jueves, 9 de marzo de 2017

EL FACTOR TIEMPO

Por Nando Vaccaro Talledo – Marzo 2017
nandovaccaro@gmail.com
https://lapalabrabrota.blogspot.pe  


Cuando nos preguntamos por lo más valioso que tenemos en la vida (además de la vida misma, por supuesto) generalmente pensamos en nuestros seres amados: esposa, hijos, padres, hermanos, familiares, amigos, y un poco menos en nuestros logros y obtenciones; y en menor medida aún hacemos referencia a tener una buena salud. Sin embargo, hay un factor preponderante para determinar (además del aspecto emocional) qué tan bien nos sentimos y cuánto se puede prolongar: el factor tiempo.

El tiempo es uno de los conceptos o definiciones más polisémicas y polivalentes que existe, y que puede resultar relativo en muchos casos pero también absoluto (de esto último, según la mecánica de Newton el tiempo es independiente de la situación y movimiento del espectador). Basta con dar una mirada a las descripciones de tiempo en el diccionario; las del DRAE son las oficiales, pero yo prefiero y recomiendo, en general, las interpretaciones vertidas en www.wordreference.com por ser más coherentes y prácticas.

El tiempo es/son: la duración y las secuencias de todo lo que vivimos y experimentamos (para lo primero la unidad internacional de medida es el segundo, para lo último las secuencias o “tiempos” pueden ser el pasado, presente o futuro); el clima y por extensión las estaciones del año; la oportunidad de hacer algo (“cada cosa a su tiempo”); los actos en que se divide algo (ejercicios militares, encuentros deportivos, etc.); y hay muchas construcciones semánticas con la palabra tiempo que hacen alusión, entre otras cosas, a la gramática, informática, música, astronomía y hasta al ámbito religioso.

En este artículo quiero circunscribir el tiempo a su carácter democrático, es decir la cara más “humana” del tiempo. Todos los seres de la tierra, y por supuesto el hombre sin distinción social, cultural o económica, tenemos 24 horas al día (y no 25 como la canción de Proyecto Uno). Y no tenemos ni el tiempo y menos la vida comprada, aunque algunos viven con una indiferencia tal que despilfarran lo más preciado que tenemos: el tiempo. Por eso bien decía Facundo Cabral: “hay gente que va de la cuna a la tumba y nunca se percata de su existencia”.


Muchos viven como si no fueran a morir nunca, y lejos están de querer aprender para ser mejores personas. Esto dista una eternidad de lo que pregonaba Mahatma Gandhi: “vive como si fueras a morir mañana: aprende como si el mundo fuera a durar para siempre”. Hay personan que no viven, y menos aprovechan su tiempo, sino que deambulan por la vida, como si su definición de personas fuera como la de casi el resto de seres vivos: nacer, crecer,  reproducirse y morir (y dije casi porque hay animales que cumplen funciones vitales en la naturaleza, como las abejas, y otros que acompañan y dan tanto amor como le es posible; verbigracia los perros y los gatos).

La vida es tiempo. Tiempo de palabras, actos y decisiones que vamos construyendo segundo a segundo. Podemos tropezar y caer pero no quedarnos en el suelo (no hay tiempo para eso). Podemos equivocarnos pero tenemos el derecho, y sobre todo el deber, por agradecimiento a Dios y a la vida, de enmendar nuestros yerros. Por eso Víktor Frankl, psiquiatra judío que sobrevivió al holocausto nazi, y que en adelante al fin de la segunda guerra mundial no perdió ni un segundo en su vida, nos aconseja: “vive como si ya estuvieras viviendo por segunda vez y como si la primera vez ya hubieras obrado tan desacertadamente como ahora estás a punto de obrar”.

Debemos vivir a tiempo completo, de lunes a domingo, y no solo los fines de semana. La vida está en marcha y aún estamos a tiempo, como cantó alguna vez el incomparable Cantiflas. Por eso, agarremos al tiempo en nuestras manos antes de que se nos escurra como la arena fina del mar. No vayamos contra el tiempo, mejor ir de la mano con él; hagamos las cosas con tiempo, antes de que el tiempo nos haga cosa, o mejor dicho polvo.

Hay experiencias que mejor tiempo al tiempo (como ser padres cuando tengamos un sensato grado de madurez y algo de solvencia), y debemos tener presente que también existen eventos en nuestra vida que no llegan cuando los queremos sino cuando los necesitamos y merecemos, así que todo a su tiempo (obtener un título profesional, comprar un auto). No te quejes de que no hay tiempo; es tarea nuestra discernir entre lo importante y lo urgente, entre lo momentáneo y lo esencial (estar con las personas que amamos).  

