realizar un trabajo articulado en la reconstrucción de las zonas afectadas, hay agrupaciones que dan lo más valioso en estos casos: su tiempo.

Tiempo para recibir donaciones y organizar las entregas de ayudas; para sopesar cuáles son los sectores más críticos; para cargar y acomodar las encomiendas de tal manera que no se malogren y se pueda distribuir de manera adecuada; para auxiliar a heridos y enfermos (labor que ha sido realizada por varias instituciones también, como Bomberos, Fuerzas Armadas, Policía Nacional, Serenazgo, Brigadistas, entre otros); y, en general, para dar una mano en lo que fuera necesario, a través de actividades que han sido realizadas más con el corazón que con la cabeza, sin considerar siquiera que a cambio de ello no se recibe un sueldo o remuneración, pero acaso sí la satisfacción más grande que un ser humano pueda tener: la certeza de hacer el bien y ayudar al prójimo.

Aunque parezca increíble, los periodistas que la visitaron en la India daban fe que Teresa de Calcuta era feliz bañando a leprosos. Una anécdota al respecto señala que una vez llegó una dama inglesa, que estaba gestionando una visita oficial de la princesa Diana de Gales, y quedó aterrada al presenciar que la madre Teresa se encontraba en una habitación inmensa rodeada por decenas de leprosos, limpiando y curando sus heridas. Ella le dijo: Madre, yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dólares. Teresa le respondió: yo tampoco, señora, porque a un leproso solo se lo puede bañar por amor.


Lo de Teresa de Calcuta, ahora Santa, era altruismo en estado puro, el amor hecho acción, dar la vida y el tiempo completamente al prójimo. Por supuesto, es muy difícil ser como la madre Teresa y hacer lo que ella porque muy pocas personas estarían dispuestas a vivir en el servicio exclusivo a los demás. Sin embargo, Dios no nos exige tanto, porque sabe que cada uno de nosotros tiene sueños y metas más terrenales, pero ello no quita que no podamos darnos tiempo para ayudar a los demás. De hecho, ofrecer nuestro tiempo a quienes necesitan apoyo y consuelo nos redime como seres humanos y nos fortalece más que ningún logro que podamos soñar, y es el mejor combustible espiritual para recargar nuestro interior.

Quienes saben muy bien de ello son los integrantes del Colectivo Chulucanas Da La Mano, un grupo que busca articular e integrar la ayuda solidaria para las personas damnificadas, constituido por representantes de la Prefectura de Chulucanas, de la Diócesis de este mismo distrito, por integrantes del Colectivo por la salud mental Hermana Margaret Walsh, Radio Emmanuel y por diversos ciudadanos y ciudadanas, entre ellos muchos jóvenes que ya han tomado conciencia de lo esencial que es preocuparnos por quienes están padeciendo, y saben que de nada sirve desarrollar nuestro intelecto y capacidades cognitivas sin es que al mismo tiempo no robustecemos nuestros corazones. Eso es ser altruistas y contribuir al engrandecimiento de nuestra especie y, por consiguiente, de la sociedad.








jueves, 9 de marzo de 2017

EL FACTOR TIEMPO

Por Nando Vaccaro Talledo – Marzo 2017
nandovaccaro@gmail.com
https://lapalabrabrota.blogspot.pe  


Cuando nos preguntamos por lo más valioso que tenemos en la vida (además de la vida misma, por supuesto) generalmente pensamos en nuestros seres amados: esposa, hijos, padres, hermanos, familiares, amigos, y un poco menos en nuestros logros y obtenciones; y en menor medida aún hacemos referencia a tener una buena salud. Sin embargo, hay un factor preponderante para determinar (además del aspecto emocional) qué tan bien nos sentimos y cuánto se puede prolongar: el factor tiempo.

