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miércoles, 25 de julio de 2018

VOLVER A LA PATRIA PARA SER MEJORES


Por Nando Vaccaro Talledo – Julio 2018


Hace varias semanas circuló en redes sociales una hermosa canción, en tono de trova, cuyo título es, a juzgar por el coro, “Me fui”, cantada por una joven venezolana casi a capela, acompañada con un coro de sus compatriotas en alguna plaza de Lima, reflexionando sobre lo duro que es emigrar, y más en la coyuntura sociopolítica en la que se encuentran (en videos subidos a YouTube corroboran el título de la canción y el nombre de la intérprete es Reymar Perdomo).


Esto me lleva a pensar y recordar que alguna vez yo también fui emigrante; y antes lo fue mi madre, ella sí en situaciones angustiantes, a mediados de los 90, cuando el sueldo mínimo en el Perú apenas si llegaba a los 200 soles, y el contexto de las mujeres en nuestro país era de mayor sometimiento y maltrato que hoy.  

Con respecto a los amigos venezolanos (y digo bien amigos porque no conozco a nadie que no conozca al menos a un ciudadano de Venezuela que haya llegado a nuestro país escapando de la escasez, el autoritarismo y la falta de oportunidades), como dice parte de esa bella canción, realmente están pasando un trance social y político terrible, sin vislumbrar aún fecha de cambio. Dejar el país de nacimiento, y en esas circunstancias, no solo significa salir de un territorio, sino desprenderse de todo aquello que ha rodeado a una persona desde que nació: los amigos y la familia, la escuela y los lugares de encuentro, la comida y la música, las costumbres y el deporte…


Y cuando vemos o nos enteramos de que hay peruanos mal hospitalarios, que por un obtuso sentido de patriotismo (que en verdad no es otra cosa que resentimiento, envidia, falta de educación) maltratan y se burlan de nuestros hermanos venezolanos, entonces entendemos que aún no hemos avanzado como país y como sociedad, porque para desarrollarnos debemos ser buenos anfitriones, tender la mano a los amigos y entender la situación difícil que atraviesan (eso que en el diccionario se denomina empatía y solidaridad). 





Por supuesto que si hubiera alguien que transgrediese las normas y leyes, pues deberá ser procesado y juzgado por sus actos (y no hablo solo de venezolanos, sino de personas de cualquier otro país y por supuesto también “de los nuestros”); pero, en general, si hay mujeres y hombres que buscan un lugar para rehacer su vida, y su elección ha sido nuestro país, tengan por seguro que darán lo mejor de sí, trabajarán con muchas ganas y dedicación, no solo por el pan sino por el honor y la dignidad, porque en el fondo quieren reivindicarse a sí mismos y estar listos para cuando haya que regresar a su patria y reconstruirla.


Alguna vez estando en Argentina (residí ocho años en aquel país) me preguntaba, pero todavía sin demasiada consciencia social, por qué miles y miles de compatriotas debíamos abandonar nuestra nación en busca de mejores oportunidades, si lo primero que hacíamos al hablar con otras personas era vanagloriarnos del hermoso país que tenemos, de su costa, sierra y selva, de ser lo primero en esto y aquello, de la materia prima, de la gastronomía, de sus playas, de…en fin, de todo lo que sabemos que tiene nuestro país. ¿Por qué, entonces, teniendo todo lo que tenemos, no logramos prosperar en nuestra tierra y en nuestro propio entorno cultural? En ese entonces no lo entendía muy bien, pero hoy tengo claro, esencialmente, dos cosas: primero, que en Argentina siempre me trataron como en casa, que es un país que admiro y respeto, al cual estaré eternamente agradecido, y donde sé que siempre podré volver; segundo, que necesitaba regresar a mi nación, entenderla mejor, empaparme de su cultura y bondades, pero también de sus problemas y vicisitudes.


Y acá estoy, en Chulucanas, apostando con mi tiempo y mi familia al crecimiento de esta tierra de mis ancestros, colaborando con diversas causas sociales, promoviendo la paz desde la toma de conciencia, sensibilizando para que entendamos de una vez que la grandeza de un país no solo está en su materia prima sino en el involucramiento de su gente, en su grado de participación y cooperación entre sí. Y en ese sentido resulta imprescindible tendernos la mano entre peruanos y hermanos de otras naciones.