Como recomendaba el poeta Horacio: “Carpe Diem”. Aprovecha tú día al máximo, sácale el jugo a la vida porque, como expresaba otro poeta, esta vez Virgilio: “tempus fugit”, el tiempo vuela y se nos escapa. Seamos felices todo el tiempo, no solo de tiempo en tiempo, porque no es suficiente; el corazón necesita recargar energías todos los días. Finalmente, y tal como le decía en la canción The girl is mine Michael Jackson a Paul McCartney: “¡Don't waste your time! (¡no desperdicies tu tiempo!).






domingo, 15 de enero de 2017

MODELO DIDÁCTICO SOCIOCONSTRUCTIVISTA PARA LA ENSEÑANZA DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Por Nando Vaccaro Talledo – Enero 2017 (Breve ensayo académico)

El escenario pedagógico en la educación del nivel superior tiene un horizonte más claro y esperanzador, puesto que ahora ya no se persigue la idea de enseñar por contenidos ni evaluar solo por exigencia de la institución y/o sociedad, sino que la enseñanza-aprendizaje y la evaluación forman un todo integrador, indivisible, en un proceso que busca trabajar en el desarrollo de competencias y capacidades del estudiante para atender a la problemática de su coyuntura social. 

En este sentido, el modelo socioconstructivista, impregnado del enfoque ecologista, se yergue como la variante más completa, enmarcada en un nuevo paradigma que rompe con la idea del docente como epicentro del proceso pedagógico y, por el contrario, le brinda un rol preponderante y activo al estudiante. Estos atributos le exigirán al alumno mayor autonomía y responsabilidad, pero al mismo tiempo encontrará más sentido a su educación porque ahora se puede evidenciar que el proceso de enseñanza-aprendizaje “sirve para la vida”, una visión que antes, con el enfoque tradicional, generaba incertidumbre y desazón al no hallar referencias reales en lo que se proyectaba en clase.

Por supuesto que los enfoques anteriores y
tradicionales, como el conductista o el cognitivista, no deben ser del todo soslayados. Sus fundamentos han prevalecido por mucho tiempo y ello les confiere jerarquía para situarlos como una opción de consulta. Sin embargo, las exigencias del mundo actual, como la globalización, la injerencia inexorable de la tecnología y la demanda de innovación y cambio constantes demandan un enfoque que se adapte a esos y otros requerimientos, que por supuesto son tenidos en cuenta por el socioconstructivismo.

                En lo estrictamente pedagógico, Díaz Barriga (1999) establece dos explicaciones sobre la evolución de la didáctica: la primera es desde la perspectiva clásica, centrada en el contenido, y que obedece al enfoque tradicional; la segunda surge a partir del movimiento de la escuela activa, que promueve centrar el foco de interés en el estudiante. Es decir, ahora no es que el maestro enseñe, sino que el estudiante aprende. Y esto sea dicho sin ánimos de relativizar ni menospreciar la labor docente. La intención es potenciar la energía y capacidades del educador para que los procesos de enseñanza que guíe y facilite resulten más óptimos y apropiados. En pocas palabras, que no enseñe para cumplir con su trabajo sino que su vocación sea realmente motivadora para los estudiantes. Y para lograrlo, el planteamiento didáctico resulta fundamental.  

En su artículo científico La didáctica como herramienta de la pedagogía en la educación superior, el doctor en pedagogía Tiburcio Moreno Olivos (2011) define a la didáctica como una ciencia teórico-práctica, que trata el qué, cómo y cuándo enseñar. Si esta descripción la llevamos al campo de la literatura, veremos que también hay conexión, porque en una obra importan tanto el qué y el cómo se narran los hechos. Una buena historia mal contada quedará en el olvido. De igual manera una clase o sesión de aprendizaje con estupendos contenidos pero sin una propuesta didáctica activa y coherente con la estructura de las competencias, adolecerá de interés por parte de los participantes.

Y en este punto hay que tener mucho cuidado y recelo con las tecnologías, pues no basta con equipar de novedosos aparatos la universidad cuando ni los profesores están actualizados ni es consecuente con los propósitos que se persiguen. La tecnología, la infraestructura, los materiales y recursos deben estar al servicio de la educación, pero no son un fin en sí mismos. El socioconstructivismo alerta sobre estos riesgos, e impulsa el planteamiento de estrategias metodológicas dinámicas, cuyos procesos pedagógicos permitan cubrir los cuatro procesos de aprendizaje fundamentales en la educación superior: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, aprender a ser.

Finalmente, es menester destacar que el despliegue de una propuesta didáctica debe estar sustentado en un marco teórico y conceptual. Por esta razón, el Dr. Moreno señala de manera tajante: “la didáctica no debe concebirse únicamente como un variado conjunto de estrategias docentes”. Es por ello que cualquier iniciativa didáctica necesita estar alineada con una estructura pedagógica coherente, y dentro de la misma las estrategias metodológicas deben demostrar pertinencia entre los procedimientos a seguir y el desarrollo de competencias.


Bibliografía


Díaz Barriga, Á. (1999). Didáctica y currículum. México: Paidós.

Merino Marchán, J. M. (2016). Módulo Didáctica en Educación Superior. Piura: UNP.

Moreno Olivos, T. (2011). Didáctica en la eduación superior: nuevos desafíos en el siglo XXI. Perspectiva Educacional, 26-54.

Rosselló Ramon, M. (2005). Didáctica general versus didácticas específicas: un viaje de ida y vuelta. Educació i Cultura, 133-142.