El tiempo es uno de los conceptos o definiciones más polisémicas y polivalentes que existe, y que puede resultar relativo en muchos casos pero también absoluto (de esto último, según la mecánica de Newton el tiempo es independiente de la situación y movimiento del espectador). Basta con dar una mirada a las descripciones de tiempo en el diccionario; las del DRAE son las oficiales, pero yo prefiero y recomiendo, en general, las interpretaciones vertidas en www.wordreference.com por ser más coherentes y prácticas.

El tiempo es/son: la duración y las secuencias de todo lo que vivimos y experimentamos (para lo primero la unidad internacional de medida es el segundo, para lo último las secuencias o “tiempos” pueden ser el pasado, presente o futuro); el clima y por extensión las estaciones del año; la oportunidad de hacer algo (“cada cosa a su tiempo”); los actos en que se divide algo (ejercicios militares, encuentros deportivos, etc.); y hay muchas construcciones semánticas con la palabra tiempo que hacen alusión, entre otras cosas, a la gramática, informática, música, astronomía y hasta al ámbito religioso.

En este artículo quiero circunscribir el tiempo a su carácter democrático, es decir la cara más “humana” del tiempo. Todos los seres de la tierra, y por supuesto el hombre sin distinción social, cultural o económica, tenemos 24 horas al día (y no 25 como la canción de Proyecto Uno). Y no tenemos ni el tiempo y menos la vida comprada, aunque algunos viven con una indiferencia tal que despilfarran lo más preciado que tenemos: el tiempo. Por eso bien decía Facundo Cabral: “hay gente que va de la cuna a la tumba y nunca se percata de su existencia”.


Muchos viven como si no fueran a morir nunca, y lejos están de querer aprender para ser mejores personas. Esto dista una eternidad de lo que pregonaba Mahatma Gandhi: “vive como si fueras a morir mañana: aprende como si el mundo fuera a durar para siempre”. Hay personan que no viven, y menos aprovechan su tiempo, sino que deambulan por la vida, como si su definición de personas fuera como la de casi el resto de seres vivos: nacer, crecer,  reproducirse y morir (y dije casi porque hay animales que cumplen funciones vitales en la naturaleza, como las abejas, y otros que acompañan y dan tanto amor como le es posible; verbigracia los perros y los gatos).

La vida es tiempo. Tiempo de palabras, actos y decisiones que vamos construyendo segundo a segundo. Podemos tropezar y caer pero no quedarnos en el suelo (no hay tiempo para eso). Podemos equivocarnos pero tenemos el derecho, y sobre todo el deber, por agradecimiento a Dios y a la vida, de enmendar nuestros yerros. Por eso Víktor Frankl, psiquiatra judío que sobrevivió al holocausto nazi, y que en adelante al fin de la segunda guerra mundial no perdió ni un segundo en su vida, nos aconseja: “vive como si ya estuvieras viviendo por segunda vez y como si la primera vez ya hubieras obrado tan desacertadamente como ahora estás a punto de obrar”.

Debemos vivir a tiempo completo, de lunes a domingo, y no solo los fines de semana. La vida está en marcha y aún estamos a tiempo, como cantó alguna vez el incomparable Cantiflas. Por eso, agarremos al tiempo en nuestras manos antes de que se nos escurra como la arena fina del mar. No vayamos contra el tiempo, mejor ir de la mano con él; hagamos las cosas con tiempo, antes de que el tiempo nos haga cosa, o mejor dicho polvo.

Hay experiencias que mejor tiempo al tiempo (como ser padres cuando tengamos un sensato grado de madurez y algo de solvencia), y debemos tener presente que también existen eventos en nuestra vida que no llegan cuando los queremos sino cuando los necesitamos y merecemos, así que todo a su tiempo (obtener un título profesional, comprar un auto). No te quejes de que no hay tiempo; es tarea nuestra discernir entre lo importante y lo urgente, entre lo momentáneo y lo esencial (estar con las personas que amamos).  