COLOFÓN: Origen de la palabra “patria”:
Patria es el país y la sociedad en que hemos nacido o aquella que hemos adoptado como propia. La palabra proviene del adjetivo latino patrius ‘relativo al padre’. El italiano parece haber sido la primera lengua romance que incorporó patria en su sentido actual, puesto que el primer registro conocido es de Dante Alighieri. Posteriormente, esta denotación fue adquirida por el francés patrie, antes de llegar al español hacia el siglo XIV.






miércoles, 25 de abril de 2018

INVOLUCRAMIENTO SOCIAL


Por Nando Vaccaro Talledo – Abril del 2018

El panorama de la realidad política y social de nuestro país se está caricaturizando a tal punto que, lejos de instarnos a reflexionar y tomar consciencia de por qué estamos así, la mayoría de personas se limita a reírse de las publicaciones ("memes") en redes sociales, a banalizar los actos de corrupción como si se tratara de ciencia ficción y no de hechos que, lamentablemente, acontecen; y, en el mejor de los casos, expresan su indignación a través de comentarios reiterativos y estériles en las mismas redes sociales.

¿QUE SE VAYAN TODOS?
Según los medios de comunicación, el clamor del pueblo, la voluntad social, la opinión pública exigía (y sigue pidiendo) antes de que asumiera Martín Vizcarra que “se vayan todos”, y eso significaba que renunciaran todos los funcionarios del ejecutivo y legislativo, y en la brevedad posible convocar elecciones generales. ¿Y después? Y, después, seguir votando por las mismas personas que tienen alcance mediático masivo, que tienen “presupuesto” y poder como para inscribirse con un numerito alto en un partido político y hacer campaña (que no es otra cosa que bombardear con imágenes, videos, audios y parafernalia de publicidad, y luego también están, cómo no, las “dádivas”). Es decir, la situación no variaría demasiado porque podrán cambiar de nombre los candidatos pero no de esencia, puesto que en definitiva quienes se dedican a la “vida política” son la misma clase de personas. Y entonces, ¿cómo hacemos?

INVOLUCRAMIENTO

Necesitamos entender que la patria la hacemos todos, no solo los políticos y gobernantes que, lejos de representarnos, nos traicionan incumpliendo sus labores y no legislan para la mayoría (por solo citar un ejemplo reciente, el hecho de que se haya hablado tanto tiempo de la ley que permite o no permite llevar comida a los cines es un despropósito, porque acaso si solo el 20% de la población nacional tiene posibilidad de ir a estos establecimientos, cuando verdaderamente hay otras urgencias, como las coberturas de salud o los proyectos de irrigación del Alto Piura, que pueden mejorar y hasta salvar la vida de muchas personas y animales).

TOMAR PARTE DE y SER PROACTIVOS
Involucramiento quiere decir “acción y efecto de involucrar; e involucrar (involucrarse) significa comprometerse, responsabilizarse de algo o alguien”. En ese sentido, está emparentado a otro término que describe precisamente a la persona que tiene iniciativa y es consecuente con la realización de una tarea o evento: proactividad.

Necesitamos ser ciudadanos más comprometidos, no simplemente esperar a ser parte de la democracia cuando emitimos un voto, sino estar atentos a la realidad, tomando parte de los eventos sociales de nuestro entorno y contexto, siendo proactivos y empáticos con los demás.

Nuestra educación y cultura es, por lo general en el Perú, con tendencia a la pasividad y el no involucramiento, y ello genera, en consecuencia, no solo el contagioso conformismo sino el despropósito de ignorar nuestros derechos por lo mismo que no cumplimos con nuestros deberes; deberes que en la mayoría de los casos son más morales que legales, pero que sin duda alguna son imprescindibles para crecer en sociedad.

CRECER EN SOCIEDAD
Cuando nos forman en casa y en el colegio, o recibimos la influencia de los medios de comunicación (que incluye, cómo no, las redes sociales y toda la parafernalia de internet) existe una inclinación, a veces involuntaria, de fijar la atención y todos los recursos al desarrollo de la persona, lo cual es estupendo para el crecimiento personal, pero olvidamos que somos inexorablemente seres sociales, con lo cual es una falacia hablar de progreso cuando el desarrollo de una persona no tiene su correlato en el involucramiento social.

Para que una sociedad prospere necesita, es cierto, del crecimiento y madurez de la persona; pero ese crecimiento será más viable en una sociedad con cimientos fuertes, con oportunidades, con justicia y sentido comunitario, con mentalidad generosa. El egoísmo, la envidia y la idea descabellada de que “el fin justifica los medios” llevan a los hombres a ser mediocres, y a las sociedades al atraso. Eso es lo que ha pasado en nuestro país y seguirá pasando si no nos convencemos de una vez por todas que debemos tatuarnos en el alma el concepto de involucramiento y pasar a la acción. ¡Ya!