Sevillano García, M. L. (2004). Didáctica y Currículum: controversia inacabada. Enseñanza, 413-418.



domingo, 8 de enero de 2017

PROACTIVIDAD ¡Todo empieza por uno mismo!


Por Nando Vaccaro Talledo – Enero 2017
nandovaccaro@gmail.com
https://lapalabrabrota.blogspot.pe/


"A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota."  
Madre Teresa de Calcuta


  
"Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”
Mahatma Gandhi



En la institución donde trabajaba yo veía que se generaban dificultades a la hora de inscribirse y pagar los alumnos porque nadie se atrevía a sugerir cambios o proponer modificaciones necesarias y menos a realizar algo concreto. Entonces planteé nuevas alternativas para agilizar los trámites, e incluso me ofrecí para ir algunos sábados (mi semana laboral era de lunes a viernes) y poner en marcha lo propuesto. 

Por aquel entonces trabajaba en el área de logística en una Sociedad Civil que ofrecía una serie de capacitaciones, y mis funciones aún nada tenían que ver con la parte pedagógica o didáctica. Sin embargo, observaba una serie de problemas que debían resolverse para alivio de los alumnos, pero también de la institución y por supuesto de quienes trabajábamos ahí, pues era incómodo relacionarse con personas malhumoradas que renegaban y se quejaban todo el tiempo pero que preferían quedarse en el molde y no salir de su “zona de confort”. 

Finalmente se aplicaron las propuestas y en pocos días me encontraba con rostros renovados, tanto de los estudiantes como de mis compañeros de trabajo. Me sentí muy satisfecho, y eso que las mejoras no me beneficiaban directamente. La esposa del dueño se acercó un día y me felicitó por ser muy “proactivo”. Esa fue la primera vez que escuché ese término. En aquel entonces no sabía su significado, por lo que al inicio lo confundí con hiperactivo o productivo

En las semanas siguientes no solo recibí muestras de gratitud verbal sino también un aumento, que siempre viene bien, pero además obtuve la mejor de las recompensas: darme cuenta de que me gusta el servicio y la formación de personas, y decidí primero concluir mi carrera de ciencias de la comunicación y luego capacitarme como coach y expositor de todo lo concerniente a Habilidades Blandas y Relaciones Interpersonales. 

El significado más concreto de PROACTIVIDAD es el de tomar la iniciativa en un contexto determinado, y hacerse responsable de esa propuesta en la intervención y realización de la misma. Muchas personas, en sus trabajos o en sus hogares, no ofrecen propuestas para mejorar aspectos que están provocando conflictos, ya sea porque no se animan o temen no ser escuchados, y que al final no se obtengan los resultados esperados; o lo más penoso de todo porque no les interesa y tienen flojera de que por esa iniciativa recaiga más responsabilidades sobre ellos. Y esto último es precisamente lo contrario: REACTIVIDAD, cuando nos desinteresamos de lo que sucede en nuestro entorno, cuando teniendo la oportunidad de proponer o hacer algo simplemente nos quedamos en las mismas, aunque veamos que todo es caótico y agobiante.  
La voluntad humana es una de las energías más fuertes que existe. El psiquiatra Viktor Frankl lo corroboró intensamente cuando fue prisionero tres años en un campo de concentración Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Entonces reconoció en la voluntad y la decisión unas de las mayores fortalezas para lograr cosas extraordinarias, y de vital repercusión para no sucumbir ante las circunstancias más terribles que se puedan presentar. De su experiencia personal y del análisis de la situación extrema que atravesaban los sometidos surgió el neologismo PROACTIVIDAD, para describir la conducta y actitud de aquellas personas que, aún en la coyuntura más extrema de supervivencia, se hacían cargo de su propia vida, de su yo interior, y no solo luchaban para no abandonarse sino que además sus pensamientos y sus acciones eran de entereza, de gratitud y compañerismo.[1]


Por lo general hacemos lo que hacemos porque hay una recompensa que esperamos recibir, sea un sueldo en el trabajo, un plato de comida en casa o una satisfacción al adquirir algo o estar junto a un ser querido. Y evitamos hacer lo que no debemos por temor a las sanciones, como pasarnos una luz roja para no pagar una multa, procurar no entregar el trabajo a destiempo para librarnos del memorándum o incluso no faltar a las obligaciones familiares para evitar discusiones.

En todos los casos, por lo general, nos hemos acostumbrado a realizar lo mínimo e indispensable que nos corresponde, y a evitar inconvenientes. ¿Se puede vivir así? Claro, es una vida horizontal, sin problemas pero también sin grandes sorpresas. Sabemos y sentimos, no obstante, que podemos dar más porque en nuestra esencia humana está la capacidad de entrega, de compartir, de querer que las cosas mejoren en nuestro entorno porque eso nos hará más felices –y seremos de influencia positiva para los demás–, al margen de que pueda generarnos también réditos materiales. Entonces, si lo sabemos, si lo sentimos y está en nuestros ADN, ¿por qué nos quedamos inoperantes, limitándonos nosotros mismos a plasmar grandes ideas, a generar un ambiente más grato e incluso a producir con mayor eficacia?  