Como recomendaba el poeta Horacio: “Carpe Diem”. Aprovecha tú día al máximo, sácale el jugo a la vida porque, como expresaba otro poeta, esta vez Virgilio: “tempus fugit”, el tiempo vuela y se nos escapa. Seamos felices todo el tiempo, no solo de tiempo en tiempo, porque no es suficiente; el corazón necesita recargar energías todos los días. Finalmente, y tal como le decía en la canción The girl is mine Michael Jackson a Paul McCartney: “¡Don't waste your time! (¡no desperdicies tu tiempo!).






domingo, 15 de enero de 2017

MODELO DIDÁCTICO SOCIOCONSTRUCTIVISTA PARA LA ENSEÑANZA DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Por Nando Vaccaro Talledo – Enero 2017 (Breve ensayo académico)

El escenario pedagógico en la educación del nivel superior tiene un horizonte más claro y esperanzador, puesto que ahora ya no se persigue la idea de enseñar por contenidos ni evaluar solo por exigencia de la institución y/o sociedad, sino que la enseñanza-aprendizaje y la evaluación forman un todo integrador, indivisible, en un proceso que busca trabajar en el desarrollo de competencias y capacidades del estudiante para atender a la problemática de su coyuntura social. 

En este sentido, el modelo socioconstructivista, impregnado del enfoque ecologista, se yergue como la variante más completa, enmarcada en un nuevo paradigma que rompe con la idea del docente como epicentro del proceso pedagógico y, por el contrario, le brinda un rol preponderante y activo al estudiante. Estos atributos le exigirán al alumno mayor autonomía y responsabilidad, pero al mismo tiempo encontrará más sentido a su educación porque ahora se puede evidenciar que el proceso de enseñanza-aprendizaje “sirve para la vida”, una visión que antes, con el enfoque tradicional, generaba incertidumbre y desazón al no hallar referencias reales en lo que se proyectaba en clase.

Por supuesto que los enfoques anteriores y
tradicionales, como el conductista o el cognitivista, no deben ser del todo soslayados. Sus fundamentos han prevalecido por mucho tiempo y ello les confiere jerarquía para situarlos como una opción de consulta. Sin embargo, las exigencias del mundo actual, como la globalización, la injerencia inexorable de la tecnología y la demanda de innovación y cambio constantes demandan un enfoque que se adapte a esos y otros requerimientos, que por supuesto son tenidos en cuenta por el socioconstructivismo.

                En lo estrictamente pedagógico, Díaz Barriga (1999) establece dos explicaciones sobre la evolución de la didáctica: la primera es desde la perspectiva clásica, centrada en el contenido, y que obedece al enfoque tradicional; la segunda surge a partir del movimiento de la escuela activa, que promueve centrar el foco de interés en el estudiante. Es decir, ahora no es que el maestro enseñe, sino que el estudiante aprende. Y esto sea dicho sin ánimos de relativizar ni menospreciar la labor docente. La intención es potenciar la energía y capacidades del educador para que los procesos de enseñanza que guíe y facilite resulten más óptimos y apropiados. En pocas palabras, que no enseñe para cumplir con su trabajo sino que su vocación sea realmente motivadora para los estudiantes. Y para lograrlo, el planteamiento didáctico resulta fundamental.  

En su artículo científico La didáctica como herramienta de la pedagogía en la educación superior, el doctor en pedagogía Tiburcio Moreno Olivos (2011) define a la didáctica como una ciencia teórico-práctica, que trata el qué, cómo y cuándo enseñar. Si esta descripción la llevamos al campo de la literatura, veremos que también hay conexión, porque en una obra importan tanto el qué y el cómo se narran los hechos. Una buena historia mal contada quedará en el olvido. De igual manera una clase o sesión de aprendizaje con estupendos contenidos pero sin una propuesta didáctica activa y coherente con la estructura de las competencias, adolecerá de interés por parte de los participantes.

Y en este punto hay que tener mucho cuidado y recelo con las tecnologías, pues no basta con equipar de novedosos aparatos la universidad cuando ni los profesores están actualizados ni es consecuente con los propósitos que se persiguen. La tecnología, la infraestructura, los materiales y recursos deben estar al servicio de la educación, pero no son un fin en sí mismos. El socioconstructivismo alerta sobre estos riesgos, e impulsa el planteamiento de estrategias metodológicas dinámicas, cuyos procesos pedagógicos permitan cubrir los cuatro procesos de aprendizaje fundamentales en la educación superior: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, aprender a ser.

Finalmente, es menester destacar que el despliegue de una propuesta didáctica debe estar sustentado en un marco teórico y conceptual. Por esta razón, el Dr. Moreno señala de manera tajante: “la didáctica no debe concebirse únicamente como un variado conjunto de estrategias docentes”. Es por ello que cualquier iniciativa didáctica necesita estar alineada con una estructura pedagógica coherente, y dentro de la misma las estrategias metodológicas deben demostrar pertinencia entre los procedimientos a seguir y el desarrollo de competencias.


Bibliografía


Díaz Barriga, Á. (1999). Didáctica y currículum. México: Paidós.

Merino Marchán, J. M. (2016). Módulo Didáctica en Educación Superior. Piura: UNP.

Moreno Olivos, T. (2011). Didáctica en la eduación superior: nuevos desafíos en el siglo XXI. Perspectiva Educacional, 26-54.

Rosselló Ramon, M. (2005). Didáctica general versus didácticas específicas: un viaje de ida y vuelta. Educació i Cultura, 133-142.

Sevillano García, M. L. (2004). Didáctica y Currículum: controversia inacabada. Enseñanza, 413-418.



domingo, 8 de enero de 2017

PROACTIVIDAD ¡Todo empieza por uno mismo!


Por Nando Vaccaro Talledo – Enero 2017
nandovaccaro@gmail.com
https://lapalabrabrota.blogspot.pe/


"A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota."  
Madre Teresa de Calcuta


  
"Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”
Mahatma Gandhi



En la institución donde trabajaba yo veía que se generaban dificultades a la hora de inscribirse y pagar los alumnos porque nadie se atrevía a sugerir cambios o proponer modificaciones necesarias y menos a realizar algo concreto. Entonces planteé nuevas alternativas para agilizar los trámites, e incluso me ofrecí para ir algunos sábados (mi semana laboral era de lunes a viernes) y poner en marcha lo propuesto. 

Por aquel entonces trabajaba en el área de logística en una Sociedad Civil que ofrecía una serie de capacitaciones, y mis funciones aún nada tenían que ver con la parte pedagógica o didáctica. Sin embargo, observaba una serie de problemas que debían resolverse para alivio de los alumnos, pero también de la institución y por supuesto de quienes trabajábamos ahí, pues era incómodo relacionarse con personas malhumoradas que renegaban y se quejaban todo el tiempo pero que preferían quedarse en el molde y no salir de su “zona de confort”. 

Finalmente se aplicaron las propuestas y en pocos días me encontraba con rostros renovados, tanto de los estudiantes como de mis compañeros de trabajo. Me sentí muy satisfecho, y eso que las mejoras no me beneficiaban directamente. La esposa del dueño se acercó un día y me felicitó por ser muy “proactivo”. Esa fue la primera vez que escuché ese término. En aquel entonces no sabía su significado, por lo que al inicio lo confundí con hiperactivo o productivo

En las semanas siguientes no solo recibí muestras de gratitud verbal sino también un aumento, que siempre viene bien, pero además obtuve la mejor de las recompensas: darme cuenta de que me gusta el servicio y la formación de personas, y decidí primero concluir mi carrera de ciencias de la comunicación y luego capacitarme como coach y expositor de todo lo concerniente a Habilidades Blandas y Relaciones Interpersonales. 