Pues porque los factores externos nos han hecho olvidar nuestra sabia naturaleza interior, porque hemos perdido un poco la confianza y las motivaciones intrínsecas, y porque, en definitiva, nos hemos malacostumbrado a vivir en el caos. Ahora creemos que las malas noticias son todo lo que pasa en el mundo, que está bien vivir enemistado con nuestros colegas y que estar a la defensiva es la mejor manera de evitar problemas. Y en esto radica el craso error de la mayoría; error que, felizmente, puede ser corregido y superado. ¿Qué se necesita? Pues, simplemente, voluntad y decisión para que las cosas empiecen a cambiar desde uno, desarrollando nuestras habilidades blandas[2] para luego ver el reflejo de ese cambio en las otras personas; entonces el mundo ha de brillar más gracias a nuestra inquebrantable proactividad.





[1] Sugiero la lectura del libro EL hombre en busca del sentido, de Viktor Frankl, quien no solo sobrevivió de manera increíble y digna a los campos de concentración, sino que vivió 95 años para ayudar a las personas a través de su profesión y desarrollar la “Logoterapia”, o terapia del sentido de la vida, de la cual él es su creador.

[2] Sugiero visitar la web del coach Vilmar Braga (mi mentor) http://www.coachingdeespiritu.com/ y en particular leer su artículo referido a este tema de Habilidades Blandas: http://media.wix.com/ugd/7511ea_07c2143825d24656a029a6a88b9e4c7c.pdf


lunes, 2 de enero de 2017

2017: ALLÁ VOY

Por Nando Vaccaro Talledo – enero 2017

               
Cada vez que empieza un nuevo año procuramos recargarnos de energía, nutrir nuestras esperanzas y apostamos por mejorar nuestras vidas en diversos aspectos. Para lograr objetivos, cumplir metas y concretar nuestros sueños se requiere de mucho entusiasmo, motivación, voluntad, autoestima, sentido de propósito. Pero estos “componentes” necesitan de un nexo que les otorgue una dimensión exacta y real de posibilidades y perspectivas: la planificación

Planificar, organizar y preparar son elementos esenciales en el proceso de realización y ejecución de nuestros sueños, anhelos e ideas. Podemos vivir sin ser precavidos y sin planear debidamente lo que vamos a hacer; es una posibilidad, por cierto, nada recomendable, porque las cosas que se realizan sin una preparación tarde o temprano se desarticulan y desmoronan.
  
¿Se imaginan a un chef que empiece a preparar el buffet para un matrimonio, y que haya solicitado los insumos e ingredientes de memoria? ¿Qué pasaría si olvidó algo? Sería una experiencia desagradable para él y para todos los comensales ¿Y qué sucedería si un cirujano no ha equipado bien la sala de operaciones? ¿Qué acontecería si llega un paciente de emergencia y el quirófano no cuenta con un instrumento o medicamento que debió haber previsto con una adecuada planificación? Creo que todos ya sabemos lo que podría pasarle a ese paciente si…

Así como en el ejemplo anterior, planificar, organizar y preparar adecuadamente puede ser tan crucial como de vida o muerte. Y nuestra vida también requiere planificación y ordenamiento, para saber qué queremos realizar, con qué elementos contamos y qué otros necesitamos, cuáles van a ser los pasos a seguir, entre otros aspectos. Todo nace de un sueño e idea. “Ayer soñé que podía, y hoy puedo”, nos dice Facundo Cabral en su libro del mismo nombre. Pero a los sueños hay que aterrizarlos para que no se nos vuelen de las manos y a las ideas hay que detallarlas y describirlas para que tengan un sentido concreto.


Cuando tengo oportunidad de ofrecer talleres o conferencias de crecimiento personal, liderazgo o habilidades blandas en general, trato de sugerir que los sueños y metas se exterioricen, de esta manera tomamos conciencia de su importancia. Es aconsejable distribuirlos por áreas de nuestra vida. Por ejemplo, en el área personal están todas las categorías que atañen a nuestra salud, espiritualidad, formación académica, trabajo y tiempo de ocio. En el área interpersonal están las relaciones con la pareja, con la familia, los amigos y la labor social. Finalmente el área material debería incluir el espacio profesional en toda su magnitud, lo financiero y las adquisiciones que se esperan tener.

               
Dentro de las áreas la descripción de cada aspecto debe ser lo más precisa y detallada posible. Al igual que una agenda diaria, tener en cuenta todos los factores que requerimos para cumplir nuestras metas nos permitirán tenerlos presentes. Y para darle carácter realista es fundamental señalar el tiempo, tanto de inicio como de duración de una actividad. Por ejemplo, si una de mis metas es irme de viaje al cuzco en agosto, entonces ya sé que deberé seguir ahorrando para este evento, que es menester tomar previsiones en cuanto a los pasajes, el hospedaje y otros aspectos de nuestra vida que estarán en contexto. De igual forma si necesito conectarme más conmigo mismo, debo indicar que tomaré diariamente por lo menos media hora para orar, meditar, rezar o realizar otra actividad que me conecte con mi interior y mi espiritualidad.
               