El significado más concreto de PROACTIVIDAD es el de tomar la iniciativa en un contexto determinado, y hacerse responsable de esa propuesta en la intervención y realización de la misma. Muchas personas, en sus trabajos o en sus hogares, no ofrecen propuestas para mejorar aspectos que están provocando conflictos, ya sea porque no se animan o temen no ser escuchados, y que al final no se obtengan los resultados esperados; o lo más penoso de todo porque no les interesa y tienen flojera de que por esa iniciativa recaiga más responsabilidades sobre ellos. Y esto último es precisamente lo contrario: REACTIVIDAD, cuando nos desinteresamos de lo que sucede en nuestro entorno, cuando teniendo la oportunidad de proponer o hacer algo simplemente nos quedamos en las mismas, aunque veamos que todo es caótico y agobiante.  
La voluntad humana es una de las energías más fuertes que existe. El psiquiatra Viktor Frankl lo corroboró intensamente cuando fue prisionero tres años en un campo de concentración Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Entonces reconoció en la voluntad y la decisión unas de las mayores fortalezas para lograr cosas extraordinarias, y de vital repercusión para no sucumbir ante las circunstancias más terribles que se puedan presentar. De su experiencia personal y del análisis de la situación extrema que atravesaban los sometidos surgió el neologismo PROACTIVIDAD, para describir la conducta y actitud de aquellas personas que, aún en la coyuntura más extrema de supervivencia, se hacían cargo de su propia vida, de su yo interior, y no solo luchaban para no abandonarse sino que además sus pensamientos y sus acciones eran de entereza, de gratitud y compañerismo.[1]


Por lo general hacemos lo que hacemos porque hay una recompensa que esperamos recibir, sea un sueldo en el trabajo, un plato de comida en casa o una satisfacción al adquirir algo o estar junto a un ser querido. Y evitamos hacer lo que no debemos por temor a las sanciones, como pasarnos una luz roja para no pagar una multa, procurar no entregar el trabajo a destiempo para librarnos del memorándum o incluso no faltar a las obligaciones familiares para evitar discusiones.

En todos los casos, por lo general, nos hemos acostumbrado a realizar lo mínimo e indispensable que nos corresponde, y a evitar inconvenientes. ¿Se puede vivir así? Claro, es una vida horizontal, sin problemas pero también sin grandes sorpresas. Sabemos y sentimos, no obstante, que podemos dar más porque en nuestra esencia humana está la capacidad de entrega, de compartir, de querer que las cosas mejoren en nuestro entorno porque eso nos hará más felices –y seremos de influencia positiva para los demás–, al margen de que pueda generarnos también réditos materiales. Entonces, si lo sabemos, si lo sentimos y está en nuestros ADN, ¿por qué nos quedamos inoperantes, limitándonos nosotros mismos a plasmar grandes ideas, a generar un ambiente más grato e incluso a producir con mayor eficacia?  

Pues porque los factores externos nos han hecho olvidar nuestra sabia naturaleza interior, porque hemos perdido un poco la confianza y las motivaciones intrínsecas, y porque, en definitiva, nos hemos malacostumbrado a vivir en el caos. Ahora creemos que las malas noticias son todo lo que pasa en el mundo, que está bien vivir enemistado con nuestros colegas y que estar a la defensiva es la mejor manera de evitar problemas. Y en esto radica el craso error de la mayoría; error que, felizmente, puede ser corregido y superado. ¿Qué se necesita? Pues, simplemente, voluntad y decisión para que las cosas empiecen a cambiar desde uno, desarrollando nuestras habilidades blandas[2] para luego ver el reflejo de ese cambio en las otras personas; entonces el mundo ha de brillar más gracias a nuestra inquebrantable proactividad.





[1] Sugiero la lectura del libro EL hombre en busca del sentido, de Viktor Frankl, quien no solo sobrevivió de manera increíble y digna a los campos de concentración, sino que vivió 95 años para ayudar a las personas a través de su profesión y desarrollar la “Logoterapia”, o terapia del sentido de la vida, de la cual él es su creador.

[2] Sugiero visitar la web del coach Vilmar Braga (mi mentor) http://www.coachingdeespiritu.com/ y en particular leer su artículo referido a este tema de Habilidades Blandas: http://media.wix.com/ugd/7511ea_07c2143825d24656a029a6a88b9e4c7c.pdf