               

Otras dinámicas que sugiero en los talleres son “la carta de compromiso conmigo mismo” y la “dinámica del collage”. La primera es un espacio para sincerarnos, para documentar nuestras intenciones y poder corroborarlas a fin de año. Si no cumplimos con lo que nos proponemos no habrá demandas ni embargos de por medio, pero sí descontento y lamentaciones. Lo segundo es un elemento simbólico, una representación artística de nuestras metas. Conseguimos una cartulina o un papelote, unas cuantas revistas, una tijera y una goma. Después de haber identificado nuestros anhelos y objetivos, seleccionaremos fotos e imágenes que se relacionen con ello. Por ejemplo, si pretendo viajar buscaré la imagen de un bus o un avión. Si necesito empezar a tener actividad física recortaré la imagen de alguien haciendo ejercicios. De esta manera completaremos un collage que colocaremos en nuestra habitación para que cada día, antes de dormirnos y al despertar, recordemos que tenemos una meta o un sueño que perseguir, y que en gran medida depende de nosotros para que se realicen. 


martes, 13 de diciembre de 2016

CHESPIRITO: UN GENIO INMORTAL


Por Nando Vaccaro Talledo – Diciembre 2016

Chespirito sigue iluminando nuestra imaginación, ahora desde el cielo. Su genialidad trasciende fronteras y generaciones. La calidad de su arte es extraordinaria y universal, pues fue un artista que sobre todo pensó en su público. 

El 28 de noviembre del 2014 Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” dejó de existir. ¿En verdad dejó de existir? Los grandes genios de la humanidad nunca desaparecen, porque aunque físicamente ya no estén con nosotros, ahora es una estrella más que ilumina el firmamento.

Este artículo no tiene como propósito seguir redundando en los lamentables contenidos de programas sin escrúpulos, emitidos por casi todos los medios de comunicación cuando la muerte de Chespirito, que convirtieron al chisme y el escándalo en protagonistas estelares, dejando en el centro de una inesperada tormenta a Florinda Meza, en vez de solo ponderar la trayectoria, el enorme talento y ese gran genio que ha sido y será por siempre Roberto Gómez Bolaños, el legado de sus obras y el reconocimiento a uno de los elencos actores más memorables de Latinoamérica, que él mismo agrupó y dirigió.

No. Este breve espacio no caerá en ese juego deshonesto ni encenderá la morbosidad de nadie para picotear como aves carroñeras en pleitos y enemistades que no nos incumben y que ya es hora de que sean soterradas. Este texto se orienta a evocar la herencia artística que nos deja Chespirito, para que lo sigamos disfrutando y recordando desde las entrañas de nuestra nostalgia pueril.   

Muchos son los jóvenes, adultos, padres y hasta abuelos que disfrutaron de las ocurrencias de El Chavo del Ocho y del Chapulín Colorado, y que se preguntan “¿por qué los niños y adolescentes ahora ya no lo ven?” Pues principalmente por dos motivos: porque con el tiempo han aparecido nuevos espacios televisivos de entretenimientos (y novedosas opciones tecnológicas de diversión) lo cual es lógico e inexorable; segundo, porque se permite que los menores vean programas incitadores del morbo en todas sus dimensiones, y sobrevaloran a inexpertos y mediocres personajes que en nada se relacionan con el teatro, la dramaturgia y en definitiva con ninguna vertiente artística, y son estos “remedos de personajes”, inventados y potenciados por la industria del espectáculo (aunque deberíamos quitarle la tilde y dividirlo en dos palabras porque eso es) que solo persigue el lucro, quienes lamentablemente se convierten en referentes para los más pequeños, haciendo creer que para ser aplaudidos y ocupar un lugar en el corazoncito del espectador los requisitos son ir al gimnasio, ingerir esteroides o sustancias antinaturales para conseguir cuerpos extravagantes y recurrir a cirugías estéticas sin miramientos; además, como ya sabemos, de desprestigiar al conocimiento y todo lo que tenga que ver con la educación y el desarrollo intelectual.

El Chapulín Colorado, pequeño, endeble y desgarbado (pero audaz y diligente), no necesitó intoxicarse ni fingir ser algo que no era; precisamente el encanto del personaje estaba en su transparencia y sentimientos, propios de cualquier ser que se muestra como es. Por supuesto, parte de un recurso de humor era ridiculizar indirectamente a los héroes tradicionales anglosajones de condiciones suprahumanas, con súper poderes y fuerza descomunal, que salvan a una o dos personas, pero destruyen medio mundo.

Ya no nos sentamos con los más pequeños para disfrutar junto a ellos del irreverente doctor Chapatín y del histrionismo inigualable de Ramón Valdez; ya no corroboramos ni les enseñamos a nuestros hijos que sí es posible producir programas televisivos de calidad para toda la familia, y que no hay en absoluto necesidad de recurrir a groserías u obscenidades para hacer reír a un público.

Para quienes tienen como única meta usufructuar con los contenidos que emiten la televisión no les importa si la sociedad se sigue deteriorando moralmente, pulverizando los pocos valores que se muestran en t.v. Hoy en día la consigna está clara: el fin justifica los medios. La mayoría de medios (en todas sus plataformas) presentan contenidos ramplones, que no apelan a la inteligencia de los televidentes o lectores sino todo lo contrario. Chespirito, con sabiduría, respeto y sensatez, supo crear personajes autónomos y no burdas imitaciones; ocurrentes pero no insolentes; graciosos pero no grotescos; divertidos pero no estupidizantes. Incluso las parodias a diversas y variopintas personalidades de la Historia (Cristóbal Colón), de la literatura (El Quijote) o hasta bíblicos (Sansón) no se extralimitan ni ofenden las culturas o creencias de las personas. Por el contrario, los sketches despiertan el interés por querer saber el origen verdadero de esas versiones, de esa intertextualidad (en término de Bajtín), que a Bolaños sirvió como fuente de inspiración.  


Sólo un genio como Chespirito pudo haber instalado tantos escenarios, creado diversos protagonistas, redactado innumerables guiones, interpretado muchos rostros y, añadido a todo eso (como si fuera poco) dirigido y producido sus magistrales obras, muchas de ellas emulando las condiciones propias de una puesta de teatro, en donde el arte de la actuación, la expresividad y el incentivo a la imaginación tienen su cumbre máxima.

Gracias a la tecnología, en especial a internet y en particular a Youtube, podemos seguir eligiendo y disfrutando de toda la magia de Chespirito y compañía. Por eso, era menester recordarlo a través de estas líneas, en las que cada lector habrá podido evocar algún episodio que lo enlace con una etapa de su vida, y como estos programas influyeron positivamente en su infancia.  


Ahora es compromiso de cada uno de nosotros con el arte y la cultura de la humanidad, y en agradecimiento al hombre que pensó más en su público que en el dinero y la fama que su trabajo podían generar, agregar a nuestra agenda semanal de entretenimiento algún programa de la variada carta que nos ofrece Roberto Gómez Bolaños (y desterrar de una buena vez cualquier transmisión de inicua influencia). Dejo de escribir y doy play al genio de Chespirito (¡eso, eso!).


viernes, 25 de noviembre de 2016

EVOLUCIÓN DE LA ESCRITURA: cómo y en qué escribimos

Por Nando Vaccaro Talledo – Noviembre 2016

Primero fueron ideogramas en las cavernas; después los jeroglíficos y, como le consta a Moisés, inscripciones sobre tablas de piedra y en otros sitios de arcilla, dando origen a la escritura cuneiforme; luego de varias centurias de pasar por otros registros generosos para el proceso evolutivo llegó por fin la escritura sobre papel; siglos después se pudo ya no escribir a mano sino “teclear” un solo tipo de letra del alfabeto, en minúsculas o mayúsculas, en una máquina de escribir, con la condición de estar atentos porque un error podía hacernos repetir el texto; décadas después apareció la computadora, y pasamos de teclear a tipear, perdimos el miedo a equivocarnos al aplastar el dedo y un mundo de opciones y diseños se abrió ante nuestros ojos en solo un click (seguramente a estas alturas hemos tipeado y clickeado más veces de las que hemos escrito con lapicero sobre un papel). Pero también empezamos a descuidarnos en la sintaxis y hasta en la semántica porque “la compu” lo hace por nosotros; en los siguientes años llegaron aparatos más novedosos y hasta portátiles, en los que ya no se teclea, tipea o clickea, sino simplemente se digita con una sutil caricia sobre la pantalla del dispositivo.
Es más que probable que ya existan en el mercado internacional artefactos de igual o mayor sofisticación que los usados por el científico Stephen Hawking (su silla de ruedas está controlada por una computadora que él maneja a través de leves movimientos de la cabeza y los ojos, y contrayendo una de sus mejillas puede componer palabras y frases que son emitidas por un sintetizador de voz), con lo cual se alivia más el trabajo para las manos: solo pensar, guiar con los ojos y se reproduce lo que queremos decir.  


Entonces, ahora es propicio plantear la siguiente interrogante: ¿en qué consiste realmente el proceso físico (no el mental) de la escritura? ¿Podemos llamar escribir a estos últimos procedimientos tecnológicos y virtuales de reproducción? ¿Qué nos imaginamos cuando decimos o escuchamos que alguien está realizando el “acto” de escribir (lo que en semiología se denomina “signo lingüístico”)? Respondiendo a esto último, conjeturo que la mayoría, incluidos los más tecnologizados, visualizan a una persona verdaderamente escribiendo, es decir anotando, redactando con su puño y letra sobre una hoja o cuaderno.  


En lo particular, no desdeño las evoluciones técnicas en este campo. Incluso gran parte de este artículo ha sido elaborado en un dispositivo móvil, por necesidad (no tenía un lapicero ni una hoja a la mano cuando pensé en escribirlo) y también por comodidad (era de madrugada). Sin embargo, el proceso cognoscible de lo que significa escribir solo puede definirse desde la individualidad de cada autor, y no me refiero solo a grandes escritores, sino a cualquier persona que deba escribir un texto y elija un medio para materializarlo. Es cierto que en ocasiones no hay tiempo ni siquiera para esbozar un borrador de un trabajo o informe, y se deben tipear directamente. Pero qué hay de las cartas de amor, de las notas de agradecimiento para nuestros padres y madres en su día. ¿Acaso no es intenso y especial escribirlas a mano y sentir que no hay una especie de barrera entre nuestros sentimientos y lo que estamos plasmando? Un lapicero y  un papel son extensiones, prótesis de nuestro cuerpo, pero lo es más todavía un aparato móvil o una computadora. Además, estos últimos, al igual de lo que podría ocurrir si diferenciamos leer de un libro que de un dispositivo virtual, nos demanda mayor desgaste de la visión y hasta distracciones que nos sacan del tema.  

Para la mayoría de los escritores profesionales, e inclusive para quienes disfrutan compartiendo sus creaciones en palabras que luego darán vida a un texto, del género que fuere, la escritura, la redacción en un papel es como un parto natural: un pacto con la esencia misma del ser, es dar vida esparciendo la tinta del lapicero sobre la hoja incólume que de a poco se va vistiendo con sentido y armonía, a través del brazo y de la mano que son como el cordón umbilical (damos por descontado que el cerebro es el útero: en él todo se concibe primero). Desde luego, resulta inexorable tipear el producto final, ya sea para enviarlo por internet, imprimirlo o solo guardarlo. Pero el placer de escribir, ese “vicio insaciable y abrasivo, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse” como menciona Gabriel García Márquez en el prólogo de Doce cuentos peregrinos, es, simplemente, incomparable.




domingo, 20 de noviembre de 2016

LA DEPRESIÓN NO ES COSA DE PERDEDORES: ES UNA ENFERMEDAD


Por Nando Vaccaro Talledo – 20 noviembre del 2016

Aunque por estos días todos los medios estén focalizando la atención de la información en el foro de APEC, no podemos –ni debemos– olvidar que la depresión no es para perdedores. Este concepto fue exclamado por la excandidata presidencial Keiko Fujimori,  hace unos días en Lima, y de inmediato propició un consecuente rechazó por parte de innumerables personas e instituciones, entre ellas la Asociación Peruana de Psiquiatría.

Para quienes hemos vivido de manera directa e indirecta los problemas y sufrimientos que acarrea la depresión nos cuesta entender cómo una lideresa política puede cometer semejante desatino. Entiendo que “en el fondo” no haya querido expresar lo que finalmente se entendió; pero, por lo mismo, los personajes públicos y de innegable poder persuasivo deben ser cautelosos y precisos en sus discursos; porque si casi medio país votó por ella, quiere decir que sus palabras pueden influenciar los actos y pensamientos de mucha gente.

RECORDEMOS que la señora Keiko Fujimori, tras varios meses de ausencia mediática, apareció para inaugurar un nuevo local partidario. En gran parte de su alocución se dedicó a criticar al actual gobierno (está en su derecho como ciudadana y política, pero eso tampoco le hace bien a la “salud mental” de la población, porque lo que se espera de una lideresa inteligente son propuestas y asertividad). Y en un momento dijo textualmente lo siguiente: “especulaban que estaba deprimida, no me conocen. Jamás. Eso es para los perdedores. Yo no me siento perdedora”.

Lo que, seguramente, ella pretendió fue desarticular los rumores que encontraban en su derrota electoral la justificación de su ausencia en la participación política activa. Pero los personajes que tienen gran injerencia y repercusión social deben sopesar lo que exponen, porque en ellos importa tanto el qué y el cómo lo dicen. Aunque su intención no haya sido querer enmarcar de perdedores a las personas que sufren de depresión, lo cierto es que eso entendimos (otro asunto a discutir es que tildar de perdedor a alguien también resulta un agravio). Sin embargo, sería descabellado pensar que la excandidata haya proferido esa frase deliberadamente, teniendo en cuenta que sus padres han padecido esta enfermedad.

 ¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN? La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo. Se calcula que afecta a unos 350  millones de personas, y es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio.


El médico psiquiatra Alberto Fernández nos alerta sobre los síntomas: “los pacientes deprimidos exhiben tristeza y/o una falta de placer por las cosas que antes disfrutaban, pérdida o aumento importante de peso, somnolencia o insomnio, conducta agresiva o apagada, fatiga, sentimiento de inutilidad, pérdida de la atención y concentración que usualmente compromete la memoria de corto plazo e indecisión”. Si a los síntomas mencionados por el médico también perduran por más de quince días pensamientos de tristeza, trágicos y de muerte, entonces debemos encender la alarma y buscar ayuda de inmediato con un profesional de la salud mental, es decir un psicólogo, psicoterapeuta y psiquiatra (la OMS señala que no siempre aparecen todos los síntomas juntos). Fuente: http://vital.rpp.pe/expertos/la-depresion-enfermedad-o-debilidad-noticia-977311.

PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA: Recordemos que el artículo 2, inciso 1 de la Constitución del Perú, dicta que toda persona tiene derecho “a la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física…”. Es decir el Estado debe salvaguardar y garantizar este derecho,  en el que se establece prioridad a la salud mental. Sin embargo, no existe una política de Estado que contemple darle  urgencia a esta creciente necesidad. En algunas provincias ni siquiera existe un psicólogo de planta, y en el mejor de los casos solo Serums que, culminado su año de servicio, dejan a muchos pacientes a mitad de tratamientos. Ni qué decir de psiquiatras, que acaso ya es difícil encontrarlos en ciudades muy pobladas.

                El Dr. Fernández señala que la depresión es “un trastorno común y un problema de salud pública”. Y nos alerta sobre las estadísticas de esta enfermedad: “Estados Unidos tiene una prevalencia en 16,2% de la población. En el Perú, solo en la ciudad de Lima, alcanza al 19% de la población. A esta alta prevalencia se suma el hecho de ser una enfermedad que de no ser tratada tiende a la cronicidad generando en el individuo deterioro en los ámbitos social, laboral y cognitivo (Problemas de atención, concentración y de memoria). Además, se calcula que aproximadamente 2/3 de los pacientes deprimidos tienen ideas suicidas y 15% se suicidan”.

DESCONOCIMIENTO E IGNORANCIA: la falta de información y los prejuicios sociales son una conjunción que genera la ausencia de empatía por parte de familiares y amistades de quienes padecen depresión. Por eso ha sido tan criticable la declaración de Keiko Fujimori, porque el mensaje que nos ha transmitido es: si alguien se deprime es un perdedor, es decir una persona floja, sin voluntad ni convicción y por lo tanto merece nuestro rechazo. Nada más absurdo y peligroso que considerar a alguien depresivo como un fracasado, porque en ese estado no se puede juzgar la capacidad volitiva de una persona. Es por ello el rechazo y preocupación manifestados por la  Asociación Psiquiátrica Peruana en un comunicado emitido el 10 de noviembre.


                En este sentido, el psiquiatra Alberto Fernández manifiesta: “Los familiares y amigos del paciente deprimido, al no conocer las características de esta enfermedad o simplemente no aceptar su existencia, intentan “animar” al paciente con frases “poco felices” como:
•    “Lo que pasa es que no pones de tu parte”.
•    “No tienes derecho a estar deprimido porque tienes todo”.
•    “Lo que te falta es voluntad”.
•    “Yo también tuve depresión y salí solo”.
•    “Esas son tonterías, en mi tiempo esto no existía”.

                Lejos de ayudar, frases como estas hunden más a una persona deprimida, la hacen sentir culpable de su enfermedad y hasta pueden conducir a la desesperación que termina en un inexorable suicidio. No todas las depresiones manifiestan los mismos síntomas ni presentan el mismo nivel de intensidad ni “martirio” al paciente, por lo que cada proceso de mejora dependerá en gran medida de cuánto la impronta psíquica y emocional de la enfermedad ha calado en el paciente, y en este proceso es esencial el apoyo y acompañamiento de los seres cercanos, quienes deben informarse para descubrir que los pacientes tienen sus “momentos”, y que no es favorable demostrar debilidad, tristeza y menos hostigamiento al pretender acelerar el proceso.

LA DEPRESIÓN NO DISCRIMINA: En la revista Somos del diario El Comercio, del pasado 12 de noviembre, la magíster en psicología Doris Argumedo nos da más luces sobre el alance de esta enfermedad: “la depresión es una condición clínica que no está bajo el control de la persona. Todos tenemos episodios de estado de ánimo bajo, falta de sueño y disminución del apetito, pero cuando estos restringen nuestra funcionalidad normal requerimos atención personalizada. Cualquiera puede caer en depresión, pero no todos tienen los recursos emocionales para sobreponerse a ella, como los son las relaciones significativas o proyectos de vida”.

LA DEPRESIÓN EN EL PERÚ: en el portal web de RPP (la sección “Vital”) nos dan un alcance sobre las crudas estadísticas de esta enfermedad, con datos otorgados por el Instituto Peruano de Salud Mental: en nuestro país es el trastorno mental más común (alrededor de 1 millón 700 mil personas la padecen); en Lima metropolitana cada 22 minutos una persona intenta hacerse daño; de cada 100 adolescentes, el diez por ciento presenta episodios depresivos; la depresión causa entre el 60 y el 80% de los suicidios. Fuente: http://vital.rpp.pe/expertos/la-depresion-es-el-trastorno-mas-comun-en-el-peru-noticia-971106


TRATAMIENTO: en el mismo informe anterior, el director general del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, Humberto Castillo Martell, “La mayoría de trastornos tienen primero una base genética. Existe una cierta predisposición en algunas personas a sufrir un trastorno o no. Luego están los trastornos asociados al estrés. Cuanto más temprano es este, más severas son las consecuencias”. Por su parte, el Dr. Fernández señala que “hoy el avance en el conocimiento médico nos permite acceder a información que da evidencia de la realidad de esta enfermedad y en la actualidad existen tratamientos eficaces (farmacológicos y/o psicoterapéuticos) para su afrontamiento, y si es tratada a tiempo y de forma adecuada tiene excelente pronóstico”. Finalmente, debemos tener presente que la comprensión y el amor que ofrezcan amistades y familiares son factores que también se deben integrar en el tratamiento de recuperación.